Pues a fe, señores míos ...

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El Uno y los Múltiples

In Actualidad, Historia on febrero 5, 2011 at 10:32 am

     Lo cierto es que, en muchas ocasiones, la realidad y la sucesión constante de acontecimientos te pasan por encima como un tren de alta velocidad (pero de los de verdad, no de los que “subcontratan” alcaldes con ínfulas). Con Isabel, con algunos amigos, o en la fructífera soledad del pensamiento, le paso revista a un montón de ellos, pero escribir sobre cada uno me exigiría una dedicación completa que no me apetece y de la que tampoco dispongo.
 
     Uno de estos asuntos, de rabiosa actualidad y de mayor importancia, que nos ha pillado a todos en bragas, son los acontecimientos egipcios. Como todos los diarios, semanarios y noticiarios del mundo están repletos ahora de expertos que los explican, no sumaré mi insignificante voz a estos especialistas en predecir lo sucedido. Sólo quiero hacer una limitada reflexión histórica, es decir inútil, algo más allá de los tanques y las piedras que pueblan la Plaza Tahrir.
 
     El miércoles 2 de febrero leí una soberbia entrada en el Blog de LLuís Bassets. La tituló: “Ahí está el viejo topo”. Hasta donde yo sé, la expresión “viejo topo” la utilizó por vez primera Rosa Luxemburgo en 1917, titulando así un artículo y refiriéndose a La Historia: “Historia, viejo topo, hiciste un buen trabajo”, venía a decir, alabando que el Imperialismo, la Primera Guerra Mundial, etc., los acontecimientos históricos en definitiva, habían puesto en manos del proletariado una posibilidad real de cambio mundial con el estallido de la revolución rusa. Desde aquí, en la nomenclatura comunista, la expresión pasó a denominar no a La Historia, sino a La Revolución, en el sentido de que por debajo de la “normalidad” aparente del día a día se mueven tensiones intensas y extensas, viejos topos, que acabarán, tarde o temprano, floreciendo en la superficie y provocando revoluciones. Esto es lo que está sucediendo en Egipto cuando menos se esperaba, donde menos se esperaba y por quien menos se esperaba. Por ello la acertada referencia de Bassets.
 
     Es curioso (o quizás no tanto), que la misma idea la hubiese expresado algún tiempo antes, unos dos mil quinientos años antes, un filósofo anatolio con sólo cuatro palabras (harmonie aphanes phaneres kreitton), aunque sea imposible una traducción al castellano tan breve: “La armonía invisible es más fuerte que la visible” (en FragI, 222-223). Heráclito de Éfeso ya sabía que por debajo de lo patente está lo latente y, lo que es más importante, que lo latente es más perfecto, más armónico, que lo patente. No sugiere en ningún sitio que aquello vaya a acabar imponiéndose a esto, pero es el primer filósofo que habló del uno y lo múltiple, de la unidad y la variabilidad como un completo armónico. Heráclito sabía que la Historia no termina nunca, que los contrarios, indisociables e imprescindibles, están siempre en lucha, en lo visible y en lo invisible, a pedradas o cavando túneles.
 
     El Uno y los Múltiples es un magnífico y denso estudio del arqueólogo alemán Erik Hornung sobre la mitología egipcia. En él se habla abundantemente de los denominados “Textos de los Sarcófagos”, en referencia a los jeroglíficos incluidos en las tumbas de los nobles hacia el 2000 a. de C., sucesores de los “Textos de las Pirámides” y precursores de los “Libros de los Muertos”. Traigo aquí, en concreto, un texto conocido como “Monólogo del señor universal” en el que se enumeran las cuatro obras más importantes de la creación:

He hecho cuatro cosas perfectas
en el interior de la puerta del horizonte.
He creado los cuatro vientos,
para que todo el mundo pueda respirar en su entorno.
Eso es una de ellas.
He creado la gran inundación,
para que tanto el pobre como el rico se apodere de ella.
Eso es una de ellas.
He creado a todo el mundo igual a sus semejantes
y no he ordenado que cometieran injusticia.
Peros sus corazones han violado lo que yo ordené.
Eso es una de ellas.
He hecho que sus corazones no olviden
el Oeste (es decir, el reino de los muertos),
para que les sean hechos sacrificios a los dioses de los nomos.
Eso es una de ellas ellas (HORNUNG, 184-185)

     No sé a ustedes, pero a mí este texto me parece genial. Un Dios ha creado el aire, el agua y la riqueza (aparejada a las inundaciones del Nilo) para ser compartida por todos. Ha creado a los hombres, a todos iguales a sus semejantes (aquí esta el elemento esencial de la teoría del Contrato Social), y, a continuación, se queja de que no le han hecho caso: ¡¡impresionante!! Y, por último, ha creado en ellos un afán irreductible de mirar hacia el Oeste, hacia Occidente. Quizás, sin saberlo, los egipcios que acampan estos días en la Plaza Tahrir quieran recuperar este texto. Y quizás, sin que lo sepamos (todas las grandes revoluciones han venido siempre del Oriente), el texto, los egipcios y el viejo topo apunta hacia nosotros porque aquí, en Occidente, sólo estamos ya los muertos y el pasado.
 
     (Por y para Isabel)

Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria

In Historia, Minas de Río Tinto on septiembre 30, 2010 at 12:13 am

     Les voy a contar una pequeña historia.
     En enero de 1920 comenzó en la cuenca minera de RioTinto una huelga contra la empresa Rio Tinto Company Limited (RTCL), cuyos accionistas preferentes eran los miembros de la familia Rothschild, acaudalados y famosos banqueros británicos. Ante el cariz que tomaron los acontecimientos el Consejo de Administración de la compañía decidió enviar en noviembre de ese mismo año a un representante para que les trasladara una opinión de primera mano, y sobre el terreno, de las causas de dicha huelga y de las medidas que habría que tomar para que no se repitiera un enfrentamiento de las dimensiones que aquél había tomado. Este enviado especial y persona de confianza, Sir Rhys Williams, viejo conocedor de la minería onubense, elaboró un informe que afortunadamente conservamos completo. Sir Rhys achacó las causas fundamentales de la huelga a 4 factores: 1) los comienzos del siglo XX y el resurgimiento de la conflictividad laboral; 2) el crecimiento de las afiliaciones sindicales; 3) la xenofobia española; y 4) la actitud del director de la empresa en Huelva: Mr. Walter Browning.
     Pero lo que me interesa subrayar ahora son las consecuencias que tuvo aquella huelga que duró hasta enero de 1921, ¡¡un año completo!!. Fue seguida por 11.000 trabajadores. El conflicto soportó condiciones tan miserables que se convirtió en objeto de polémica en toda España. Más de 2.000 obreros tuvieron que dejar la huelga por hambre (no, no han leído mal). Alrededor de 3.000 niños menores de edad tuvieron que ser deportados y acogidos por familias a lo ancho de todo el territorio nacional para que no muriesen. Los ayuntamientos de la zona llegaron a repartir hasta 1.000 raciones de comidas diarias para socorrer a los más necesitados. Los empleados, médicos, comerciantes y farmacéuticos se movilizaron para hacer considerables colectas colectivas para los huelguistas …
     Aquella huelga se convirtió en emblemática y en paradigma de la Historia Social y del Movimiento Obrero en el siglo XX español.
 
     Todos los viajeros que se trasladaban en el tren de la RTCL entre Huelva y RioTinto conocían la nota a pie de página de la guía: “No habrá servicio los domingos, ni en el cumpleaños de la reina Victoria” (24 de mayo). Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria es el título de un libro de David AVERY sobre la Historia de las minas de RioTinto.

Me virides fingunt campi, rupesque superbae

In Arte, Historia, Local (Gerena) on abril 8, 2010 at 10:56 am

     En el año de 1570, lunes primero de mayo, el más grande emperador que ha existido nunca sobre la tierra visitaba la ciudad de Sevilla. En una de las numerosas pinturas que se levantaron, a la orilla del río, para recibirle, podía verse una en forma de mujer con ropa morada, un manto azul caído sobre el brazo izquierdo y falda larga amarilla. En su mano llevaba un ramo de manzanas y estaba rodeada de campos de trigo por un lado y de sierras llenas de caza por el otro.  

     Era la representación de Gerena.

GErena esta dla otra parte enforma de muger, tiene la ropa morada y la sobre ropa azul, cayda al braço yzquierdo y vna vasquiña amarilla. Muestra vn ramo de fruta en la mano, que son mãçanas. Está cercada por vna parte de campos para sembrar Pan y, por la otra de sierras, donde ay mucha Caça.

     El cronista que así nos cuenta es Juan de Mal Lara que escribiría un famosísimo libro para los investigadores hispalenses: Recebimiento que hizo la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla a la C.R.M. del Rey don Felipe N.S. Sevilla: Casa de Alonso Escribano, 1570. Las figuras estaban acompañadas de poemas escritos por él mismo e incluyó un cuarteto en latín (o dos dísticos si se prefiere) en cada una de ellas. El dedicado a Gerena decía así, con un magnífico primer verso:

Me virides fingunt campi, rupesque superbae,

     In quibus alma Ceres vivit et alma Pales.

Poma Philippe potens, quae felix purpura vestit,

     Ornabunt mensas, dona secunda tuas.

que traduce el mismo Mal Lara en su Recebimiento:

Los campos verdes y las soberbias peñas me dan forma,

del uno y otro lado en que la fértil Ceres y Palas viven.

Poderoso Felipe, las manzanas que la dichosa púrpura viste

(como fruta de postre) irán a tus mesas.

     Una de las cosas más curiosas del Recebimiento es que incluye un dibujo de cada una de las representaciones y, en efecto, en el folio 126r se encuentra el de Gerena. Es fácil observar que dicho dibujo no se ajusta exactamente al detalle comentado.

  

    El capítulo dedicado a Gerena termina con otras dos composiciones poéticas que, en este caso, son como explicaciones ampliadas de lo apuntado en los versos latinos. La primera dice:

Veis, Señor, el monte y prado

     y la levantada peña,

     pues no menos pan que leña,

     y aceite muy esmerado

     se coge en aquella breña.

Hay manzanas olorosas

     de la color de la grana,

     y otra fruta más temprana;

     si os parecieren sabrosas,

     dárseos han de buena gana.

     Y la última:

El prado y alta sierra,

adonde fruto y flores,

con variedad de gustos y de olores,

Ceres divina por su parte encierra,

y a do Palas extiende sus favores,

de su beldad repartirá contigo,

y de su fruto se verá adornada

tu mesa, si te agrada.

Recíbela, Señor, que yo te digo

que no es en esta tierra despreciada.

     No hay más entre las 5 holandesas (125r-127r) que ocupa esta descripción.

Ussher y “nuestra Cronología”

In Cultura, Historia on octubre 6, 2009 at 2:43 pm
PP. El arzobispo James Ussher

LELY, PETER. El arzobispo James Ussher. Óleo sobre lienzo. 78,1 x 65,4 cm. c. 1654. National Portrait Gallery. London.

 

     Lamentablemente el arzobispo Ussher es mundialmente reconocido como un soberano imbécil, con una de las meteduras de pata más importantes de la Historia: “Es un lugar común en los manuales de historia de la arqueología comenzar con una chanza sobre James Ussher” (SdO, 29). Y, en efecto, Glyn Daniel, por ejemplo, incluye esta sutil estocada en su manual: “En el siglo XVII teólogos como el arzobispo Ussher y el obispo Lightfoot elaboraron una cronología exacta del mundo y del hombre basada en los cálculos que se encuentran en el Génesis” (HdlA, 109). Así de injustas son, a veces, las cosas.

     James Ussher, Arzobispo de Armagh y Primado de Toda Irlanda (los dos mayores honores que podían concederse en la iglesia irlandesa), nació en Dublín en 1581 y murió en 1656 siendo enterrado, ante la insistencia del mismísimo Cromwell, en la Abadía de Westminster tras un gran funeral. En 1650 publicó el libro “Annales Veteris Testamenti, à primâ Mundi origine deducti“, que apareció traducido al inglés en 1658, dos años después de su muerte. Sus primeras palabras dicen así:

 

Al principio Dios creó el Cielo y la Tierra, Gen. I. v. I. Este principio, de acuerdo con nuestra Cronología, fue hacia la entrada de la noche antes del día 23 de octubre, en el año 710 del Calendario Juliano

 

     Este párrafo se traduce normalmente por todos los que en la actualidad se ocupan del asunto como que el mundo comenzó a existir el 23 de octubre del 4004 a. de C. a medianoche (lo cual, por cierto, no es exacto ya que lo que dice el texto sería: “al atardecer del 22 de octubre”. También hay otros errores que lo sitúan el 26 de octubre a las nueve. Nos ahorramos explicar la traslación de la fecha juliana a nuestro calendario gregoriano). En cualquier caso, los científicos actuales le calculan a la Tierra  una antigüedad de varios miles de millones de años y, por ejemplo, sabemos que Lucy tiene alrededor de 3,5 millones de años.

     Sin embargo Ussher no era ni un dogmático ni un charlatán barato. Aunque, como está dicho, sea difícil hoy encontrar algún texto en el que no se ridiculice al arzobispo de Armagh, habrá que recordar dos cosas inmediatamente. En primer lugar, la lista de personajes que hicieron parecidas dataciones cronológicas o que se adhirieron a éstas es ilustrísima, e incluye a reconocidos “genios” como Escalígero, Kepler y Newton, es decir, Ussher representa a lo mejor de los eruditos de su tiempo. Y, por otra parte, estos cálculos estuvieron muy presentes hasta bien entrado el siglo XIX (aunque es cierto que cada vez con menos verosimilitud) cuando dos Carlos: Lyell y Darwin propinaron suficientes argumentos para desecharlos por completo. Lo explica muy bien Martin Rudwick, de la Universidad de Cambridge: “Lejos de ser reprendido por oscurantista u objeto de mofa por su ingenuidad, este erudito arzobispo irlandés fue admirado por tal precisión cuantitativa del recuento aceptado de la historia del mundo. Otros “cronólogos” igual o mejor informados discutieron la fecha exacta de Ussher, pero sin dejar de compartir los métodos académicos que le habían llevado a este cálculo” (TTT, 250).

 

Primera página del libro de Ussher en inglés, publicado en Londres en 1658.

Primera página del libro de Ussher en inglés, publicado en Londres en 1658.

 

     Como puede comprobarse en el libro de Chrispopher Hill era considerado, entre otras cosas, como un “notable matemático” (HILL, 61) y mantenía amistades entre los principales intelectuales del momento como Henry Briggs o sir Walter Ralegh.

     En un interesante artículo, Stephen Jay Gould (nada sospechoso de connivencia), se pregunta qué sentido puede tener culpar, o ironizar con escarnio, a una época, o a un autor, desde otra en la que se trabaja con principios completamente diferentes. Esto es sólo entender el pasado como algo viejo, primitivo y trasnochado, viene a decir. Y citando a otro especialista añade: “Es un gran error, por lo tanto, suponer que Ussher estuvo simplemente interesado en resolver la fecha de la creación: esto sólo puede ser supuesto por los que nunca han ojeado su trabajo… The annals es la tentativa de una síntesis cronológica completa de todo el saber histórico conocido, bíblico y clásico… De su volumen quizás sólo una sexta parte o menos es material bíblico” (SJGOULD, 7).

     Es obvio que sus cálculos, hoy, nos resultan absurdos y es obvio que se equivocó radicalmente en el método. Pero es igual de obvio que su esfuerzo intelectual responde a uno de los intereses de su época, a la información disponible y a su metodología. Quizás la mayor desgracia de Ussher fue que su fecha se imprimiera en todas las biblias calvinistas de aquel siglo y que, hasta hace pocos decenios, se siguiera distribuyendo en norteamérica.

En pos del Milenio

In Historia, Libros on julio 30, 2009 at 9:48 am

     “Librería Espartaco. Serreta, 18 – Telf. 509238 CARTAGENA”. Así reza el ex libris, funcional y espartano, pegado aún en la primera página del libro. Esta referencia sitúa la compra hacia los año 83-84 aproximadamente, cuando trabajé durante unos seis meses en aquella ciudad. El año 1983 coincide además con la segunda edición que hizo Alianza Universidad de un original que corresponde a 1957, aunque esté basada en la tercera edición anglo-americana de 1970 completamente revisada y ampliada. Fue, casi seguro, la primera vez que leía la palabra “milenarismo” y el título me subyugó. A más de 20 años de distancia no acierto a hilvanar otra razón que me impulsara a su compra.

     Hace unos meses encontré en una librería este título: Pinturas que cambiaron el mundo, cuyas primeras palabras del prefacio eran algo así como “suponiendo que alguna pintura pueda cambiar algún mundo”. Yo atesoro una lista de tres libros que cambiaron mi mundo: Sinuhe el egipcio de Mika Waltari, Vacas, cerdos, guerras y brujas de Marvin Harris y En pos del Milenio de Norman Cohn. Bien, es una nómina tan absurda o excelsa como cualquier otra.

 

Portada del libro

Portada del libro

 

     Dice Norman Rufus Colin Cohn, que era el único estudio completo sobre “la tradición del milenarismo revolucionario y del anarquismo mítico que se desarrollo en Europa occidental entre los siglos XI y XVI”. En el verano de 2007 leí una reseña sobre su muerte en The New York Times. Hay un párrafo que, en traducción libre, dice: “El Suplemento Literario del The Times incluyó su fundamental libro de 1957, En pos del milenio, en un listado de 1995 con las cien obras de no ficción que, según la percepción de los europeos sobre sí mismos, han tenido mayor influencia tras la II Guerra Mundial. En la lista también se encuentran libros de Camus, Sartre y Foucault”.

     La influencia que ejerció sobre mí también fue enorme, pero no se entusiasmen porque soy incapaz de referirla concretamente. Es probable que se necesite la armonía de variados elementos para que esta situación se concrete. Al menos el libro, el tiempo y tu vida (incluyo aquí la voluntad, o predisposición, a que el fenómeno suceda). Mi alma y el momento se encontraron en este libro con bastantes de las cualidades que pueden aún rastrearse fácilmente en mis escritos, en mi vida. Largo tiempo después otra gran obra resumió con maestría (en tres hermosas frases), lo que yo más recordaba de En pos del Milenio: “una masa humana … en movimiento perpetuo”, “el peso de lo sagrado”, “el espesor del miedo” (FOSSIER, I, 16-19).

       Recupero del primer poema que publicó Borges, en 1923:

 

Son para el solitario una promesa

porque millares de almas singulares las pueblan,

únicas ante Dios y en el tiempo

y sin duda preciosas (BORGES, I, 37)

 

     Como sucede con todos los grandes libros, éste es benditamente polémico. Yo encontré Historia magníficamente documentada y magníficamente contada, revolucionarios, manipuladores, masas sin destino, violencia indiscriminada, dudas (muchas dudas), versiones (muchas versiones), un mundo terrible y cautivador al tiempo, luces y sombras indescifrables, suntuosos propósitos con míseros resultados, analfabetismos manoseables, grandes héroes heterodoxos, una realidad que no imaginaba, …