Pues a fe, señores míos ...

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ICHTHYS

In Arte, Cultura on noviembre 27, 2009 at 9:12 am

     En 1935 Kandinsky escribió en una revista londinense un breve texto titulado “línea y pez”. Sus últimos párrafos dicen así:

 

     Desde otra prespectiva, se hace esencial la diferencia entre la línea y el pez. Esta diferencia consiste en que el pez puede nadar, comer y ser comido. Posee cualidades que no posee la línea.

     Sin embargo, estas cualidades del pez son ingredientes necesarios para el propio pez y para la cocina, pero no para la pintura. Y como no son necesarias, sobran.

     Este es el motivo por el que prefiero la línea al pez; al menos en mi pintura (KANDesaya, 160).

 

     Tuve un maestro que, aunque hablaba perfectamente alemán, siempre se preguntaba ¿cómo se podían pronunciar cuatro (o más) consonantes seguidas?. Esta extrañísima palabra que da título a la entrada no es alemana, es griega y significa “pez”. A algunos no les sonará de nada, y otros la reconocerán como un símbolo. Los símbolos, a lo largo de la Historia, son una mezcla de elementos verdaderamente curiosos y éste lo es de una gran inteligencia. No podía ser menos. Es uno de los principales símbolos de los primeros cristianos y ha pasado a la Historia de la Cultura, formando parte de eso que se ha consensuado en llamar Arte Paleocristiano, es decir, el arte que empezaron a desarrollar las primeras comunidades cristianas desde su nacimiento hasta, más o menos, el siglo IV en que el Cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano. Los individuos que ingeniaron este símbolo razonaron, seguro, de una manera muy parecida a como lo hizo Kandinsky casi dos mil años después: lo importante para ellos eran las líneas y sus significados.

     Los peces, la pesca, los pescadores tienen una relevancia importante en el Nuevo Testamento. Las citas, las metáforas, y las referencias al respecto son múltiples. Para no ser redundante, bastará recordar que a sus cuatro primeros discípulos: Pedro, Andrés, Santiago y Juan (todos pescadores), los reclutó Jesús diciéndoles: “Veníos detrás de mí y os haré pescadores de hombres” (Mt. 4, 19, citado por BC). En este sentido el uso de la palabra ICHTHYS relacionada con la religión cristiana es fundacional.

     Pero es que, además, por si lo anterior fuese de poca relevancia, las cinco letras que forman el vocablo componen un curioso, y genial, anagrama = Iesoûs Christòs Theoû Yiòs Sotér = Jesucristo, hijo de Dios, Salvador.

 

Ichthys

 

     Esta magnífica coincidencia la anotó, por primera vez, San Clemente de Alejandría en la segunda mitad del siglo segundo (Paedagogus III c. 11, p. 106) y parecía ser tan bien entendida en esa época que recomendó su uso en sellos y anillos sin tener que dar ninguna explicación al respecto (DCA, s.v. fish). En la misma época escribió Tertuliano: “pero nosotros, pececillos siguiendo a nuestro ICHTHYS Jesucristo, nacemos en el agua” (De Baptismo Liber, 1, 3. Hay una excelente web sobre Tertuliano en la que pueden encontrarse todas sus obras en latín y en varios otros idiomas, de donde está tomada esta cita).

     En aquellos momentos, el ICHTHYS fue ampliamente utilizado y existen ejemplos de ello en las catacumbas y en multitud de lápidas sepulcrales, así como grabados en muy diferentes soportes o lugares. Al parecer, a su esencial contenido simbólico, se añadía la posibilidad de utilizarlo como contraseña al necesitar de un cierto conocimiento iniciático para su correcta interpretación.

 

Pieza de mármol en Éfeso. Puede verse la palabra ICHTHYS y unos pececillos debajo

 

     Quizás por esta razón fue cayendo en el olvido al mismo tiempo que la religión cristiana fue extendiéndose y pudiendo practicarse con mayor libertad, hasta llegar a su conversión en religión oficial, cuando otro símbolo, mucho menos críptico, la cruz, comenzó a tomar relevancia. Y por esto también, cuando hacia principios del siglo V, San Agustín hizo una referencia al ICHTHYS en De civitate Dei XVIII, 23, da la impresión de no resultarle ya tan cercano ni entenderlo de la misma manera.

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Y todo lo que escribo al día siguiente rompería

In Internet on noviembre 19, 2009 at 10:40 am

     “Una denuncia de Ramoncín precipita el cierre del canal de ‘El Jueves’ en YouTube“. Con este titular se anunció una noticia en El País del pasado 11 de noviembre. Y para mayor interés fue acompañada por un artículo de Vicente Molina Foix sobre los internautas proxenetas. No es de extrañar que los editores del diario pensasen que valía la pena acompañar la noticia de un personaje tristemente humorístico con una firma de marcado carácter cultural para contrapesar. La noticia fue ampliada un poco más tarde para recoger unas declaraciones del susodicho en las que se consideraba como una víctima de acoso, aunque, eso sí, le dolía mucho que la censura se practicase contra El Jueves porque, señalaba, “me río un huevo con ellos”. Se deduce, evidentemente, de la declaración que tales risas sólo se producen cuando El Jueves ironiza sobre “otros” y no sobre “él”.

     Pero en fin, los problemas de Ramoncín me traen al pairo, sobre todo si la empresa que ha contratado para salvaguardar su reputación en la red (manda huevos) no se mete conmigo que soy un pobre diablo (y “sé dos o tres cosas nada más”). Al fin y al cabo ¿quién coño es Ramoncín?, como dice El Jueves:  “El tío ese que iba de rebelde y luego se operó la nariz y empezó a dar la brasa con que estábamos matando la música”. Un tipo muy preocupado por La Cultura como demuestran sus múltiples apariciones en deleznables programas basura de TV.

     Lo que más me llama la atención es el artículo de Molina Foix, otro galeón imperial en lucha contra la piratería conspiradora (pueden consultarse dos entradas precedentes bajo el tema “Internet“). Y se ve que los amplios cañones de su popa, o pompa (tampoco hay tanta diferencia), disparan con enojo porque la primera lindeza que se le ocurre es llamar chulos de puta a todos los internautas. Eso sí, en términos cultos como le corresponde. Él sabrá si pertenece al colectivo de las putas, porque yo estoy seguro de no pertenecer al de los chulos (“sé con quién no debo andar”). Después, para no cansar con citas textuales, viene la ya consabida profecía del fin del mundo a manos de piratas y descuideros.

     Claro, desde ahora advierto la difícultad que entraña entenderse con alguien que cuando te ve venir, en lontananza, ya te ha identificado como pirata y ya tiene sus bancadas de cañones prestas al disparo (“que difícil es buscar la paz”). Se supondría quizás que un intelectual debería ser capaz de diferenciar entre piratas, corsarios, bucaneros y/o filibusteros, por ejemplo, y dar una oportunidad a la palabra. Pero la práctica demuestra que esto sólo vale para cuando se trata de dar una “salida de izquierdas a la crisis”, y no para cuando hablamos de sus emolumentos (entonces hasta Ana Belén se pone a hacer publicidad de un moderno crecepelo porque no llega a fin de mes. “También sé guardar fidelidad”). Vuelvo a defender, por si sirve de algo antes de que me acribillen, mientras me acerco en mi mísero esquife, que todos los creadores puedan vivir de su trabajo. Ahora bien, dejen de querer engañarnos con el sacamantecas. La cultura no está en peligro, la música no está en peligro, el arte no está en peligro, la escritura no está en peligro, el cine no está en peligro, el teatro no está en peligro. Antes al contrario, nunca tanta gente en partes tan diversas del mundo han participado tanto de estas cosas. Lo único que está en peligro son vuestras barrigas miserables, vuestros sueldos usureros y vuestra vida rapaz. Lo único que está en peligro son vuestras obras cutres, vuestro progresismo mezquino, vuestras razones sórdidas. Lo único que está en peligro es vuestra ruindad. La defensa de estos 7 adjetivos, sinónimos todos de avaricia, es vuestra única guía espiritual, sois vosotros los de la falacia pseudo-progresista (vuestra “sociedad es un buen proyecto para el mal”). 

     Señor Molina Foix (o Sr. Javier Marías, que hace unos días vino a decir que los escritores dejarán de escribir gracias a los inter-nautas, demostrando que no es difícil ser escritor y gaznápiro al mismo tiempo y en los mismos párrafos), puede que usted para crear necesite percibir 60.000, 100.000 ó 200.000 euros al año. Y puede ser que si no los gana su creatividad esté en peligro. Pero sabe lo que le digo: no se preocupe, sin su creatividad y sin su propiedad intelectual el arte de la escritura no desaparecerá mañana, y el mundo ni le cuento. Si no me cree le aconsejaré unos cuantos blogs, escritos gratis, donde hay gran literatura. Ya ve usted, quien esto le dice no es ningún pirata, ni ningún chulo. Sólo soy un pobre diablo que jamás me he bajado nada de internet.

Jacinto Pereira responde

In Local (Gerena) on noviembre 15, 2009 at 5:19 pm

     Vaya por delante mi felicitación. Y vaya en un doble sentido. Por una parte el Sr. alcalde ha mantenido un encuentro digital local (el segundo, aunque el primero fue a través de un medio de comunicación de Sevilla), y por otra ha comentado que intentará repetirlo con más frecuencia. Ambas son buenas noticias. Y lo son para todos. Para el propio alcalde (para todos los políticos diría yo), para los ciudadanos y para la democracia. No estaría de más “institucionalizar” un encuentro de este tipo cada 6 meses por ejemplo. Considero que es un tiempo y un trabajo magníficamente empleado. Y esto independientemente de que se pudiese mejorar la forma de hacerlo o cambiar más o menos su mecánica.

     Sobre las preguntas y respuestas concretas se podría escribir bastante, pero voy a centrarme, como no podía ser menos, en la cuestión que yo planteé y en la contestación del Sr. alcalde (que vuelvo a agradecerle en términos particulares, tanto por la respuesta en sí como por su forma). Ésta es una y otra literalmente:

 

2- JOSÉ MANUEL M. LIMIA
Le transcribo un breve párrafo de informaciones contenidas en mi bitácora en relación con la aparición de restos arqueológicos por los que está imputado:
En 2004, comenzando las obras de la Urbanización Jardines de Gerena, aparecen unos restos arqueológicos que un vecino pone en conocimiento de Jacinto Pereira. El alcalde lo notifica inmediatamente a la Delegación Provincial de Cultura. Por su parte la constructora también notifica los hallazgos a la autoridad competente. Se personan a inspeccionar dichos hallazgos el arqueólogo de la Delegación y otro grupo de arqueólogos oficiales (no especificado a qué administración pertenecen). Se hacen las prospecciones correspondientes por los especialistas y llegan a la conclusión de que los restos encontrados son de menor importancia y no deben afectar a la continuación de las obras.
La pregunta es: ¿cuáles son y dónde están los documentos oficiales que
demuestran esta actuación? Gracias y saludos.
Respuesta
José Manuel: Como sabrá, este asunto ha sido archivado por el juez hace varios días, que era la consecuencia lógica de una estrategia para mí inmoral del IPGE y el señor del Valle para derribarme, como dije en su día. Usted pensó entonces que yo estaba dando poca información; si lo hice así fue porque no quería seguir el juego a estas personas que han pretendido destruirme a base de mentiras y calumnias.
Toda la documentación que nos han pedido está, por supuesto, en manos de la Justicia, y es la que supongo que ha sido concluyente para el fiscal y para el juez.
Ahora que la Justicia ha hablado, confío en que se disipen las dudas que usted afirma tener y toda sombra de sospecha, porque ¿creemos o no creemos en la Justicia? Por ahí debemos empezar. Saludos.

 

     Primero contestaré a la pregunta que me realiza en su misma respuesta (aunque sea de carácter general). Evidentemente creo en la justicia y creo siempre. Esas son las reglas del juego y hay que respetarlas y defenderlas, y hay que respetar todas las reglas del juego y respetarlas siempre. No vale respetar unas sí y otras no, o unas veces sí y otras no. Por eso precisamente he escrito en mi anterior entrada: “La verdad judicial (aunque no definitiva porque la sentencia es recurrible) establece que no se ha acreditado la existencia de los restos arqueológicos y, por tanto, mucho menos que haya habido delitos de ocultación, apropiación o destrucción de ellos. Si esta sentencia no se recurre no hay nada más que añadir al respecto: Jacinto Pereira es inocente, o, mejor dicho, ni siquiera puede ser juzgado, por los temas aquí denunciados“. Bastante claro ¿no? El asunto judicial está zanjado.

     Y una vez concluida esta parte, de forma satisfactoria, aparenta como poco entendible la ausencia de todos los datos. Me parece correcto, aunque muy discutible, que usted quisiese guardar un silencio sub iudice, pero esa vertiente está liquidada y ya, por tanto, no es necesario mantener ningún secreto. Entonces, empecemos de nuevo. Usted y yo sabemos que allí había algo (yo lo sé porque usted lo ha dicho y le creo), no desde el punto de vista judicial, pero sí desde el político, el social y el cultural. ¿Por qué negarme el conocimiento de lo que había? Usted dice que no era nada importante, perfecto. Los arqueólogos dicen que no era nada importante, perfecto. Le creo a usted y, por supuesto, a los arqueólogos. Pero ¿desaparecerá el mundo mañana si yo, o todos los que estén interesados, tengo/tenemos la oportunidad de leer lo que se investigó y lo que publicaron? ¿Es una súplica descabellada? (la única, por cierto, que vengo haciendo desde el principio).

     En cualquier caso este asunto (esta discusión bizantina) empieza a cansarme, así que, por si fuese el final, repito: muchas gracias y saludos.

No existe yacimiento arqueológico en Gerena

In Local (Gerena) on noviembre 10, 2009 at 12:14 pm

     Acabo de leer la noticia y no he querido esperar nada más para comentarla en mi ciberbitácora. Según informa Europa Press y la pagina web del PSOE de Gerena el juzgado de instrucción número 9 de Sevilla ha archivado “la causa contra el alcalde de Gerena por la destrucción de un yacimiento arqueológico”. Es poca la información que ambos medios transmiten, pero he querido darme la misma “prisa” en escribir cuando se denunció el posible delito que, hoy, cuando se ha producido la absolución. La verdad judicial (aunque no definitiva porque la sentencia es recurrible) establece que no se ha acreditado la existencia de los restos arqueológicos y, por tanto, mucho menos que haya habido delitos de ocultación, apropiación o destrucción de ellos. Si esta sentencia no se recurre no hay nada más que añadir al respecto: Jacinto Pereira es inocente, o, mejor dicho, ni siquiera puede ser juzgado, por los temas aquí denunciados. Y ninguna de estas denuncias ha podido ser legalmente probada.

     En todas las entradas que he dedicado a este tema, entre los meses de marzo y abril, no hay un solo comentario de culpabilización judicial del Sr. alcalde, más bien al contrario, pero, por si acaso (es de rigor y no puedo hacer otra cosa desde mi forma de entender la vida), pido perdón si alguien (especialmente el propio alcalde, su entorno familiar o sus correligionarios políticos) se ha sentido ofendido en el sentido de que yo haya menospreciado su presunción de inocencia.

     Pero que quede claro que hablo sólo del aspecto judicial (importantísimo) del asunto, porque en el aspecto político sigo manteniendo mis opiniones mientras no se me demuestre lo contrario. Y, en esta vertiente, ningún juez puede hacerlo. Espero tener más información (no estaría de más que la web del PSOE que ha colgado junto a la noticia una foto de la primera página del auto colgara un archivo PDF con toda la sentencia) para poder emitir un juicio más certero. Pero de entrada hay algunas cosas que suenan extrañas. Ambas informaciones citan las mismas frases, y en el caso de Europa Press entrecomilladas: “no se ha acreditado la existencia de dichos restos” y “la documentación de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura impide concluir la existencia siquiera del supuesto hallazgo”. ¿? No lo entiendo, aunque quizás esté perfectamente explicado en el conjunto de la sentencia. ¿Qué documentación de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura? ¿Una documentación en la que se dice que no existe nada? ¿Entonces para qué y quién vino a hacer el estudio? ¿Qué clase de estudio se hizo? El Sr. alcalde aseguró que se había llamado a arqueólogos (él y la constructora) ¿para qué? ¿Cuándo? ¿Cómo no se pueden confirmar las fechas? Insisto, las preguntas que quedan en el aire a nivel político son muchísimas y en cuanto pueda aclararlas lo haré.

     Por otro lado están los instigadores de la denuncia, los testigos o los que proveyeron de documentos o información. Éstos quizás deberían dar también una explicación a la ciudadanía. Sobre todo porque, en el caso de IPGe, empiezan a acumular los despropósitos judiciales. Estoy completamente convencido de que en democracia las formas son, al menos, tan importantes como el fondo, y que hay que vigilar todos los procedimientos y hacer que se cumplan escrupulosamente. Pero no te puedes equivocar impunemente con redundancia y no puedes hacerlo, sobre todo, cuando judicializas la vida política y pública. Si hay que denunciar ante el juez algo hay que hacerlo, pero si todas tus denuncias judiciales son archivadas recurrentemente parecería que estamos tratando con necios o con ineptos (entiéndase en términos coloquiales y sin intención de ofender). Ninguno de los dos supuestos son favorables para quien quiere dirigir una comunidad.

     Continuará (supongo) …

Por tres veces hubimos llamado

In Cultura on noviembre 9, 2009 at 9:37 am

     Esta invocación es la más antigua que yo conozco directamente al respecto, y no me proponen las fuentes que manejo ninguna más pretérita. La subrayé, en una edición barata de la Odisea, junto con este párrafo: “y mis combos bajeles se hicieron al mar sólo cuando por tres veces hubimos llamado uno a uno a los tristes que en el campo de los cícones dieran su vida” (ODISEA IX, 64-66). Es casi seguro que el subrayado se debió a que ya conocía la huída de Dédalo e Ícaro del laberinto del Minotauro, cuya trágica parte final, contada por Ovidio, es ésta: “Por su parte el desdichado padre, que ya no era padre, “Ícaro”, grita llamándolo, “Ícaro”, lo llama a gritos, ¿dónde estás? ¿Y por qué zona del cielo vuelas?, “Ícaro”, a gritos lo llamaba, y vio las plumas sobre el agua” (OVaa II, 93 y ss.; también en OVmet VIII, 231-233). Y, sobre todo, conocía la nota a pie de página que había incluido Vicente Cristobal López, el anotador y traductor del volumen:

 

La anáfora triple del nombre propio en una circunstancia fúnebre como ésta, recuerda el rito romano de llamar por última vez a los difuntos (conclamatio), repitendo tres veces su nombre (OVaa, 56, n. 20)

 

     Así que incluí el latinajo en mi “Índice Temático” y hoy, repasando otra cosa, me lo he topado con varios datos más que me permitirán enmarañar esta entrada.

     Conclamatio significa “un grito fuerte” o “la llamada de muchas personas juntas” (LD), a partir del verbo “conclamo = vocear” (NDLEE), y su explicación en este contexto no está completamente libre de dificultades, aunque entre las tres que plantea el Dictionary of Greek and Roman Antiquities: un grito aislado tras el fallecimiento; las lamentaciones de los presentes con gritos y exclamaciones, repitiendo el nombre del difunto; y “la llamada al fallecido pronunciando su nombre tres veces, con el fin de asegurarse de su muerte por la falta de respuesta” (DGRA, s.v. funus), nos quedaremos con esta última. Y ello por dos razones esenciales. En primer lugar porque las otras dos explicaciones son tan simples y naturales que no requerirían de una denominación específica. Pero en segundo lugar, y sobre todo, porque ya conocemos que esa triple llamada tiene sus antecedentes en el segundo milenio a. de C. griego, es decir, arrastra una larga historia. Es de notar, en contra de esta opinión, sin embargo, que ni DGRA, ni Daremberg y Saglio (en su monumental obra) incluyen este lema individualizado y que estos últimos traten la conclamatio como una simple apelación al difunto, sin mayor transcendencia (DARSAG, s.v. funus). Otro elemento dudoso es que a la conclamatio se la acompañase, o no, con el toque de cuernos y trompetas, como aparece en la imagen inferior.

 

conclamatio

Dibujo de una conclamatio. A partir de un bajo relieve del Louvre

 

     Afortunadamente tenemos la ayuda del profesor de filología latina de la Universidad de Sevilla, Daniel López-Cañete Quiles, que en un artículo cita varias fuentes y, sobre todo, varios ejemplos de esa fórmula ternaria: “Algunos estudiosos han considerado que en la conclamatio se repetía tres veces el nombre del difunto. En realidad, las fuentes no nos permiten determinar la frecuencia; sólo sabemos que la ceremonia comenzaba a realizarse desde que se cierran los ojos del muerto repitiéndose a intervalos hasta la inhumación o cremación (…); aunque no hay datos que lo certifiquen, es verosímil que la última conclamatio, efectuada inmediatamente antes de meter fuego a la pira, consistiera en una invocación triple (…). Suele considerarse que, una vez enterrado o quemado el difunto, tenía lugar una última despedida, en la que se pronunciaba el nombre asociado a una fórmula ternaria de adiós” (QUILES, 203).

     El formato de la triple invocación se repite por doquier. Aparece otras veces en las Metamorfosis de Ovidio (aparte de la ya citada); aparece, justo al final, en las Geórgicas de Virgilio; aparece en la poesía romana, por ejemplo varias veces en Catulo; aparece en epitafios fúnebres; DGRA señala que se mantiene la tradición en el Vaticano, y los Papas son llamados tres veces por su nombre de bautismo en el lecho de muerte (también está en QUILES, 203); en mi “Índice Temático” tengo anotado, sin fuente y sin confirmar, que desde 1600 a 1800 la comprobación jurídica de la muerte se hacía a través de este sistema, por el que el notario invocaba tres veces el nombre del difunto; en una curiosa novela con la que me topé una vez, titulada The Burning of Rome de Alfred John Church publicada en 1912, leí esta curiosa nota, que tampoco he podido confirmar: “La Conclamatio era una ceremonia en la que el nombre del fallecido se gritaba en voz alta tres veces. Es todavía observada en el entierro de los Reyes de España” (CHURCH, 298, n. 1); …

     Así que, aparte de otras posibles teorías (como la de asegurarse de la muerte, expuesta por Plinio el Viejo en su Historia Natural, y puesta en duda por DARSAG), quiero destacar aquí que esta invocación tenía un evidente carácter laudatorio y de honor por la que se recordaba al muerto, se invocaba su bonhomía y se le daba eterna sepultura, un deber casi sagrado en la antigüedad: “… en ellas, dice significativamente Ausonio, la triple repetición del nombre hace las veces de sepultura” (QUILES, 204).

     La última utilización que voy a definir se encuentra en Macbeth. En la escena I del acto IV hace Shakespeare un uso extensivo de este antiguo rito. La acción se sitúa en el momento que Macbeth ha decidido ir a consultar a las brujas por su futuro y éstas invocan a una “sombra” para que se lo revele. Dice la bruja 1ª: “Tres veces ha mayado el gato”; dice la bruja 2ª: “Tres veces se ha lamentado el erizo”; repiten todas las brujas (3) tres veces el mismo hechizo: “Aumente el trabajo; crezca la labor; hierva la caldera”; y, por último, cuando aparece la sombra de un niño cubierto de sangre dice: “Macbeth, Macbeth, Macbeth” (cito por SHAKEStp, 205-207).

 

macbeth_brujas1

Las tres brujas de Macbeth en una representación de la ópera de Verdi.

 

     Es indubitable que Shakespeare conocía perfectamente el rito y su significado. En los tres primeros casos lo utiliza como fórmula de invocación, de honor, a un muerto, a un ser del más allá, y en el cuarto caso como un augurio: de la triple anáfora debe inferirse que Macbeth está ya muerto, como sucederá, en efecto, al acto siguiente. Hermosa y culta prolepsis del inglés.