Pues a fe, señores míos ...

Retour a l’ordre

In Filosofía (barata) on junio 12, 2011 at 10:23 pm

     En 1926 Jean Cocteau publicó un libro titulado Le rappel a l’ordre (Llamada al orden), a partir del cual se creó el concepto de “vuelta al orden” que consistía, esencialmente, en rechazar las formas extremas de vanguardia que habían proliferado antes de la I Guerra Mundial, adoptando enfoques más tradicionales. El cubismo, con su fragmentación de la realidad, fue rechazado incluso por sus inventores: Braque y Picasso. El futurismo, con su adoración de la máquina y su entusiasmo por la guerra, fue particularmente desacreditado. En cambio el clasicismo fue un factor importante en este retorno.
 
     “Después de la contienda, muchas situaciones vuelven a cambiar y se hace evidente la crisis de las denominadas vanguardias históricas. Los artistas buscan una nueva escala de valores que les lleve a una nueva visión de la realidad, que les mueva a una relectura de la Historia en general y de la historia del arte en particular. En este sentido, son claras las posturas de los creadores del cubismo –Picasso y Braque-, de los pintores metafísicos, de los novecentistas italianos, de los alemanes de las Nueva Objetividad y de los artistas del surrealismo. A lo largo de estos años asistimos a una recuperación de la figuración, que convive, hay que señalarlo, con la aún vigente práctica de la abstracción” (HUP 7, 157).
 
     Quede señalado que no me entusiasma demasiado la denominación del concepto mismo (más apropiado mi espíritu a un “contra el orden” que a un llamamiento a él); quede señalado que no me parece que fuera necesario ningún movimiento que rechazara las vanguardias artísticas de principios del siglo XX (con las que hay muchas cosas que me unen); y quede señalado, por último, que tampoco me parece que lo siguiente, es decir un “necesario” regreso a la figuración, fuese mejor que lo que había. Pero lo que me interesa aquí, como casi siempre, es un asunto colateral.
 
     A finales del siglo XX la revista “El Europeo” publicó un monográfico titulado “La vuelta al orden”. Una pléyade de ilustres filósofos, escritores, artistas, eruditos, plantean muchas cuestiones y muy pocas respuestas. Y, entre las faltas, se encuentra, precisamente, la definición de qué es una vuelta al orden y de a qué orden hay que volver. Es decir, la confusión es extrema, justo como en aquel momento tras la I Guerra Mundial (cada vez suceden más cosas que me recuerdan los inicios del siglo XX). Entonces, Gustav Hartlaub, el teórico que primero se ocupó de la “Nueva Objetividad” realizó, en el verano de 1925, una exposición en Mannheim y escribió el catálogo que la acompañaba. Ese breve escrito, que avanzó, en alemán, el nombre de la corriente artística (Neue Sachlichkeit), finaliza con este párrafo:
 

Que los artistas –desilusionados, sobrios, a menudo resignados a un punto de cinismo tras un momento de esperanza casi infinita y apocalíptica-, en medio de la catástrofe, han comenzado a reflexionar sobre qué es lo más inmediato, seguro y duradero: la verdad y el oficio

 
     “La verdad y el oficio”, la verdad y el saber hacer. Excelente conclusión. Tomen nota.
 
     Creo que estamos abocados a un futuro “micro”. Frente a la macroeconomía, los macroestados, las multinacionales, la mundialización … la revolución del futuro más inmediato pasará por los ámbitos personales y locales. Si hay que volver a algún orden que signifique cambiarlo todo, y no sea la eterna pantomima de El Gatopardo, en términos personales deberá volver a mandar la afectividad y los lazos parentales entendidos en un sentido amplio de comunitarios (o tribales), y en términos tribales habrá que reconstruir sociedades comunitarias pequeñas, autosuficientes, donde el poder omnímodo de los paradigmas de esta época (la comunicación y el mercado) sean más vulnerables, o menos efectivos, o donde, al menos, una lucha abierta contra ellos no signifique estar abocados a la destrucción total. En estos ámbitos “micro” la verdad y el saber hacer serán los motores.
 
     Por verdad entiendo lo que explica Ernst Cassirer al principio de su Antropología filosófica: una criatura del pensamiento dialéctico que no puede ser obtenida sino en la constante cooperación de los sujetos en una interrogación y réplica recíprocas. La verdad no es un objeto empírico… hay que entenderla como el producto de un acto social (CASSIRER, 11). Por saber hacer entiendo el conjunto de reglas, técnicas, procedimientos o comportamientos que benefician la relación y la cohesión social, con el objetivo de que el conjunto de la comunidad sea más feliz. Ambos conceptos, y todo lo que intento explicar, pueden resumirse en esta excepcional frase: “lo humano del hombre es desvivirse por el otro hombre”.
 
     Siguiendo con la metáfora artística, lo que propongo no es volver a la figuración, es ir un paso más atrás de la “revolución griega” (aunque las posiciones relativas y la línea de progreso sean indescifrables), es volver a la ausencia de perspectiva geométrica, es volver del revés la frase que tanto me gusta de T.B.L. Webster: volver a hacer hombres en lugar de imitarlos, volver a pintar, a esculpir y a construir al, por y para el hombre.
 
     Verdad y saber hacer. Han pasado pocas horas desde que se constituyó el nuevo gobierno municipal, reflejo de la voluntad de la tribu. Es, pues, un momento perfecto para avanzar por el camino, y con las claves, aquí señalado. Micro, cooperación, reciprocidad, actos sociales, cohesión, comunidad, felicidad, desvivirse por el otro, afectividad, reconstrucción comunitaria, autosuficiencia, menos comunicación y más información, menos mercado y más hombre, …

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: