Pues a fe, señores míos ...

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Hay que parar este PGOU

In Local (Gerena) on octubre 29, 2010 at 11:35 am

     La importancia de la frase que dice que “La información es poder” sólo puede valorarse en su justa importancia cuando eres poseedor de esa información. Entonces te das cuenta de la enorme distancia que existe entre los que saben (tienen la información) y los que no saben (carecen de la información), entre los que suponen, o tienen fe, y los que conocen, o tienen datos. Entre este martes y hoy he estado más de seis horas escuchando hablar del PGOU de Gerena (en dos actos organizados respectivamente por el Ayuntamiento y por Gerena Verde), más otra media hora larga en el acto de IU de la semana pasada, más la lectura personal del documento, más diferentes conversaciones, presenciales o virtuales, con personas de variadas opiniones. Este último detalle es de vital importancia, porque he escuchado tanto a los que están a favor como a los que están en contra y, por cierto, desgraciadamente no más allá de cinco personas de toda Gerena pueden decir lo mismo. Soy un convencido de que las opiniones contrarias a la tuya (ésas que tanto desprecian, o temen, o censuran los políticos) son las que más te enriquecen. Intentaré resumir aquí lo que he escuchado, lo que sé y lo que opino.
 
     Las dos intervenciones más importantes han sido para mí las ofrecidas por José Juan Frau (Técnico redactor del Plan) y Juan Antonio Morales (miembro de ADTA). Entre éstas dos vitales, han estado las propagandísticas, sensibleras, bastante burdas y desproporcionadas de la concejala de urbanismo (cada vez entiendo mejor la razón de que a esta chica se le oiga poco), del alcalde y de Kini Santos (administrador del blog Gerena verde). A éstos los dejaré pasar porque sus intervenciones no suman nada importante al debate, aunque no pueda reprimirme el sonrojo que me provoca ver a mi alcalde retando y desafiando, cual pistolero del far west, a ciudadanos que piensan de forma diferente a la suya (por mucho que las formas de esos ciudadanos dejen mucho que desear).
 
     El Sr. Frau, técnico redactor del Plan, en una conferencia demasiado larga y aburrida por lo monocorde, que debería haberse preparado para la audiencia a la que iba dirigida, explicó convincentemente su trabajo y es de agradecer, desde mi punto de vista, que lo hiciese globalmente y sin tapujos. Él es un técnico especialista y, en un trabajo técnico y especializado, ha propuesto soluciones técnicas y especializadas y, además, lo ha hecho sin presiones políticas de ningún tipo (lo confesó y nada me impide creerle), salvo las indicaciones sobre determinados temas puntuales que requerían una solución. Él no ha planteado ningún crecimiento sino que ha dado una solución “teórica” al “posible” crecimiento, definiendo, en su opinión, hacia dónde y cómo debería ser. Como él mismo aseguró no se va a venir a vivir aquí, así que le han puesto sobre la mesa un espacio geográfico con sus características singulares y ha dado las que ha creído mejores soluciones desde su punto de vista teórico, intelectual e ideológico (este detalle es esencial). Y debo decir que si yo me hallase en su misma disposición ideológica habría dado las mismas soluciones teóricas en el 90% de los casos. En este sentido de no vivir en Gerena y de respuestas teóricas fue muy llamativa la siguiente anécdota: comentó con la indolencia del especialista al que ni le va ni le viene que había un terreno al noreste del pueblo (el denominado AA-SGEQ-02), entre Los Zarzalejos y El Molino de Viento que, por su situación y características (espacio, alejamiento del núcleo urbano, vistas, …), sería ideal para situar una residencia de ancianos y que así se lo había hecho saber al alcalde ¡¡!!, … es obvio que no está al día de la zapatiesta que tiene montada éste con su empecinamiento de colocar tal residencia en el centro del pueblo.
 
     El Sr. Juan Antonio Morales, miembro de ADTA (Asociación para la Defensa del Territorio del Aljarafe, de la que puede visitarse su página web con abundante información sobre Gerena), tampoco tiene el tono ideal para entusiasmar a una audiencia de neófitos. Pero su intervención fue demoledora. Con datos del propio PGOU fue desgranando la falta de información preceptiva, los errores de cálculo, las cifras propuestas y las “soluciones” a determinados aspectos concretos que, en su opinión, vulneran las leyes actuales; “soluciones” por las que realizarán alegaciones y por las que piensa, después de una larga experiencia con otros planes urbanísticos, que la Junta de Andalucía exigirá rectificaciones muy significativas a este Plan. No podemos desgranar aquí, ni aun someramente, la cantidad y complejidad de estos datos aunque, ahora bien, se muestra dispuesto a contrastarlos y debatirlos en público con el equipo de gobierno.
 
     Voy concluyendo. Insisto en que este PGOU debería contar con una introducción política sobre la definición que este equipo de gobierno del PSOE tiene sobre la realidad y el futuro de nuestro pueblo. El PGOU es una Ley y, por tanto, su importancia es descomunal. Todas las leyes cuentan con una “exposición de motivos”, ésta no. Después de escuchar al alcalde, y a alguna palmera socia-lista de escasa educación, la conclusión que saco es que ellos piensan que “hay que crecer”. La palmera socia-lista para que sus hijos tengan casas donde vivir (ésta, además de ser grosera, sabe poco de tasas de natalidad actuales) y el alcalde porque su madre, o su abuela, o no me enteré muy bien de quién, no era de Gerena (argumento de solidez rotunda) y, por tanto, todo el cinturón metropolitano de Sevilla tiene derecho a venir a vivir aquí. Ellos creen y quieren que Gerena sea una ciudad de 16.000 habitantes, para que los dos hijos de la palmera y los antepasados del alcalde se sientan felices (quiero que quede claro que esto no es una caricatura, son las únicas razones que se dieron tras más de 3 horas de reunión). Yo no entiendo por qué y para qué hay que crecer, por cierto, pregunta literal que les hice a los políticos presentes y que ninguno contestó (lástima de oportunidad perdida), salvo la palmera socia-lista: por sus dos hijos. Habrá que desarrollarse, habrá que avanzar, habrá que mejorar la calidad de vida, la cultura, la eco-sostenibilidad, las infraestructuras de todo tipo, … pero ¿crecer el doble de casas y el doble de habitantes? ¿Insistir en el boom del ladrillo, en la economía de la construcción?. Lo que hay que hacer, como magníficamente señaló un asistente a la reunión del jueves, es preocuparse del pueblo existente: administrarlo, dotarlo, construirlo, mejorarlo, y olvidarse de cantos de sirena a situaciones que no volverán o de magalomanías trasnochadas e inadmisibles.
 
     En mi opinión hay que parar este PGOU. Es posible que lo haga la propia Junta de Andalucía por sus graves incumplimientos, pero no deberíamos dormirnos. Los partidos políticos, las asociaciones, los grupos de presión de este pueblo deben ser capaces de dirigir una contestación consensuada y efectiva. Afortunadamente dentro de siete meses hay elecciones y los ciudadanos podremos, de una forma u otra, pronunciarnos sobre el Plan.

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El espacio público

In Local (Gerena) on octubre 26, 2010 at 11:43 am

     Esta tarde continúan en el Centro Cívico Municipal de Gerena los debates en tono al PGOU de la localidad con la intención de informar a los ciudadanos del contenido de este importante documento legislativo. El objeto de esta entrada no es otro que animar a todos los ciudadanos a que participen activamente en estas discusiones que vienen, además, obligadas por la ley.
 
     Aparte de varias entradas en blogs locales (y no locales), algún panfleto repartido por las calles del pueblo, algún acto partidista (organizado por el PSOE) y las tomas de posición de los diferentes partidos políticos en sus boletines informativos, éste de hoy será el segundo acto público que se celebre. El primero tuvo lugar el pasado viernes 22 en las instalaciones del Instituto organizado por Izquierda Unida (aquí puede encontrarse un buen resumen). El de hoy estará organizado por el propio ayuntamiento.
 

     Y en un par de días, el jueves 28, se celebrará otro organizado por el blog Gerena verde con la colaboración de varios grupos ecologistas.
 

     La lista de actos y comentarios que se acaba de mencionar debería ser suficiente para convencer al más incrédulo de la importancia del asunto. Y no me cabe ninguna duda de que participar en estos debates, y especialmente en éste, es contribuir a la existencia, o a la formación en su defecto, del espacio público. Nada más apropiado que un debate sobre urbanismo, la aprobación, o no, de unas normas urbanísticas y una ciberbitácora para tratar del “Espacio Público”.
 
     Carlos García de Castro lo explicaba bien (aunque un poco atropelladamente por la falta de espacio) en un breve artículo publicado en el boletín mensual de IU, cuyo texto se incluye en la imagen inferior.
 

     Esta ciberbitácora es un espacio público por el que se puede transitar libremente. Todos ustedes son libres de hacerlo a cualquier hora del día o de la noche. Pueden venir aquí, sentarse un rato y disfrutar de la vida; pueden venir a observar sin prisas y sin otras intenciones; pueden venir a curiosear; pueden venir a participar, y entonces pueden hacerlo dialogando o ensuciando (“dejar o no sus excrementos es simple cuestión de gusto y educación”, esta frase, y toda la idea, está recogida de este post sobre el espacio público), con la cara por delante o como francotiradores. Pero todas estas variables pertenecen, por naturaleza, a un espacio público en el que, entre todos, acabamos teniendo lo que construimos. Sea como fuere, no dejen ustedes de acudir a éste, a todos los, espacios públicos, no dejen ustedes de usarlos y abusarlos porque si los pierden de vista … desaparecen.
 
     Si no participan en estas deliberaciones, en estos debates, los perderán. Si no defienden los espacios públicos sólo se darán cuenta de su importancia cuando los hayan perdido. Ya dije en otra entrada sobre el mismo tema que el asunto es demasiado importante como para dejarlo en manos de los técnicos, cuando, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera ellos están seguros de lo que hacen.

Joaquina Rosa Aguilar Rivero

In Actualidad, Política on octubre 20, 2010 at 7:41 pm

     Históricamente, los comunistas han sido unos genios poniendo nombres. El que se sacara de la chistera la denominación de Izquierda Unida no desentona con esa larga tradición. IU ni es izquierda, ni es unida. No es “izquierda” porque nadie sabe hoy qué es ser de izquierdas (o rojo o comunista como quieran llamarlo), y que no es “unida” necesita poca explicación. Si mañana mismo, por un mágico arte de fierabrás, pudiesen ponerse en práctica las recetas económicas de IU nos encontraríamos inmediatamente con tres circunstancias: la desagradable confirmación de que las recetas económicas de izquierda no existen (salvo una retahíla de medidas inconexas, superficiales, irrealizables en la práctica o fruto de oposiciones a otras políticas), el riesgo cierto de desaparición a corto plazo del estado en manos de “los mercados”, y la vuelta a la Prehistoria (imposible, por supuesto, sin un gran cataclismo). Y he citado las políticas económicas porque para un partido que, supongo, seguirá siendo marxista, estas políticas deberían no ya ser el centro de su mayor actividad, sino ser el fruto de una absoluta dedicación y de una planificación exquisita y completa. Pero podríamos hablar también de su organización interna, de su implantación social, … En resumen, no es de extrañar que Rosa Aguilar se mostrase cansada de pelear en una jaula de grillos donde son pocos y, como siempre, mal avenidos. No me resulta extraño que desease abandonar ese partido, no me resulta extraño que, siguiendo, un camino ya muy trillado, volviese la cara hacia el PSOE (después de todo nada tan traumático como el caso de Solé Tura), y no me resulta extraño que el PSOE, siempre evangélico pescador de hombres y ovejas descarriadas (sobre todo por su interesante componente de barnizado), la tomara al vuelo.
 
     En estas circunstancias, nada tiene de asombroso que, atentos a las operaciones de maquillaje y acaparación, le ofreciesen un puesto en el ejecutivo andaluz en la primavera del 2009. Dejó de ser, entonces, Alcaldesa de IU para convertirse en Consejera de Obras Públicas del PSOE. Este prodigioso cambio tiene sus migas, bastante difíciles de tragar; pero acostumbrados por la sociedad de la información a la truculencia de los despropósitos, de los transfuguismos, y de las traiciones políticas, digamos que tenía un cierto pase.
 
     Y sólo unos dieciocho meses después Rosa Aguilar va a convertirse en Ministra de Medio Ambiente del PSOE. Y esto parece que pasa de castaño oscuro. Me parece a mí, desde luego, que pasa de castaño oscuro: de alcaldesa comunista a ministra de los mercados en dos breves partos. No criticaré yo la evolución humana, el desarrollo del pensamiento en el tiempo y la, casi obligatoriedad de la, adaptación ideológica (más bien me parecen ridículos los que dicen aquella famosa frase: “yo sigo siendo el mismo”), pero me resulta muy complicada tal evolución en tan corto espacio. De la mañana a la noche Rosa Aguilar está de acuerdo (tan de acuerdo como para formar parte de la cúpula) con Angela Merkel, con Nicolas Sarkozy, con David Cameron, con Silvio Berlusconi, con el Fondo Monetario Internacional, con el Financial Times y con el Tea Party. No valen excusas ideológicas o diferencias supuestamente “sociales”, todos los citados ejecutan o defienden la misma política económica para los mismos resultados. Y la política económica es la madre de todas las políticas, se dice desde el ultraliberalismo al comunismo.
 
     Desde el aprecio, al menos, a su talante y a sus formas, desde la simpatía que le profesaba a su consistencia política, me gustaría que Rosa Aguilar me explicase este cambio radical. No lo comprendo y no quiero escuchar zarandajas ni argumentos de barro. Entiendo las debilidades humanas (las altas y las bajas), entiendo las necesidades humanas (las altas y las bajas), lo que no entiendo son los silogismos ni las mentiras. Los milagros existen, éste de Rosa Aguilar lo demuestra (no sé calificarlo de otra manera), quizás lea esta ciberbitácora y tenga la amabilidad respetuosa de aliviar mis dudas. Si así fuese y de antemano, gracias.

¿Qué Gerena queremos?

In Local (Gerena) on octubre 15, 2010 at 12:26 pm

     Vivo en Gerena desde el verano de 1996, es decir, hace ya 14 largos años. Dada mi situación socio-laboral en aquella época podría haber ido a residir a cualquier otro lugar de la provincia de Sevilla, pero decidí sin embargo que viviría aquí. Viene a cuenta esta pequeña nota biográfica porque a cuestas con el debate del PGOU y con la cuestión, planteada anteriormente, sobre la Gerena que queremos mi contestación a la pregunta de por qué esta decisión dará cumplida respuesta, al tiempo, de la Gerena que yo quiero, la Gerena que a mí me gusta. Es obvio señalar que tales opiniones son absolutamente personales y no tienen que ser compartidas por nadie más. Yo no tengo monopolios sobre los criterios de todo el pueblo y las ideas de sus, más o menos, siete mil habitantes.
 
     Seamos claros: yo quiero vivir en un pueblo. Siempre, en realidad, he querido vivir en un pueblo. Y este deseo no obedece a una supuesta idealización de la vida rural, que estoy lejos de sentir y, en la que reconozco importantes carencias que no se encuentran en el medio urbano. Sin embargo, considero que los avances ideológicos, los avances en comunicaciones y en tecnologías de la información ponen a nuestro alcance la posibilidad, inexistente en la Historia de la Humanidad hasta ahora, de, mutatis mutandis, tomar lo mejor de los dos mundos y construir una realidad nueva (nueva en el sentido de distinta, no en el sentido de ser los primeros en nada). Intentaré ser breve.
 
     Yo quiero tranquilidad. No la tranquilidad de los cementerios, no, quiero la tranquilidad del espacio, del sosiego que se ha apreciado desde siempre en la vida rural. La tranquilidad de mirar con desdén el reloj cuando has terminado tu jornada de trabajo. La tranquilidad, en el más amplio sentido de la palabra (y que aclararán aún mejor los siguientes puntos porque es un compendio de todos ellos), requiere de unas, podríamos decir, “condiciones ambientales”: la ausencia de aglomeraciones, la disminución del ruido, el control lumínico, la paciencia, la amabilidad, …, estas condiciones pueden encontrarse en el pueblo; en las ciudades ocurre todo lo contrario: hacinamiento, ruidos, contaminación lumínica, prisas, atascos, broncas, … Este concepto está muy ligado al de habitabilidad.
 
      Yo quiero conocer a las personas con las que vivo. Esa relación callejera, vecinal, que está en el germen de nuestra cultura, ese conocimiento y esa relación mediterránea que es imposible en las ciudades. Aquí prima el anonimato y la individualidad, en los pueblos prima el conocimiento y la socialización. No descubro nada si apunto que la pérdida de identidad y la soledad están en la raíz de muchos de los problemas psicológicos y sociales de nuestra época, y que esto, en los pueblos, no se produce.
 
     Yo quiero seguridad. Este es un tema delicado desde el que se pueden plantear muchas cuestiones populistas que yo no haré. Pero es obvio que la escasa población, que las bajas densidades demográficas, que el conocimiento vecinal, son el mejor antídoto contra la violencia de todo tipo y la criminalidad que, por contra, campan en las ciudades más grandes. Ineludiblemente, y en términos objetivos, mayor tamaño es igual a mayor violencia (¿en cuántas ciudades del mundo ven ustedes a los niños jugando como lo hacen en la Plaza de la Cantina?).
 
     Yo quiero una vida más natural y con menos contaminación. Los humanos producimos desechos, esto es una obviedad. Y contra más humanos estamos juntos, más desechos producimos. La progresión no es aritmética sino geométrica. Es una espiral que deberíamos evitar. Los tamaños de población medios, como el nuestro actualmente, se encuentran en disposición de combatir este problema con eficacia y control. En poblaciones más grandes, los costos (más impuestos) se multiplican, la eficacia disminuye y el control se pierde.
 
     Yo quiero menores distancias y menos atascos. ¿No hemos comprobado todos cómo es imposible aparcar ya en el centro del pueblo?. Quiero seguir moviéndome a pie siempre que sea posible. Al menos no quiero empeorar la situación actual, que ya es algo caótica. No quiero tener que coger el coche para todo y llevarme un tiempo precioso de mi vida en él (circulando, aparcando, …) cuando podríamos evitarlo.
 
     Y, a todo esto, quiero sumarle las ventajas de la gran ciudad y de los nuevos tiempos. Nuestra cercanía a la urbe de Sevilla y a todos sus servicios nos permite disponer de ellos a una distancia menor, con un coste más bajo, y con un tiempo más corto que muchos de los habitantes de la propia capital. No necesitamos, por tanto, creo, acercar la ciudad a nosotros para nada. Si acaso mejorar las posibilidades de comunicación. Las nuevas tecnologías nos permiten iguales posibilidades de información, y de formación, que a los habitantes de la ciudad sin necesidad de ser más grandes; políticas activas e innovadoras en este terreno deberían estar en el centro de la gestión municipal. Y, por último, el control del tamaño de nuestro pueblo debería permitirnos una mayor posibilidad de ser ecológicamente sostenibles (más hormigón = menos sostenibilidad), y también es necesario ser agresivos, arriesgados y contundentes en este ámbito de la política local.
 
     Todas estas cosas son las cuestiones políticas que debería solventar un PGOU. Ahora la pregunta es muy concreta: ¿este PGOU me permite seguir viviendo como yo quiero si Gerena triplica su población?.

Massorah

In Cultura on octubre 8, 2010 at 12:06 pm

     La traducción etimológica de esta palabra hebrea puede llevarnos a una cierta confusión. El étimo español es “masora” y entró en el diccionario de la RAE de 1884, lo que me hace sospechar que sea un galicismo de los tantísimos que recoge aquella edición. En efecto el LITTRE contiene la palabra “massore” con una definición muy semejante a la de nuestro diccionario y el magnífico TLFi nos confirma que en Francia ya se usaba dos siglos antes.
 
     Lo relevante de la definición consiste en la siguiente historia que pergeñaré, más o menos, a partir de CE, s.v. Massorah: el hebreo bíblico era una lengua que carecía de vocales y estaba, por ello, sujeta a una razonable variabilidad e interpretación, sobre todo cuando era escrita y de una cierta antigüedad. Así que, hacia el siglo I a. de C., aparecieron los masoretas, otro eslabón, quizás desconocido pero esencial, en la férrea marcha de la Humanidad hacia el pensamiento único y las lecturas unívocas (y, por supuesto, infalibles). Durante medio milenio los “contadores”, como eran también conocidos porque “contaron todas las letras de la Torah“, repasaron cada palabra y cada letra añadiendo vocales, puntuación, observaciones, comentarios, … hasta fijar el texto que quisieron. Un texto absolutamente uniforme, incluyendo particularidades textuales debidas claramente a errores o accidentes.
 
     No sé si han apreciado que estos masoretas fueron héroes aventajados del ínclito Goebbels y de su frase más famosa: una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Cuántas personas por el mundo, en supuestos ideológicos muy alejados del nazismo, hacen fortuna exprimiendo esta sentencia. Los frutos del trabajo de estos exégetas se conocen, en el ámbito de los estudios hebraicos y/o bíblicos, como “textos masoréticos”, cuya misión es construir la verdad primera, transformarla en costumbre por su redundancia eterna en los milenios y, a última hora, apelar a la tradición de la verdad histórica. Así, por este mecanismo arquitectónico de la falacia, los aprendices de brujo caminan impasibles, broncíneos, frente a las evidencias.
 
     Les gritaría Job que sus argumentos son como el polvo, y sus réplicas, como el barro (Job 13, 12, según BC, 1038), pero, atinando de lleno, erraría con gravedad: los masoretas no necesitan apelar a la verdad, les basta con repetir incontables sus polvos y sus barros. En el caso del Libro de Job, por cierto, la versión de los LXX (primera versión escrita de La Biblia, en griego, en el siglo III a. de C.) es bastante diferente de la versión de los textos masoréticos (CE, s.v. Job).
 
     Los masoretas modernos se hallan por doquier, pero su look más fashion lo encontramos bajo la denominación de “consultores de comunicación”. Asépticos, cultos y educados, aparte de las disputas y las controversias, estas agencias de comunicación repiten la fórmula de los Sopherim (contadores) para ganarse la vida: inventar la verdad. Es sólo un trabajo. Y, en el fondo, “¿Rebuzna el asno salvaje ante la hierba? ¿Muge el buey junto al forraje?” (Job 6, 5, según BC, 1030). Desgraciadamente creo que no se conoce a ninguno de esos masoretas históricos, y no se sabe si la repetición laboral de sus “construcciones” afectaría a su quehacer diario; en el caso actual de las agencias y los consultores de comunicación las dudas son muy razonables.