Pues a fe, señores míos ...

Archive for 30 diciembre 2010|Monthly archive page

Pakete

In Palabras on diciembre 30, 2010 at 1:23 am

     Es ya una pequeña tradición de esta ciberbitácora cerrar el año con una entrada “especial”. Y, tengo claro ya desde hace algún tiempo que, quería en ésta hablar de la amistad, o, mejor dicho, de un amigo. La amistad es palabra dudosa y lejana mientras que el amigo es cierto y cercano. Al tiempo, los testimonios sobre amigos y amistad deben ser concisos porque, pienso que, en estas relaciones son lo que menos importa. Me siento mucho más cercano al precepto bíblico: por sus hechos los conoceréis.
 
     Of Fortuna, velut luna, statu variabilis: no empezó muy bien el año para él y, sin embargo, va a acabar siendo, seguro, el mejor de su vida. Habrá anualidades que olvide, o que devengan neblinosas en el tiempo, pero 2010 no será una de ellas.
 
     Entre los meses centrales quizás estuvimos demasiado tiempo sin vernos y es posible, sólo es posible, que ello suscitara alguna duda o alguna idea equivocada. Puede que la duda, sana en tantos aspectos de la vida, sea uno de los mayores enemigos de la amistad, así que una larga conversación, con todas sus verdades, las buenas y las regulares, cara a cara sirvió para solventarlas.
 
     Me resulta complicado definir la amistad, y ni siquiera Epicuro, experto en el tema, me ayuda demasiado. Pero no me cuesta nada describir lo que siento por mi amigo: nos conocemos hace relativamente poco tiempo, unos cuatro años creo, nunca nos hemos pedido nada, pero tengo la absoluta certeza de que si alguna vez necesito algo, algo de verdad, algo importante, estará ahí para proporcionármelo. No sé que pensará él al respecto, pero estoy seguro de que sabe que yo sí lo estoy.
 
     Y esto es todo, hay poco más que decir que no sea superfluo: para mí es una enorme suerte haberlo conocido, y por eso lo quiero un montón. Gracias a todos los que pasean por aquí, felicidades para 2011 y para siempre.

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Sin-de

In Internet on diciembre 24, 2010 at 11:14 am

     “Ha sido desolador”. Con esta afirmación liquidaba Fernando Savater un breve comentario publicado en El País acerca de la derrota de la “Ley Sinde” en el Congreso. No sé por qué mi admirado filósofo utiliza el participio de pasado. Es desolador. Mira que me prometí a mí mismo que hasta que acabase el año no escribiría de nada que no tuviese que ver con el arte, pero no hay manera, estos fantasmas me obligan a escribir, otra vez, sobre Sinde, sobre el canon y sobre la piratería. Y todo esto es al arte como las patatas fritas al Bulli, o como el Bulli a la gastronomía.
 
     El diario madrileño publica un buen artículo en el que cita a 18 (si no he contado mal) personajes de la cultura, cada uno de los cuales incluye un pequeño texto al respecto (magnífico formato que, por cierto yo no había visto nunca), y evalúa cada una de sus indignaciones por la caída de la “ley Sinde”.
 
     Por otro lado Alex de la Iglesia ha publicado, en ABC, un artículo sobre su opinión al respecto que, para mí, al menos, era conocida. Intentaré pergeñar algo coherente con estos materiales y mis propias ideas, también conocidas a través de las diferentes entradas que se agrupan bajo la categoría “Internet“. Pero intentaré hacerlo (sin-de)magogias.
 
     Vayan por delante, de nuevo, dos principios que considero esenciales: a) hay que discriminar. Meter “toda la cultura” en el mismo batiburrillo sólo sirve para enredarlo, no es lo mismo el cine, que la literatura, que el teatro, que la música, … y ni siquiera es lo mismo la literatura de ficción que hace Millás que la científica que hace Hobsbawm; b) considero imprescindible que todos los trabajadores que curran en una obra (léase secundarios, guionistas, editores, carpinteros, decoradores, electricistas, maquilladores, montadores, etc.) reciban un sueldo digno y puedan vivir de su trabajo.
 
     Una vez dicho lo cual, resumamos el asunto con claridad meridiana para no embrollarnos en idioteces: “como artista me gustaría que todo el mundo tuviera acceso a cualquier película, pero como persona que además vivo de esto no puedo tolerarlo”. No lo digo, y resumo a la perfección, yo, lo dice Isabel Coixet. El único problema aquí, de verdad, es que esto afecta a mi bolsillo y hay que solucionarlo. Si afectara al de las bordadoras de mantones de Manila, al de los sombrereros, o a los monjes medievales de los códices ilustrados (profesiones todas ellas desparecidas) no habría ningún problema, como, de hecho, no lo ha habido, ni en estos breves ni en otros millones de ejemplos de profesiones que la evolución tecnológica, de usos y/o de costumbres ha aniquilado a lo largo de la historia. De verdad que toca los cojones. Los toca tanto como si Cristiano Ronaldo vaticinara la muerte del fútbol y del deporte porque su sueldo debiera de bajar de 1 millón de euros al mes a 6.000. Será curioso, pero nunca me han llegado noticias de que los cineastas que ahora se rasgan las vestiduras, y los actores que escriben artículos indignados y cobran en millones de euros por película, hayan repartido parte de su “caché” con los montadores de escenarios por los que parecen tan preocupados gracias a la piratería.
 
     Pero toca los cojones, y es desolador señor Savater, aún más por otras cuatro razones. Una porque no contentos con despotricar indecentemente por sus privilegios, tienen la osadía, intelectual por supuesto, de llamarnos imbéciles, “menos cultos”, proxenetas, ladrones … y lindezas semejantes. No es que usted, o el señor Querejeta, o el señor Eduardo Noriega, o el señor Fernando Trueba (los tres me llaman explícitamente “ladrón”, a pesar de que cuando he comprado el pentdrive que utilizo para copiar estas entradas de mi ciberbitácora haya pagado el canon correspondiente) tengan capacidad para insultarme, que no la tienen, es que me resulta triste y desolador que prefieran la prohibición y la condena a la pedagogía. Y que no sean capaces de reconocer que cada vez que he comprado un libro, o he visto una película de cada uno de ustedes (muchas veces ya que les considero excelentes en su trabajo), he contribuido modestamente a facilitarles que sean más cultos y menos imbéciles que yo, razón por la que deberían cuidar sus insultos, sus prohibiciones y sus condenas.
 
     Dos porque la mayoría de los firmantes y despotricadores se dicen progresistas. Quizás no se den cuenta, pero los que quieren y abusan de lo gratis en internet puede que sean parados, más de 4 millones en este país, o universitarios que no son capaces de planificar su futuro, o jóvenes que han sufrido fracaso escolar, o mileuristas que no tienen horas para trabajar todos los días … así es el país en que el ustedes viven, así es la realidad de los piratas de internet. No digo ni que ustedes sean los responsables, ni que ustedes tengan que solucionarlo pero sí digo que, quizás, sólo quizás, deberían moderar la exaltación pública de sus privilegios.
 
     Tres porque vamos mal, muy mal, cuando la élite intelectual de un país, o del mundo, no acierta a vislumbrar los cambios y sus únicos intereses se centran en el pasado. Como son todos ustedes cultos no necesitarán citas sobre el tema, pero cuando esa élite intelectual tiene la cabeza girada hacia atrás nada bueno puede esperarnos al resto delante. “La realidad ha cambiado” señores, “hay que plantearlo todo de nuevo” (José Luis Pardo) y lo que esperamos los piratas es que utilicen sus privilegios, empezando por sus mentes, para sugerir salidas y no para defender el antiguo statu quo.
 
     Y cuatro, muy por encima de todas las demás, es desolador que la intelectualidad de una sociedad se haya convertido en el nuevo sacamantecas de esa sociedad. Esta corroboración sí que no me depara sino desolación para el futuro. Son ustedes una amenaza. No, la cultura no va a desaparecer, ustedes lo saben perfectamente, nunca ha habido más gente con acceso a ella en el mundo, de la forma que sea, nunca ha habido más creadores. Ustedes deberían estar henchidos de placer porque las obras de Shakespeare, o las películas de Buñuel, se pirateasen y las leyeran, o vieran, todos los seres humanos de este planeta, pero están preocupados porque no pirateen la suya, esto sí que es imbecilidad moral señor Savater. La simple insinuación de que este problema acabará con la cultura les descalifica eternamente.

Perspectivas invertidas

In Arte on diciembre 12, 2010 at 9:45 am

     He comenzado estos días a leer un libro cuyo título debería ser Post expresionismo, pero que la necesidad de un nombre significativo, según las primeras confesiones de su autor, denominó al fin Realismo mágico, dejando al título original sólo como apellido. En el segundo párrafo de su introducción Franz Roh me ha sorprendido con esta idea: “Este libro, sin incurrir en relativismo, está inspirado por la idea de que en este planeta podemos movernos en varias direcciones, si bien limitadas, todas ellas igualmente llenas de sentido” (ROH, 14). Por esas extrañas, o inconfesables a veces, relaciones que establece nuestra mente a su libre albedrío, la afirmación me recordó al delicioso libro de Pável Florenski: La perspectiva invertida (FLORpi).
 
     A Pável Florenski ya le he dedicado un par de entradas (I y II) y su libro quizás merezca una atención especial en algún momento. Pero resumiré aquí, brevemente, la idea central, y escandalosa, que lo alumbró. La perspectiva lineal (o perspectiva geométrica, o perspectiva monofocal, llámenle como quieran), esa forma de ver y representar el mundo que inventaron los griegos (aquello que los historiadores parecen de acuerdo en denominar “revolución griega”) y que nosotros hemos heredado del Renacimiento, aunque fuese sistematizada científicamente bastante después, sólo es una forma de entender el mundo, no representa la naturaleza real de las cosas sino que es un esquema, entre otros posibles, de representación, es, en definitiva, una expresión simbólica artificial. En los términos utilizados por Florenski: esa forma de ver y representar el mundo no es la palabra del mundo, sino una ortografía especial de él (FLORpi, 29). Y existen otras ortografías.
 
     Me estoy dando cuenta ahora mismo de que las opiniones de Florenski y de Roh son prácticamente contemporáneas: la primera redacción del ruso es de 1920 y la del alemán de 1925. ¡Que gran momento para intentar ver las cosas desde otras perspectivas! Cuando el mundo había pasado de la euforia al desastre de la Primera Guerra Mundial y se acercaba al terror de la Segunda.
 

     Pero no hace falta acudir a situaciones históricas tan dramáticas, ni a representaciones caóticas, para recomendar la perspectiva invertida. La imagen superior es el primoroso dibujo de un papiro egipcio. Entre los millones posibles, es un magnífico ejemplo de perspectiva invertida. Mírenlo durante un tiempo tranquilamente y compárenlo con el famoso lienzo de “Las espigadoras” de Millet, pintado dos mil años más tarde, magnífico ejemplo éste de realismo y perspectiva.
 

     ¿Se atreven ustedes a hacer juicios de valor sobre la verdad? ¿No es cierto aquí que existen dos verdades de similar categoría, dos direcciones llenas de sentido? ¿No serán las dos dignas, al menos, de la misma atención? ¿Y no serán las dos conformadoras de una realidad más verosímil y, valga el juego de palabras, cierta? ¿Por qué nos obstinamos en cercenar nuestro mundo y en dividirlo en cielos e infiernos excluyentes? Inviertan sus perspectivas y serán, sin duda, más felices. Al menos disfrutando del arte.

E pur si muove

In Filosofía (barata) on diciembre 4, 2010 at 11:03 pm

     La bibliografía consultada al respecto se muestra dubitativa sobre si la frase correcta es la señalada, o si su grafía sería “Eppur si muove“. Incluso existe una tercera alternativa: e pur si move. En cualquier caso, todas estas posibilidades, propias de una lengua en formación y con notables variantes locales, no discuten que el comentario, entre dientes, de Galileo sea una de las frases más famosas de la Historia del Pensamiento Humano. Aunque fuese falsa, esta noticia es coherente y oportuna.
 
     Como todos sabemos, supuestamente, es la frase que pronunció Galileo tras abjurar ante la Inquisición: Y, sin embargo, se mueve. La cuestión no está incluida en la primera biografía sobre el matemático, escrita por su discípulo Vicenzio Viviani en 1655, sólo trece años después de su muerte. Por contra, la prima impresión de la frase parece encontrarse en un libro de Giuseppe Baretti titulado Italian Library, editado en 1757; en su página 52 puede leerse: “En el momento en que fue puesto en libertad miró al cielo y a la tierra y, golpeando con el pie en el suelo, dijo, Y sin embargo se mueve”. Que la primera referencia a la frase se encuentre en este autor y en este libro, un inventario de autores y obras italianas no muy fiable, no ayuda a su credibilidad. Sin embargo, diferentes autores aportan un dato que yo no he podido comprobar y que, de ser cierto, otorgaría un estatus diferente a la anécdota. Según parece existe un lienzo atribuido a Murillo, o a su taller, fechado entre 1643 ó 1645, donde se representa a un prisionero señalando una frase escrita en la pared, dicha frase es, en italiano, “y sin embargo se mueve”. De ser cierto significaría una tempranísima demostración de que la frase era famosa incluso en vida del propio Galileo.
 
     Pero, aparte de que la historia es harto conocida por todos, como suele suceder en estos breves escritos, lo que me interesa hoy no es Galileo. Lo que me interesa es la sentencia en su más amplio sentido. Y, sin embargo, se mueve. Todas las inquisiciones, todos los dictadores, todas las emociones y los sentimientos del mundo podrían ponerse de acuerdo y no lo evitarían. Todas las luchas, individuales y colectivas, internas o externas, serán superfluas e imposibles. Porque se mueve. La Tierra se mueve; la verdad se mueve; el amor … se mueve. Cuando estás apoltronado, en tu sillón o en tu vida, y piensas que ese es el estado natural del mundo y que siempre será así … te estás equivocando … se mueve.
 
     No pondré hoy ejemplos políticos que me asquean. Acabaré refiriéndome a otra historia no menos conocida que la de Galileo, la musicada por Giuseppe Verdi. Casualmente he escuchado esta tarde la escena final de la Opera Aída: amores imposibles, imperios eternos, realidades encontradas. Y, sin embargo, se mueve. Aída y Radamés golpean la tierra en esa escena final y … se mueve. Quizás, en una lectura superficial no lo parezca pero, sin embargo …