Pues a fe, señores míos ...

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Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria

In Historia, Minas de Río Tinto on septiembre 30, 2010 at 12:13 am

     Les voy a contar una pequeña historia.
     En enero de 1920 comenzó en la cuenca minera de RioTinto una huelga contra la empresa Rio Tinto Company Limited (RTCL), cuyos accionistas preferentes eran los miembros de la familia Rothschild, acaudalados y famosos banqueros británicos. Ante el cariz que tomaron los acontecimientos el Consejo de Administración de la compañía decidió enviar en noviembre de ese mismo año a un representante para que les trasladara una opinión de primera mano, y sobre el terreno, de las causas de dicha huelga y de las medidas que habría que tomar para que no se repitiera un enfrentamiento de las dimensiones que aquél había tomado. Este enviado especial y persona de confianza, Sir Rhys Williams, viejo conocedor de la minería onubense, elaboró un informe que afortunadamente conservamos completo. Sir Rhys achacó las causas fundamentales de la huelga a 4 factores: 1) los comienzos del siglo XX y el resurgimiento de la conflictividad laboral; 2) el crecimiento de las afiliaciones sindicales; 3) la xenofobia española; y 4) la actitud del director de la empresa en Huelva: Mr. Walter Browning.
     Pero lo que me interesa subrayar ahora son las consecuencias que tuvo aquella huelga que duró hasta enero de 1921, ¡¡un año completo!!. Fue seguida por 11.000 trabajadores. El conflicto soportó condiciones tan miserables que se convirtió en objeto de polémica en toda España. Más de 2.000 obreros tuvieron que dejar la huelga por hambre (no, no han leído mal). Alrededor de 3.000 niños menores de edad tuvieron que ser deportados y acogidos por familias a lo ancho de todo el territorio nacional para que no muriesen. Los ayuntamientos de la zona llegaron a repartir hasta 1.000 raciones de comidas diarias para socorrer a los más necesitados. Los empleados, médicos, comerciantes y farmacéuticos se movilizaron para hacer considerables colectas colectivas para los huelguistas …
     Aquella huelga se convirtió en emblemática y en paradigma de la Historia Social y del Movimiento Obrero en el siglo XX español.
 
     Todos los viajeros que se trasladaban en el tren de la RTCL entre Huelva y RioTinto conocían la nota a pie de página de la guía: “No habrá servicio los domingos, ni en el cumpleaños de la reina Victoria” (24 de mayo). Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria es el título de un libro de David AVERY sobre la Historia de las minas de RioTinto.

El polvo que pisamos estuvo una vez vivo

In Minas de Río Tinto on junio 29, 2009 at 7:55 pm

     Parece que esta frase la pronunció Lord Byron al cruzar por tierras de RioTinto en un viaje desde Lisboa a Sevilla: “The dust we tread upon was once alive“. Lo sabemos gracias a don Ramón Rúa Figueroa, que lo explicó en un libro titulado Ensayo sobre la Historia de las Minas de Rio-Tinto, publicado en 1859.

 

La Corta Atalaya en Google maps

La Corta Atalaya en Google maps

 

     También sabemos que el poeta londinense viajó por España a principios del siglo XIX. Así que cuando pasó por RioTinto, si es que la anécdota es cierta, aquellas minas se encontraban en estado de semi abandono y Byron se refería, con su frase, a la espectacular cantidad de materiales romanos, y de otras épocas, que cubrían aquellos suelos. En efecto, nos cuenta el Sr. Figueroa como las otrora inestimables minas de RioTinto se encontraban en un estado de dejadez lamentable:

 

las consideraciones de un porvenir próspero y envidiable desaparecian ante la conviccion de su insuficiencia y la incapacidad de sus delegados y sin esperar los funestos resultados de otra paralización en los trabajos, cuya consecuencia seria el demérito ó la ruina de la finca (FIGUEROA, 218)

 

     Podríamos decir, como Manrique, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Eso es lo que apunta Byron concisamente y es lo que apunta Figueroa en el relato de su obra. Nada es comparable a la antigua grandiosidad de estos establecimientos. La necrológica del Ingeniero de Minas señala la fecha del 17 de diciembre de 1874 como la de su muerte, y cincuenta años antes había ya fallecido el poeta. Ninguno de los dos, pues, pudo comprobar cómo el polvo de RioTinto resucitó y modificó la historia posterior durante casi un siglo. Y cambió la historia de RioTinto, de toda la provincia de Huelva, del movimiento obrero, de la solidaridad internacional, de la economía nacional, del laissez faire, de los movimientos migratorios, del laissez passer, … escribiendo con mayúsculas páginas que nunca antes se habían escrito. Así se explicaba otro ingeniero de minas en 1888:

 

se encuentran las masas de pirita ferro cobriza que son objeto del laboreo en Río Tinto; establecimiento que es hoy uno de los primeros, si no el primero del mundo, y que en unión con los demás criaderos que se explotan en la provincia han hecho, con razón, que se haya considerado como la California del cobre (MRTyC, 6-7)

 

     La Historia, pues, nos ayuda a discordar con Manrique.

     Viene a cuento esta entradilla histórica porque me ha parecido que desde el pasado jueves se ha propagado por una tierra, próspera sin embargo, un cierto aire de pesimismo motivado por tres elementos esenciales: la magnitud de los retos que afrontamos, la inmovilidad patente del conjunto más numeroso de la sociedad y la presencia de francotiradores emboscados en las oscuras sombras de la podedumbre.

 

FRIEDRICH. El naufragio del Esperanza. 1824. Óleo sobre lienzo, 96,7 x 126,9 cm. Hamburger Kunsthalle. Hamburgo.

FRIEDRICH. El naufragio del Esperanza. 1824. Óleo sobre lienzo, 96,7 x 126,9 cm. Hamburger Kunsthalle. Hamburgo.

 

     Friedrich es contemporáneo de Byron y ambos, aun a pequeños sorbos, puede que lo sean nuestros. Es admisible por tanto la fugacidad del lamento, de la desesperanza, de la frustración y la llegada de lágrimas. Pero es esencial que sigamos en desacuerdo con Manrique. Mas tarde o mas temprano el polvo que pisamos se elevará y volverá a estar vivo. No lo supieron ni Byron, ni Figueroa ni Friedrich, pero nosotros sí somos conscientes de ello. Y también de que no siempre se avanza en línea recta sino que las fintas, espirales, repliegues y zigzagueos forman parte del todo, que quizás vistos desde cerca nos confundan pero que a la distancia óptima pueden convertirse en un magnífico lienzo de Pollock.

Un lujo histórico irrenunciable

In Minas de Río Tinto on octubre 4, 2008 at 9:50 am

     Así titulé el 28 de septiembre de 1984 un artículo (que ahora me parece impresentable) en el diario La Noticia de Huelva. Era un especial sobre RioTinto que versaba acerca de las fiestas de la Virgen del Rosario y, particularmente, sobre el grupo musical que participa en ellas conocido con el nombre de “La Esquila”. 

     La Esquila es una rondalla, o un grupo de campanilleros, formado por instrumentos de cuerda (en su composición ideal 6 violines, 6 bandurrias, 6 laúdes y 12 guitarras) acompañados de una campanilla, conocida como esquila, y un coro a dos voces. Su misión es recorrer las calles del pueblo durante las noches previas a la celebración de la Virgen tocando y cantando repetitivas composiciones populares y religiosas. Esta celebración, como todas las que en el mundo lo son, está llena de matices, de interpretaciones y de simbolismos personales. Como yo soy deísta no me interesan demasiado sus aspectos puramente sacros, pero la esquila es otra cosa: “violines en las noches primeras del otoño. Música que es la venganza de la melancolía contra sí misma” (WILKINS, 219). Las letras que se cantan son de esta índole: 

 

De RioTinto eres luz y eres gloria. 

Virgen del Rosario, estrella inmortal, 

que alumbrastes al pueblo minero 

en horas de angustias con luces de paz. 

No nos abandones, danos tu perdón, 

que de nuevo sea tu rosario 

bálsamo y consuelo para el corazón. 

 

     Pero ya digo que, al menos para mí, este detalle no es el más importante. Si esta noche de sábado (4 de octubre) no tienen nada mejor que hacer, váyanse a RioTinto. Vayan abrigados porque lo normal es que haga frío (si el cambio climático no lo impide). Pregunten por dónde se encuentra La Esquila y escuchen esta música (la interpretación no es muy buena pero para oír la de verdad hay que trasladarse). Eso sí, si pueden no acudan a buscarla, barrúntenla desde lejos y dejen que sea ella, la música, la que se les acerque. Tendrán frío. Les apetecerá un traguito de aguardiente y, si es posible, ser abrazados. Estoy seguro de que su ritmo monótono y sereno les emocionará. Aléjense entonces otro poco, siéntense en algún lugar tranquilo, donde escuchen de fondo la melodía, y miren al cielo, seguramente estrellado y limpio todavía en estas primeras noches de octubre. Hablen despacio de lo que quieran. O sólo piensen. 

     Hablen, o piensen, por ejemplo, de que RioTinto no es un pueblo, nunca lo ha sido, sino un campamento. Un castrum romano fantasmagóricamente eterno desde hace unos 5 mil años. Para los incrédulos he incluido la imagen aérea inferior, donde no es difícil distinguir el cardo y el decumanus

 

En el centro de la imagen aérea el nucleo original de RioTinto

En el centro de la imagen aérea el núcleo original de RioTinto

 

     Al arquitecto Alan Brace aquel páramo ortogonal de principios del siglo XX le pareció tan desolador que decidió tapar sus verguenzas para darle un aspecto más cívico (casi todas las construcciones que aparecen en la fotografía rodeando el ortogonio son obras suyas). A los arqueólogos que estudiaron el primer asentamiento que se conoce en la zona ya les pareció que “la ocupación de estas casas no fue lo bastante larga” (EACSRT, 12). No sabemos dónde está la ciudad romana, no sabemos dónde está la ciudad islámica, sabemos que el pueblo donde yo nací (el de la fotografía) no es el mismo que existía el siglo anterior. De manera que en todo este tiempo nunca ha habido más de dos generaciones de una misma familia que hayan nacido y muerto en este lugar. Sin embargo, La Esquila existe desde el siglo XVIII. Algo más de doscientos años de tradición en cinco mil años de historia no parece excesivo. Pero en el amarillo cadmio de las arenas movedizas de RioTinto es un auténtico milagro que, quizás, sólo pueda entenderse escuchándola. Un lujo.

     Un lujo histórico.

     Un lujo histórico irrenunciable.

RioTinto

In Minas de Río Tinto on septiembre 10, 2008 at 11:13 am

     Haga frío o calor el aire de RioTinto es sólido y dudoso al tiempo.

     Siempre lo recuerdo perforado por una dolorosa claridad, tal que la demasía de consistencia y nitidez te permite ver las cosas como no son. Y así es que las murallas y los nombres y el reloj están aquí fuera de coordenadas, mezclados en un caos palpable, impregnados con un movimiento de ida y vuelta brujo e infinito. El río tintóreo y metálico. Los montes retrayéndose sobre venas de colores descatalogados. Las formas de industrias que serán arqueológicas. Las zonas de asentamiento habitadas y deshabitables a golpes de sirenas. Los pinares con ciclos extraños, jamás naturales, de destrucción y vida.

     Nunca en mis recuerdos aparecen hombres. Incluso el gentilicio (mineros) es abstracto. Los hombres, los nombres propios no importan y ni siquiera nos ponemos de acuerdo en el topónimo: Minas de Río Tinto, Minas de Riotinto, Río Tinto, Riotinto, RioTinto, … 

     En términos descriptivos el espacio geográfico de RioTinto es fantástico, irreal y eterno a la vez. Sólo Historia, colores y luz. Como una tabloza emborronada por los siglos, donde es imposible considerar manchas semejantes en días seguidos, donde todos los pintores del mundo han esparcido sus pinturas y mojado sus pinceles siempre. Así que de hoy para mañana caducan las palabras, los tonos, los hombres y los cerros. Hay gentes que desean eternamente a los bárbaros, o mejor al mito bárbaro: reducir a cenizas y encastrar sobre ellas el comienzo de una vida nueva, brutal pero libre. Sentimientos colectivos, tradiciones, paisajes familiares, tumbas del vecino cementerio, certezas seculares, … forman una oligarquía de la muerte que parece imprescindible dinamitar. Aquí, sin embargo, nadie espera a los bárbaros, vuelven cada día, RioTinto es en ellos. Sin límites. De entre las muchas descripciones, planos, fotografías, relatos, tratados, versos que, desde la Biblia hasta hoy, expliquen este lugar, nadie reconocerá lo que haya visto o leído o escuchado. La cinética es la ley fundamental de este universo. Igual que hay mundos llenos de Historia (no sólo de évenementielle), igual que hay pueblos llenos de ecos (como explicó Rulfo), igual hay espacios inescrutables. Sin embargo, se puede buscar este lugar en un mapa y se encontrará. Si se indaga en algún libro la fecha del 4 de febrero de 1888 se hallarán referencias. Pero que el ámbito geográfico y temporal sea cognoscible no evita que sea, a la vez, inexistente.

     Ya atisbamos la dificultad de que en este escenario, una región a la que alguien que fue amigo, y nunca me atreveré a enmendar, llamó “la tierra de la cicatriz roja” (WILKINS, 15), haya cosa alguna que parezca cierta.

Anhalter Strasse

In Arte, Lugares on agosto 19, 2008 at 6:55 pm

     La del título es mi dirección postal para esta semana. Se encuentra casi en el centro de Berlín donde, por fin, pasaremos unos días de vacaciones Isabel y yo (por fin las vacaciones y por fin Berlín). No soy de los que piensan que en unos días pueda conocerse una ciudad. De hecho conozco ciudadanos con muchos años de vida que no conocen la suya (yo mismo). Y, en cualquier caso, siempre habrá un rincón, una plaza, un bar, una ventana, el paso de una virgen, un mercadillo, una puesta de sol, una desconchadura … que no conozcas. Pero sí puedes ver determinadas cosas. Yo lo tengo claro. He venido para ver el altar de Pérgamo y la Puerta de Ishtar. Entre otras muchas cosas, pero éstas dos son ineludibles. 

 

 

     Así que no voy a recomendar nada ni a dar consejos que, seguramente, serían estúpidos. No puedo ayudar a nadie que quiera noticias sobre Berlín, salvo generalidades que, por serlo, sirven para muy poco. Lo único que voy a hacer es intentar transmitir lo que la observación de esas dos construcciones me ha transmitido a mí. Y aquí estoy, en el vestíbulo del hotel, en la calle dicha, después de haber visitado durante más de 6 horas los monumentos.

     De entrada, sin haberlas visto físicamente, son dos obras ajenas: una occidental y otra oriental. Una es modelo griego de edificio adintelado y otra modelo mesopotámico arqueado. Una representa la conquista de la figuración absoluta en la escultura y otra el gusto infinito por la magia y lo inexistente. Una es modelo, aún con todo, de la contención y las líneas puras helenas y otra del exquisito amor a la apariencia extrema. Una acapara mármol y otra ladrillos. La una, por tanto, no necesita esconder nada y la otra es expresión de cómo esconder lo vulgar bajo una capa de cielo. Una es un edificio levantado para un muerto y la otra es un no edificio (una puerta) levantado para transigir con los vivos. Una es blanca y otra … depende. La una te separa y la otra te atrae. Y etcétera, porque a cada par de contradicciones se le pueden añadir varias más y cada una de ellas daría para un tratado sobre arte, historia y filosofía (por cierto, ¡qué magnífica la posibilidad de ver estos dos mundos separados por diez segundos!). 

 

 

     Todo lo señalado, digo, sin haber visto de verdad las dos construcciones. Una vez vistas en directo la impresión sigue siendo la misma. Existe todo un mundo de diferencia entre ambas. Dos excepcionales construcciones que expresan dos filosofías diferentes de ver el mundo. Llama la atención, sin embargo, que la que representa la tradición griega, sea una obra helenística, es decir, barroquismo puro en el fondo y en la forma, mientras la obra oriental aparente Renacimiento en sus formas (no en su contenido). Sólo una cosa tienen en común estas dos construcciones: te dejan con la deshazón y el deso, tan humano, de saber más. Se imagina uno el altar de Zeus en esa impresionante colina de Pérgamo que muestran las maquetas; y se imagina uno la puerta de Ishtar entre esos jardines colgantes, maravilla del mundo, que narran (precisamente) las fuentes griegas. Mejor dicho, intenta imaginar uno porque (para mí) tales imaginaciones son quimeras imposibles.

     Y hasta aquí hoy, que vamos a pasear y a tomar unas cervezas.