Pues a fe, señores míos ...

Archive for the ‘Teatro’ Category

La Biblia de Bertold Eugen (Brecht)

In Teatro on julio 19, 2010 at 10:17 pm

     El filólogo Miguel Sáenz señala a Bertolt Brecht como “el mayor creador teatral que ha habido después de (mejor: desde) Shakespeare” (MiguelSaenz, 11). No es extraño en un hombre que ha dedicado buena parte de su vida al estudio y traducción del autor alemán. Gracias a esta labor eterna y siempre mal agradecida disponemos en castellano, desde 2006, de la traducción de una obra muy especial: “La Biblia” (Die Bibel) firmada por un tal Bertold Eugen (BRECHTtc, 1783-1789).
 

     Se trata de un drama en un acto con sólo cuatro personajes y apenas tres hojas de lectura. Pero, considero que, puede ser calificada como una auténtica obra clásica, en el sentido amplio que Italo Calvino le da a este adjetivo. Las notas de Miguel Sáenz informan que, probablemente, ésta es la primera obra de teatro terminada por Brecht, y que la publicó en la revista escolar siendo alumno del Realgymnasium de Augsburgo, cuando aún no había cumplido los 16 años, en 1914. Y añade la siguiente anécdota: “En una entrevista de 1928, Brecht, al ser preguntado sobre cuál era el libro que más había influido en él, respondió: ‘se van a reír: la Biblia'” (MiguelSaenz, 1796).
     A este opúsculo lo adornan varias características muy destacables para mí:

  1. Es el primero de su autor, escrito, además, a la increíble edad de 15 años. No es fácil saber qué escribían los genios a los que admiramos cuando eran púberes, así que el valor de cualquier información en este sentido puede resultar único. El caso que nos ocupa no sólo está colmado de dignidad, sino que asombra la dimensión del planteamiento y la resolución de la escritura.
  2. Trata sobre la Biblia. Y comienza con una frase que nunca deja de enamorarme y a la que dediqué una entrada hace ya tiempo: “Díos mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Confieso que cualquier escrito cuya base sea la Biblia, y más si empieza con este grito, me tiene ganado de antemano. Pero, ¿por qué titula un Brecht de 15 años “La Biblia” a una diminuta obra cuya relación con la trama es muy indirecta?. No vale que esté salpicada completamente de citas bíblicas, ni que puedan establecerse paralelos con algún relato bíblico (quizás Judit, por ejemplo), porque eso sería válido para miles de otras obras escritas a lo largo de los siglos. Creo que lo que intenta decirnos Brecht, y está en relación con la anécdota relatada, es que en La Biblia están todas las respuestas: las unas, y las otras; las que nos gustan, y las que nos disgustan; las que preferimos, y las que desdeñamos; …
  3. Plantea un problema moral eterno: la individualidad frente a la comunidad: sociedad, clan, estado, pueblo, … Aunque en un sentido algo diferente (la conciencia frente a las leyes), este problema ya fue propuesto por Sófocles, dos mil quinientos años atrás, con su inmortal “Antígona”. En este caso la disyuntiva se presenta así: la posibilidad de salvar muchas vidas de una ciudad sitiada, a cambio de la virtud de una sola joven que debe ser entregada al general invasor. Brecht salva a la chica y la ciudad es destruida, incluyendo en esta destrucción la muerte de la propia chica. Otra opción, famosísima, es la que representó Rodin en su genial obra “Los burgueses de Calais“.
  4. Es breve. Nunca está de más aprovechar a Gracíán, ya saben: lo bueno, si breve, dos veces bueno.

     Acabo pues, una sabrosa lectura de sobremesa estival.

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El brujo

In Teatro on julio 20, 2009 at 4:14 pm

     El narrador de historias, Tusitala. Así dicen que llamaron los nativos de Samoa a Robert Louis Stevenson y así se cuenta en el lacónico prólogo a una edición de bolsillo que tengo de El extraño caso del doctor Jekill y Mr. Hyde (para mi gusto, por cierto, uno de los relatos que deberían estar entre los primeros a leer por los jóvenes estudiantes).

     En su forma más simple el teatro existe cuando un vate, transmutado en un ser superior a sus competencias cotidianas, se encuentra con un espectador dispuesto a escucharle. Cuando un tusitala embauca a una persona, o a un pueblo, con la narración, con la escenificación, de cualquier relato. Está en los genes más antiguos del ser humano y no otra cosa es la magia, ni otro oficio el de chamán. Rememoramos inconscientemente las azules aguas del mediterráneo y las noches de estrellas eternas junto a columnas jónicas escuchando al anónimo Homero en las islas egeas: “Canta, oh musa, la colera de Aquiles …”. O los olores del sándalo y el tacto de la seda en la penumbra de un ajimez escuchando a un anónimo persa orientados al atardecer del desierto: “Cuéntase que en lo que transcurrió en la antigüedad del tiempo …”.  Y que otra cosa muestran las múltiples pinturas levantinas, donde aparecen grupos de personas interactuando, sino plasmar lo imperecedero.

 

Pintura rupestre. Roca dels Moros de Cogull. Lleida.

Pintura rupestre. Roca dels Moros del Cogul. Lleida. Hace unos 8000 años

 

     Este viernes pasado tuve la suerte de encontrarme (por cuarta o quinta vez en mi vida), con un chamán, con un tusitala genial. Rafael Álvarez, “El Brujo”. El escenario no era menos impresionante que un acantilado egeo o un mar de dunas del Magreb: el teatro romano de Mérida, de nuevo. Tampoco desentonaba, ni mucho menos, la excusa del encuentro: San Juan. Y fueron “El Brujo”, el teatro romano de Mérida y el evangelio de San Juan los tres elementos que empujaron a unas 3.000 personas (el cuarto elemento) a repetir uno de los actos infinitos y primigenios de nuestra esencia humana.

     El propio Rafael Álvarez (sólo es El Brujo cuando se transmuta y sobrepasa sus competencias cotidianas) señala que el espectáculo se basa en “antiguas técnicas de transmisión y narración oral”. Y tanto. Pura oralidad y espectáculo es oírle recitar en griego, oír sus silencios, contemplar sus movimientos. El trabajo sobre el texto de San Juan es magnífico, verdaderamente sorprendente, pero absolutamente secundario, lo que da una idea cabal del enorme espectáculo porque San Juan y El Brujo coinciden en la idea

 

en arche en ho logos kai o logos en pros ton theon kai theos en ho logos

In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum

Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios

 

     Casi dos horas de hechizo en una noche apacible de verano. Allí estuvimos construyendo el pasado y el futuro (sin duda sobre mitos por más que la ciencia se empeñe), con Homero, con Eurípides, con San Juan, con Stevenson, por encima de todo con El Brujo e, impertérritos oyentes, con toda la tribu.

Las Troyanas

In Libros, Teatro on julio 12, 2008 at 7:05 pm

     Por fin el pasado día 9 de julio cumplimos con nuestra cita anual al Festival de Teatro Romano de Mérida. En esta ocasión la obra elegida fue Las Troyanas de Eurípides. Gran espectáculo, aunque me parece excesivo el calificativo de “histórico” dado por algunos críticos. 

 

 

     La sinopsis es como sigue: Se ha acabado la guerra de Troya, sólo resta incendiar completamente la ciudad por parte de los griegos y partir con sus naves camino de casa. Las mujeres troyanas van a ser repartidas entre los vencedores y esperan su suerte en la playa. La obra se centra en Hécuba, esposa del rey de Troya Príamo, Casandra, su hija, Andrómaca, esposa de su hijo Héctor y Helena, esposa de Menelao primero y de Paris después y causante de tamaña desventura. Todas, por tanto, miembros relevantes de la familia real troyana y, en principio, poseedoras de un magnífico destino. El argumento posee el valor inicial de suscitar, potencialmente, una interesantísima reflexión sobre la guerra, que, en manos de un talento como el de Eurípides, resultaría sabrosísima. Y éste es el principal elemento al que hacen referencia la mayoría de críticos, traductores, etc. de la obra. Incluyendo al director de esta versión, Mario Gas, que pone en escena a soldados estadounidenses y a barriles de petróleo que, por cierto, semejan a la perfección tambores de columnas. Pero esto es artificio comercial. Eurípides no está interesado en dicha reflexión. Desde mi punto de vista, el leitmotiv de la obra es el azar, la suerte o la fortuna, llámenlo como quieran, lo que los giegos denominaban Tyché

     Y así, unos se ven sometidos al designio arbitrario de los dioses (que mudan irrazonablemente de opinión), otros al de los vencedores y otras al de los juegos y, por tanto, al más puro azar. Ante esta fuerza irreductible de la Tyché, ni dioses, ni vencedores, ni vencidos están libres, pudiendo cambiar su destino en cualquier momento. Y como la suerte es un accidente personal, Eurípides individualiza cada futuro y cada vivencia (muy bien acompañado por Mario Gas, que individualiza también las voces del coro en una sabia decisión), convirtiendo casi en monólogos las actuaciones de los personajes, que interactúan poco salvo con Taltibio, el heraldo griego que presta voz a la señalada Tyché

     La frase puesta en boca de Hécuba: “Entre los afortunados, a nadie consideréis feliz hasta el momento de su muerte” (EURIPtroy, vv. 510 y ss.), no sólo explica esta obra, sino que hará fortuna (nunca mejor dicho) y atravesará toda la Historia del pensamiento para convertirse en una idea-fuerza. Desde Lucrecio, en el siglo I a. de C., con estos dos hemosísimos versos sobre el último aliento: “Entonces, por fin, las palabras sinceras salen del corazón, cae la máscara y, queda el hombre” (LUCRECIO, III, 57); pasando por Ovidio, siglo I d. de C.: “El hombre debe siempre esperar el último día y nadie puede decirse feliz antes de su muerte y de sus funerales” (OVImet, III, 135-137); hasta los Carmina Burana, siglos XII-XIII, y su archiconocido: “Oh Fortuna, como la luna, siempre variable” musicado por Karl Orff; para llegar al siglo XVI, y a Michel de Montaigne, que tituló uno de sus capítulos: “No se ha de juzgar nuestro destino hasta después de la muerte” (MONTensay, I, XIX). 

     Las actuaciones fueron magníficas. Yo destacaría a Poseidón y Atenea, Carles Canut y Ángel Pavlovsky respectivamente (sobre todo el primero), a Casandra, Anna Ycobalzeta, pero, por encima de los demás, a Andrómaca, Mia Esteve, que con un papel relativamente breve pone los pelos de punta. 

     El montaje razonable en general, con momentos espectaculares. Además de los aspectos ya señalados, magnífica la arena de la playa y el sonido del mar. Muy buena la decisión de hacer actuar a Helena sobre una especie de tribuna. Aceptable la iconografía de las imágenes de los dioses (a lo Estatua de la Libertad del Planeta de los Simios). Y más discutible el artilugio central, simulando una de las puertas de Troya y sus murallas. A mi parecer, el inicio de la obra, con las troyanas saliendo por la valva regia sobre un contraluz, lanzando sus lamentos hasta llegar a la orchestra, donde estaba la arena de la playa y el sonido del mar, fue sublime.