Pues a fe, señores míos ...

Archive for 30 enero 2010|Monthly archive page

2010 será peor

In Actualidad, Política on enero 30, 2010 at 12:16 pm

     Lamento profundamente escribir esta entrada. En primer lugar porque las noticias (o impresiones) que transmite son malas; en segundo, porque cada día me hastía más hablar de política.

     En el sentido de las noticias políticas ayer fue un muy mal día. Y yendo un pasito más allá, el ataque que se produjo a los derechos sociales adquiridos fue estremecedor. Ya veremos en qué queda, pero convendría no soslayar la intención vergonzosa, y repugnante, del partido gobernante con un Zapatero a la cabeza escondido y mendaz. Cada día me recuerda más este Zapatero al terrorífico Aznar de la segunda legislatura (2000-2004) con la enorme desventaja de que todavía, que yo sepa, no ha anunciado que se va a su casa antes de las próximas elecciones.

     La primera noticia, para desayunar, fue la cifra del paro: 4.326.500 personas. Este número, solamente, es como para que se te hiele la sangre. A destacar el sustantivo que sigue a la cifra: “personas”, esto es, individuos cada uno con una vida propia. Es tan abrumador el guarismo que da miedo pensar, uno por uno, en los seres humanos que encierra. Pero ayer no salió (yo no vi al menos) Zapatero en televisión a comentar la noticia, porque no hay brotes verdes que comentar (dónde estarán esos brotes verdes que han calcinado su clorofila antes de nacer), ni Corbacho (Dios mío, qué hemos hecho para merecer esto) a hacer una pequeña rectificación (véase la entrada “Pan y circo“). Ayer mandaron a un Secretario, o un Subsecretario (perdón por mi impericia funcionarial), para decir, en voz baja, que quizás el paro seguiría aumentando en 2010. Así hemos pasado, por el arte de birlibirloque de un truhán, de una inexistente crisis a una situación potencialmente explosiva, sin que nuestro presidente de gobierno haya visto por medio más que sonrisas, optimismo y brotes verdes. Supongo yo, en mi desconcierto supino, que tendrá razón y toda la culpa, toda, será de la crisis internacional y de las propuestas de la oposición, errores externos (de ninguna manera suyos) de los que pretende resarcirnos con bufonadas, gestos, cuentos y patrañas. Sería interesante, o cuanto menos honesto, como hizo ese (Sub)Secretario silente, aclarar que 2010, en este tema, será peor. Y por Dios que nada me gustaría más que equivocarme.

     Este enorme nubarrón de noticia, nada de brote verde, nada de optimismo, ha sido combatido hasta ahora por el Sr. Zapatero con el eslogan de que no darán ni un paso atrás en las prestaciones sociales. Falaz, pero televisivamente impecable. Hasta ayer. Ayer me enteré, de sopetón, que tendré que trabajar dos años más para jubilarme, que me subirán la cantidad de años necesarios para que tenga derecho a una jubilación y que el cálculo de la cantidad que me corresponda dependerá de más años cotizados, con la única intención de que sea más bajo de lo que sería ahora. En román paladino: tendré que trabajar más para cobrar menos. Las razones que dan los segundones del PSOE (porque tampoco vi al presidente anunciando tan importantísimas medidas) mejor no las comento para ahorrarme un previsible ataque de cólera. Si esto lo hubiese anunciado Aznar se estaría preparando ya una huelga general para la semana que viene, con mi total apoyo. Y los calificativos serían irreproducibles. Insisto, para que nadie se llame a engaño, que esto no sucederá mañana, porque hay largos trámites de por medio. Pero éstas son las intenciones, y eso que hay otras medidas como las pensiones de viudedad, … que ni cito.

Sí señor, felices, contentos y satisfechos

     Da asco ver como la oligarquía política y sus epígonos, pagados por el presupuesto de los que tendremos que trabajar más para tener menos derechos, mantiene sus obscenos privilegios mientras ataca sin mesura los derechos de las clases medias y bajas. Es repugnante ser engañado y pisoteado por rufianes que no dan un solo paso atrás en sus prebendas. Es nauseabundo observar el despilfarro monumental en naderías con estas cifras de paro. Y es deprimente que el tema más importante del próximo lunes vuelva a ser Belén Esteban.

     Panem et circenses (aunque ya avisé de que hará falta muchísimo más circo).

Sobre cánones, reglas, … y arte

In Arte, Cultura on enero 20, 2010 at 11:21 am

     La palabra canon es griega = kanón (según GEL). Allí, en la Grecia clásica, kanón definía a una caña, una “varita” (COROM), que servía para diferentes menesteres como mantener algo recto o enrollado en ella. Especialmente interesante, para nosotros, fue su uso como vástago donde se enrollaba un cuerpo de leyes. De aquí tomaron los romanos su significación de “regla”, “modelo” (LD). Y de aquí también, los cristianos acabaron dándole el sentido que tiene hoy para nosotros: “El término griego canon significa en latín ‘regla’. Y se llama regla porque dirige ‘rectamente’ y no lleva nunca por otros derroteros. Hay quienes han dicho que el nombre de ‘regla’ se debe a que ‘rige’; o tal vez porque proporciona una norma para vivir ‘rectamente’; o quizá porque ‘corrige’ lo que está torcido y defectuoso” (ETIM VI, 16, 1). San Isidoro proporciona esta definición porque “el cristianismo adoptó este término para designar al cuerpo de textos doctrinales que habían sido seleccionados como idóneos para impartir la enseñanza religiosa. Mientras algunos textos eran cononizados, es decir aceptados como válidos, otros quedaban fuera de la ley canónica. Estos últimos eran rechazados y considerados como apócrifos o irrelevantes para el conocimiento de la doctrina cristiana” (GRABENEYmito, 256).

     “Y cánones en común se llaman todas las conclusiones que determinan en cada facultad lo verdadero, lo apurado y lo que se ha de tener” (COVARR, s.v. canon). Es decir, los cánones determinan lo verdadero, lo bueno, lo correcto (con-recto), lo que ha de ser, lo que quiere la Naturaleza y Dios, la norma. Mientras, lo que no se atiene a los cánones es torcido y defectuoso, rechazable, inválido y caótico, heterodoxo, herético, … Y, precisamente, en la introducción a los varios volúmenes que dedicó Menéndez y Pelayo a la Historia de los heterodoxos españoles, ya señaló que “nada más impopular en España que la herejía” (MyPhee I, 45).

     Reflexionen unos segundos (no necesitarán más) para acrisolar en cuántos órdenes de su vida cotidiana están sometidos a cánones. Y, ahora, concuerden para siempre en que tales cánones, tales mandamientos (del verbo mandar), no son sino contingencias, nunca verdades absolutas, que nos han impuesto por los métodos más variados imaginables. Tal es la razón que presupone a la pregunta ¿por qué? su potencial nihilista. Lo más importante de los cánones, los mandamientos, las normas y las reglas es que nunca son gratuitas ni dependen de puntos de vista o criterios individuales. Todo lo contrario. A lo largo de la Historia los cánones dependen siempre de criterios ideológicos. Y, desde Marx, sabemos que las ideas de las clases dominantes son en todas las épocas las ideas dominantes. Quizás no exista mejor ejemplo que el eclesiástico. El propio San Isidoro nos cuenta (ETIM VI, 16, 2-10), cómo los “Santos Padres” de la Iglesia (la clase más dominante de la época) establecieron el canon en cuatro Concilios venerables. En realidad se tardó bastante más y, finalmente, fue el Concilio de Trento el que declaró como dogma el canon de la Iglesia Católica. Obviamente, la declaración del canon coincidió con la del Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum = Índice de los libros prohibidos, los que debían quedar fuera del conocimiento. Así pues lo recto y lo torcido, lo que se puede pensar y lo que no, lo que se debe hacer y lo que no son las seis caras del mismo dado con que nos obligan, permanentemente, a jugar.

     En el ámbito de la Historia del Arte no existe, por supuesto, ninguna excepción a lo expuesto. Es más, hay quien defiende (y lo trataremos en breve), que la Historia del Arte no es sino un mito. Y para muestra un botón. Repasen la entrada dedicada a El Universo de Sengai Gibon, donde se muestra una obra japonesa de finales del XVIII o principios de XIX. Consulten después lo que dice/n la/s Historia/s del Arte sobre esa época (por ejemplo HUP maneja los conceptos de tradobarroco, neoclasicismo, romanticismo y realismo) y verán que nada coincide. Gibon era un heterodoxo. Para Menéndez y Pelayo seguro que un heterodoxo ideal: ni era católico, ni era español.