Pues a fe, señores míos ...

Archive for the ‘Política’ Category

Por un nuevo contrato social

In Filosofía (barata), Política on enero 17, 2011 at 11:45 am

     “¿Acaso no es una desgracia extrema la de estar sometido a un amo del que jamás podrá asegurarse que es bueno porque dispone del poder de ser malo cuando quiere?”. Esta frase de Étienne de La Boétie, en su De la servitude volontaire, resume la disposición mental frente a la tiranía o, sin ser tan radicales, frente a unos gobernantes corruptos y, a la postre, corrompidos, que han desistido del objeto para el que fueron contratados y gastan todo su tiempo en auto-promocionarse y auto-reproducirse.
 
     Este, de la teoría contractualista, es un tema de cierta complejidad académica, pero no quiero redactar aquí una entrada teórica a su respecto ya que sería larga y, seguramente, tediosa. Habría que tratar de Iusnaturalismo, de Francisco Suárez (español, el primero en hablar de “pacto social”), de Altusio, de Grocio, de Pufendorf, de Hobbes, Locke, Rousseau, … y cómo no de Platón y de Aristóteles.
 
     Nos bastaremos, entonces, con una breve definición que habrá que asumir sin aparato crítico: “En efecto, para que una multitud, es decir, muchos hombres, sean una Persona, a la que pueda atribuirse un acto y a la que correspondan ciertos derechos (…) , es necesario que hayan unido primero sus voluntades y fuerzas mediante pactos sin los cuales es imposible entender cómo pueda hacerse la unión (…) de quienes son iguales por naturaleza” (Pufendorf, citado por SABINE, 318). Tales pactos tendrían varias vertientes, de la que a nosotros nos interesa aquí la que se establece entre la sociedad y sus gobernantes. Da igual que, como señaló Kant, todo esto fuese una ficción histórica o metodológica, lo importante es que existe un “pacto” entre gobernantes y gobernados, que, como todos los contratos, se establece en base a unos acuerdos y a unos principios, los que fueren, y que, por lo tanto, si esos principios son violados el pacto puede romperse y ser sustituido por otro.
 
     Toda la enorme complejidad de la teoría está magistralmente resumida, en la práctica, por un suceso histórico fundamental en la reciente Historia Universal y recogido en este documento:

Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad (Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. Filadelfia, 4 de julio de 1776)

     Pues bien, lo que sostengo en este artículo es que estas palabras escritas hace dos siglos y cuarto largos son de una actualidad avasalladora, que los actuales gobernantes han roto el pacto social vigente y que, por tanto, se hace necesaria la redacción de un nuevo contrato. Es, curiosamente, lo que está reclamando la sociedad tunecina, por ejemplo, en estos mismos días, aunque su contrato y el nuestro sean muy diferentes. Las dos cuestiones a dilucidar son entonces: por un lado cuál es el contenido de nuestro actual contrato con nuestros gobernantes y, de otro, por qué éstos lo incumplen tan gravemente como para que sea necesaria su reescritura. Como último contenido teórico previo, sólo habría que insistir en que, como todos los pactos, hablamos aquí de un gran consenso en el que pueden convivir opiniones o grados de convencimiento diferentes e incluso, como no, ideas contrarias y enfrentadas, pero el pacto, el contrato, el consenso involucra al conjunto de la sociedad.
 
      Si tuviésemos que definirlo con una sola expresión diríamos “Estado del Bienestar”. Este es el contrato que refrendamos actualmente, en Gerena, en España, en Europa y en lo que denominamos genéricamente como “Occidente”, entre gobernantes y gobernados. En un artículo de ayer mismo en El País Paul Krugman explica algunos datos al respecto. En pocas palabras el Estado del Bienestar es una combinación de capitalismo y Estado en el que éste se compromete a distribuir entre todos los ciudadanos una parte importante de los beneficios de aquél, de manera que repartiendo una parte sustancial de la riqueza generada por la economía capitalista aumente el nivel de vida y bienestar general de la población, se controlen sus desmanes ecológicos y se salvaguarden derechos esenciales. Que es posible hacerlo está demostrado por la historia de varios países occidentales desde mediados del siglo XX hasta hoy. La clave de bóveda del sistema está en la palabra “Estado” o, dicho en otros términos, en el contenido que adjudicamos al concepto de la “política”: ésta se entiende necesariamente como igual a democracia que debía controlar al mercado, regularlo y redistribuirlo. No se pone en cuestión el sistema económico capitalista, pero se obliga a su “mano invisible” (según la inevitable explicación de Adam Smith) a convertirse en observable, medible y controlable para el beneficio común del conjunto de los contratantes que, en esta situación, no puede ser sino el conjunto de la ciudadanía.
 
     Explicar las razones por las que nuestros gobernantes han roto este contrato es tan fácil y evidente en estos momentos que parece casi pueril. No hay que buscar apenas para encontrarse con declaraciones, actitudes y hechos que demuestran que éstos han dimitido de la preponderancia política, segura y lamentabilísimamente porque su simonía ya no les permite pensar en términos políticos, sino, con exclusividad, en términos económicos. Jacinto Pereira, Manuel Chaves y Rodríguez Zapatero, cada uno en su diferente nivel de responsabilidad, son ejemplos perfectos de ello (que estos tres nombres sean de gobernantes socialistas es sólo casualidad, triste casualidad, y no descarta en absoluto, que si residiera en la Comunidad Valenciana los dos primeros nombres y siglas políticas serían diferentes). No les hemos contratado para que repartan miserias, eso lo lleva haciendo la Iglesia Católica dos milenios, con más eficiencia seguro, les contratamos para que repartieran riqueza, la riqueza que no reparte el mercado y que debía de repartir la política. Sin embargo, en una espiral inenarrable, atrapados por esa riqueza y por el vudú de los “nuevos ricos” han caído en la cuenta de que nada funciona mejor que el mercado (la compraventa donde siempre manda el más fuerte), para ellos, para sus familias y para sus amigos. ¿Cómo sino iba a ganar Jacinto Pereira mucho más de 60.000 euros anuales, cuando el sueldo de un profesor de escuela, su anterior trabajo, no llegará ni a la mitad? Los gobernantes de nuestro contrato, o lo que es mucho peor, los políticos en general se han convertido en el problema. Un problema tan grave que puede hundir a un país en un santiamén. Lo han hecho, por ejemplo, hace muy poco tiempo con uno de los más ricos y prósperos del mundo: Argentina, lo están haciendo con Grecia en el mismo momento en el que ustedes leen estas palabras, y …
 
     Es decir, merced al contrato les convertimos en guardianes de la granja y ellos han acabado creyéndose dueños, y comiéndose a todo bicho viviente que por allí circulaba. Ahora ellos están orondos y nosotros nos hemos quedado sin granja y sin animales. Los términos del contrato eran palpables: ofrecimos la preponderancia a la política para controlar al mercado, sin embargo, los actores de esa preponderancia: los políticos, se han aliado con el mercado para traicionarnos. Las consecuencias las conocemos todos: una vez que los políticos se han vendido al mercado y se han dejado corromper por él hasta límites vomitivos, aquél, el mercado, ha venido a exigir ahora su lugar y su precio con la violencia que caracteriza a las “manos invisibles”. Así que cualquier nuevo contrato social debe comenzar, inevitablemente, por limitar de forma drástica el poder omnímodo de los políticos, y su número innecesario y multiplicado. Esta es, por tanto, la primera estipulación del nuevo contrato social que necesitamos: el mercado no es de fiar, pero los políticos tampoco lo son y contra más poder tengan ambos peor nos irá al conjunto de los ciudadanos. Es lamentable tener que estar de acuerdo con La Boétie cuatro siglos y medio más tarde.

Anuncios

Joaquina Rosa Aguilar Rivero

In Actualidad, Política on octubre 20, 2010 at 7:41 pm

     Históricamente, los comunistas han sido unos genios poniendo nombres. El que se sacara de la chistera la denominación de Izquierda Unida no desentona con esa larga tradición. IU ni es izquierda, ni es unida. No es “izquierda” porque nadie sabe hoy qué es ser de izquierdas (o rojo o comunista como quieran llamarlo), y que no es “unida” necesita poca explicación. Si mañana mismo, por un mágico arte de fierabrás, pudiesen ponerse en práctica las recetas económicas de IU nos encontraríamos inmediatamente con tres circunstancias: la desagradable confirmación de que las recetas económicas de izquierda no existen (salvo una retahíla de medidas inconexas, superficiales, irrealizables en la práctica o fruto de oposiciones a otras políticas), el riesgo cierto de desaparición a corto plazo del estado en manos de “los mercados”, y la vuelta a la Prehistoria (imposible, por supuesto, sin un gran cataclismo). Y he citado las políticas económicas porque para un partido que, supongo, seguirá siendo marxista, estas políticas deberían no ya ser el centro de su mayor actividad, sino ser el fruto de una absoluta dedicación y de una planificación exquisita y completa. Pero podríamos hablar también de su organización interna, de su implantación social, … En resumen, no es de extrañar que Rosa Aguilar se mostrase cansada de pelear en una jaula de grillos donde son pocos y, como siempre, mal avenidos. No me resulta extraño que desease abandonar ese partido, no me resulta extraño que, siguiendo, un camino ya muy trillado, volviese la cara hacia el PSOE (después de todo nada tan traumático como el caso de Solé Tura), y no me resulta extraño que el PSOE, siempre evangélico pescador de hombres y ovejas descarriadas (sobre todo por su interesante componente de barnizado), la tomara al vuelo.
 
     En estas circunstancias, nada tiene de asombroso que, atentos a las operaciones de maquillaje y acaparación, le ofreciesen un puesto en el ejecutivo andaluz en la primavera del 2009. Dejó de ser, entonces, Alcaldesa de IU para convertirse en Consejera de Obras Públicas del PSOE. Este prodigioso cambio tiene sus migas, bastante difíciles de tragar; pero acostumbrados por la sociedad de la información a la truculencia de los despropósitos, de los transfuguismos, y de las traiciones políticas, digamos que tenía un cierto pase.
 
     Y sólo unos dieciocho meses después Rosa Aguilar va a convertirse en Ministra de Medio Ambiente del PSOE. Y esto parece que pasa de castaño oscuro. Me parece a mí, desde luego, que pasa de castaño oscuro: de alcaldesa comunista a ministra de los mercados en dos breves partos. No criticaré yo la evolución humana, el desarrollo del pensamiento en el tiempo y la, casi obligatoriedad de la, adaptación ideológica (más bien me parecen ridículos los que dicen aquella famosa frase: “yo sigo siendo el mismo”), pero me resulta muy complicada tal evolución en tan corto espacio. De la mañana a la noche Rosa Aguilar está de acuerdo (tan de acuerdo como para formar parte de la cúpula) con Angela Merkel, con Nicolas Sarkozy, con David Cameron, con Silvio Berlusconi, con el Fondo Monetario Internacional, con el Financial Times y con el Tea Party. No valen excusas ideológicas o diferencias supuestamente “sociales”, todos los citados ejecutan o defienden la misma política económica para los mismos resultados. Y la política económica es la madre de todas las políticas, se dice desde el ultraliberalismo al comunismo.
 
     Desde el aprecio, al menos, a su talante y a sus formas, desde la simpatía que le profesaba a su consistencia política, me gustaría que Rosa Aguilar me explicase este cambio radical. No lo comprendo y no quiero escuchar zarandajas ni argumentos de barro. Entiendo las debilidades humanas (las altas y las bajas), entiendo las necesidades humanas (las altas y las bajas), lo que no entiendo son los silogismos ni las mentiras. Los milagros existen, éste de Rosa Aguilar lo demuestra (no sé calificarlo de otra manera), quizás lea esta ciberbitácora y tenga la amabilidad respetuosa de aliviar mis dudas. Si así fuese y de antemano, gracias.

De trabajadores, autistas y mesías

In Actualidad, Local (Gerena), Política on mayo 27, 2010 at 8:51 am

     No suelo hacerlo por diferentes razones, que no viene al caso explicitar ahora, pero en este caso voy a cometer la torpeza de comentar varios asuntos diferentes en la misma entrada.

     Voy a empezar por las protestas que están organizando los trabajadores del Ayuntamiento. Hay una expresión vulgar , y sin ánimo ofensivo, que es la de “tocapelotas”. Es el tipo especialista en “tocar los huevos”, frase muy castellana que con alguna diferencia se usa también en toda Hispanoamérica (“inflar los huevos” en Argentina, “caer en los huevos” en México, …) y significa ser especialista en molestar, en incordiar e importunar a alguien. Aquél que siempre dice la peor frase posible en el peor momento posible, pudiendo además decir la contraria o (“cuánto vale un callado”) guardar silencio al menos. El Ayuntamiento, con el Sr. Pereira Espada a la cabeza, se está especializando en esto, desde hace mucho tiempo. Y, sobre todo, para ir haciendo amigos, en “tocar los huevos” a dos amplios colectivos: uno, amplio de por sí, es el de los más débiles o que menos oportunidades tienen para defenderse (éste parece un gen propio del PSOE); otro, que se amplía inconmensurablemente (sólo hay que leer en Boletín del PSOE de Gerena para su desgracia), es el de los que tienen voz propia y pretenden defender sus derechos por encima de las arbitrariedades (por utilizar un término suave) del sátrapa. Al Sr. Pereira Espada, que le gusta tanto, con razón, presumir de democracia, de elecciones y de mayorías, quizás se le olvide que un Comité de Empresa es un órgano elegido democráticamente y tiene, por tanto, exactamente la misma legitimidad que la suya. Mal hace atacando sus propias legitimidades (y no hablemos de “sindicalistas históricos” que demuestran lo difícil que es envejecer). No haré ninguna descripción del asunto porque en el blog de Ciudad Educativa hay un relato continuado y exhaustivo de la situación, así que sólo quiero dejar por escrito dos consideraciones: la primera es que apoyo totalmente la lucha de estos trabajadores, es más, puede que nos pille muy lejos y que no nos interese, pero quien así piense está completamente equivocado: la lucha de un trabajador es, más tarde o más temprano, la lucha de todos los trabajadores; la segunda es que quizás el Ayuntamiento debería dejar de “tocar los huevos” y ponerse a hablar, a negociar, a discutir, y para ello lo mejor es intentar afrontar el problema con sinceridad y con buenas intenciones.

     El segundo asunto es muy cortito y sólo se trata de un recordatorio. Ya sé que desde tiempo inmemorial esconder la cabeza es una buena estratagema para salir en la foto y que nadie te señale, pero esto, aquí y ahora, no va a ser posible. Les recuerdo a los concejales del PSOE, sres. Álvaro Arias y Javier Fernández y a las sras. Margarita Gutiérrez y María José Polo que estoy esperando que me contesten a la siguiente pregunta: ¿aprueban ustedes que en el Boletín del PSOE de Gerena se hagan referencias personales, insultantes, vergonzosas y descalificadoras a un Autónomo local cuya pequeña empresa da trabajo en el pueblo?. Obviamente no tienen por qué contestar (qué más da si sólo es la pregunta de un ciudadano), pero quede anotado que esta es la segunda vez que les ruego una respuesta.

     El tercer asunto, por fin, es una concesión a la edad. Estoy harto de mesías. Y, sobre todo, de los mesías que vienen con pancartas y con focos de colores anunciando que la buena nueva son sus ideas geniales, inmaculadas, pristinas y certeras. De los mesías que vienen con cámaras de televisión a decirnos lo equivocados que estamos el resto de los seres que no tenemos más que arrastrarnos por un mísero trabajo. De los mesías que alardean de nuevos títulos nobiliarios (¡¡catedráticos de matemáticas!!, ¡¡másteres medioambientales!!, …) para convencernos de nuestras miserias morales y pecuniarias y de nuestras bajezas de miras. De los mesías, en fin, que forman una raza superior cuya fuerza es la verdad, la verdad absoluta y evangélica que ellos, en exclusiva, poseen. Les ruego que me perdonen, no por miedos atávicos, porque como no creo en Dios me cuesta creer en sus hijos, sino porque estos hartazgos son fruto de la decrépita edad. Bienaventurados ellos, los libres de contradicciones, los espíritus límpidos que nunca han necesitado venderse a nada ni a nadie y aquellos a los que Dios ha obsequiado con una embajada mesiánica para sus vidas. No importa que sean funcionarios (manda huevos), que nunca hayan necesitado ninguna subvención de un organismo dudoso de nada (por ejemplo gobiernos que incumplen el Protocolo de Kyoto causando el cambio climático), que no se les conozca ninguna aportación positiva más allá de expandir sin control el virus del miedo (con la Iglesia, en la Edad Media, se hablaba de “el espesor del miedo”) y dilapidar, ellos mismos, los recursos que tan duramente critican. Son los apóstoles del caos pero no importa, porque su mesianismo, a la par que nos condena a nosotros, les salva a ellos: si tienen razón perfecto, y si no la tienen estamos condenados al infierno, a un infierno muy sartriano. Miren ustedes señores mesías, aunque, en realidad, podemos compartir la casi totalidad del Sermón de la Montaña, me hartan los personajes cuya principal función es la de dar lecciones de dignidad al resto de los simples e imperfectísimos mortales.

645.000 euros

In Actualidad, Política on mayo 20, 2010 at 9:08 am

     El titular de la noticia es para ponerte los pelos como escarpias. Y, sin embargo, seguro que pasó completamente desapercibida.

Lipasam ahorra 645.000 euros con su plan de  reducción de altos cargos

     La leí ayer en el Diario de Sevilla y el contenido se resume en este párrafo: “La empresa mantiene que ha reducido los altos cargos. Las modificaciones han conseguido pasar de 12 directores y 11 jefes de servicio que había antes, a 6 directores y un jefe de servicio más (en total 12), un ahorro anual que cifra en 645.123 euros en costes salariales directos“.

     Las cuentas son temibles y las preguntas insoslayables. Primero ¿cuánto ganaba cada uno de estos artistas?, por desempeñar una labor prescindible; segunda ¿cuánto podrían ahorrar, si de verdad quisieran hacerlo exhaustivamente? ; tercera ¿cuántas empresas públicas existen en la provincia de Sevilla?; cuarta ¿cuánto cuestan, a la provincia de Sevilla, todos los altos cargos de sus empresas públicas?. Si alguien tuviese a bien hacer estas cuentas, ¿se sorprenderían si obtuviésemos una cifra mayor de la que se va a ahorrar, en esta misma provincia, con la congelación del sueldo a los pensionistas?. Yo no, desde luego. Y no contemos, encima, que la mayoría de esos altos cargos (y medios, y bajos) son evidencias palpables de un nepotismo que ni los Papas de la Edad Media se hubiesen atrevido a ejecutar.

     Pero nadie habla de estas cosas. Solamente cuando la situación se hace insostenble (como parece que le pasó a Lipasam en 2008, según la misma noticia) hay algunos ajustes y se deciden algunos recortes. Entre el funcionariado de “gama alta”, las empresas públicas, los patronatos, las administraciones, los “entes” públicos, los políticos, los subvencionados, … existe un sumidero que se traga miles de millones de euros cada año. El único problema es que todos estos parásitos tienen relaciones simoníacas con los que deciden recortar las pensiones o los sueldos de los trabajadores. Así nos pinta la cosa y así nos pintará.

     Urge una reforma de todo este purgatorio y de todos estos “bigotes”  para sanear las cuentas públicas, para recomponer los gastos, para barrer debajo de las alfombras, para redistribuir de verdad las inversiones, para moralizar la vida pública, para hacer pedagogía social, para construir un país en progreso, al menos, hacia una igualdad de oportunidades.

     Me temo, sin embargo, que en la agenda tiene prioridad la reforma laboral. Y que ésta no incluirá el despido inmediato y procedente de todos estos piojos.

Me dimito

In Actualidad, Política on mayo 13, 2010 at 9:04 am

     Casualmente conecté anoche la TDT en el canal CNN+ y allí estaba Iñaki Gabilondo entrevistando a Josep Antoni Duran i Lleida. Proponía éste formar un gobierno de concentración nacional por unos meses y, a continuación, convocar nuevas elecciones. Le señala Iñaki que eso era “un brindis al sol” a lo que, no sin un leve tono de amargura, respondió el Sr. Duran que el hecho de que fuese imposible no quería decir que no fuera buena idea.

     Lo que más toca los huevos de este ZP (y su coro de ineptos, abrazafarolas, chorizos, sinvergüenzas, vividores, indignos, …) no es que se desmienta a sí mismo con rotundidad, saña y alevosía; no es que esté llevando al país entero a una ruína de la que nos costará años, y dolores, salir; no es que haya puesto a los españoles a los pies de “los mercados”; no es que sea un absoluto inoperante al que tengan que llamar a Bruselas, y desde Washington, para ponerle las pilas y echarlo a andar como si fuese un muñequito de Duracell; no es que, con las medidas anunciadas (y las que tiene en mente = edad de jubilación, cálculo de las pensiones, …), sea el mayor atracador del estado del bienestar y de los derechos sociales de toda la historia de España; no es que no sepa ni dónde está, ni adónde va, ni de dónde le vienen; … No. Lo peor, con diferencia, es que nos tome por idiotas, que se presente una moción de censura absoluta a él mismo, que se la gane, y que quiera seguir gobernándonos y ¡¡explicándonos lo bien que lo hace!!. Verdaderamente indecente.

     Al tétrico mensaje de ZP ayer le faltó la guinda imprescindible para dotarlo de una mínima credibilidad: “Ustedes me perdonarán, si pueden, pero me dimito … porque, evidentemente, no puedo pilotar la misma nave con dos políticas antagónicas. Es decir, no puedo conseguir que el galeón se mueva a la izquierda y a la derecha al mismo tiempo”. Pero no sólo se le olvidó esta frase final, sino que a partir de hoy los corifeos y palmeros varios aparecerán por todos lados (especialmente por las televisiones amigas) ilustrándonos sobre su valentía, su saber hacer, su capacidad para tomar las decisiones oportunas en cada momento, la favorable evolución de la crisis, … y demás verborrea.

     De todas formas, no se dejen engañar, toda esta batería de recortes no sirve para nada. Quiero decir: estos truculentos ahorros sirven para no caer en la bancarrota inmediata pero no solucionan ningún problema. Puede haber gentes de buena fe, o ingenuos, que piensen que estas medidas, aunque duras, servirán para solucionar el problema y que, a partir de ellas, saldremos adelante. Nada más falso e irreal. Lo más probable es justo lo contrario, que estas medidas agraven la crisis, la hagan más profunda y prolongada. Este es el verdadero drama. La inacción y la mentira nos han traído a una situación en la que son necesarios duros recortes sociales para seguir empeorando.