Pues a fe, señores míos ...

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De Knossos al Pantocrátor

In Pintura on abril 27, 2009 at 8:42 am

 

 

Palacio de Knossos. Creta. Siglo XV a. de C.

Palacio de Knossos. Creta. Siglo XV a. de C.

 

     No sé si ya lo apunté, pero dentro de la inmensa Historia del Arte hay un apartado que me emociona por encima de todos los demás: la pintura antigua. En un desastre que no tiene parangón con ningún otro período y con ningún otro arte, la pintura del I milenio a. de C. y del I milenio d. de C. nos es prácticamente desconocida. Son dos mil años de desierto en el que cualquier mínima poza que se adivine supone un soplo imprescindible de vida. Dicho así, a secas, ya parece catastrófico, pero si tenemos en cuenta que en este amplio período además se asentarían las bases de lo que sería la pintura de los siguientes dos mil años, la pérdida se hace superlativa e incalculable. 

     Esta historia empieza, o mejor dicho se acaba, en la Edad del Bronce Egeo, cuando los príncipes de la Ilíada y, sobre todo, la gran potencia vecina Creta (que no tuvo la suerte de parir a un Homero anónimo), adornaban sus casas y palacios con magníficos frescos cuyos restos aún hoy día nos sobrecogen. 

 

Reconstrucción ideal del interior del megaron del Palacio de Néstor en Pilo

Reconstrucción ideal del interior del megaron del Palacio de Néstor en Pilo

 

     Como esta hermosísima “Dama con píxide” del Palacio de Tirinto. 

 

Dama con píxide. Palacio de Tirinto

Dama con píxide. Palacio de Tirinto

 

     O como esta escena de navegación en Akrotiri, una isla egea que en el II milenio a. de C. sufrió una desgracia (increible suerte para nosotros) similar a la de Pompeya. 

 

Akrotiri

Akrotiri

 

     Por cierto que las pinturas de Akrotiri (antiguamente Thera), mucho menos conocidas que las de Knossos a nivel general, son de una belleza tan extraordinaria que merecerían una entrada separada. Después, ya está dicho, el desierto hasta prácticamente el siglo IX d. de C. con algunos códices iluminados y alguna pintura mural prerrománica. Podríamos decir, por fijarnos en un solo hecho sustancial y magnificente, que el incio de la nueva historia de la pintura lo marca el pantocrátor del ábside de la iglesia de Sant Climent de Taüll. 

 

Ábside de Sant Climent de Taüll. Principios del siglo XII. En el Museu Nacional d'Art de Catalunya

Ábside de Sant Climent de Taüll. Principios del siglo XII. En el Museu Nacional d'Art de Catalunya

 

     Pueden repasarse las fechas de la primera imagen y de esta última: siglo XV a. de C. frente a siglo XII d. de C. Lo dicen todo. E incluso las propias imágenes dicen mucho más no sólo del tiempo, sino de los cambios que la misma sociedad sufrió en ese tiempo.

     Ahora bien, el desierto no es la nada. En este enorme lapsus temporal hay vidas, hay pozas, que, precisamente por escasas merecen nuestra mayor atención. En primer lugar está la pintura egipcia que nunca paró su producción. Le dedicaremos una entrada próxima; en segundo lugar está la pintura griega con una obra cumbre de la que ya he escrito unas cuantas entradas: La Tumba I de Vergina y, en general, las conocidas como tumbas macedónicas. En el futuro concluiré esta exposición; en tercer lugar estaría la pintura mural de las tumbas etruscas; en cuarto Paestum; en quinto lugar tenemos el milagro de Pompeya y los restos fragmentarios de pinturas romanas esparcidos por el mundo; y en sexto lugar (¡sorpresa!) tenemos una obra cumbre de la historia de la pintura. Tomados individualmente nos encontramos con obras magníficas, pero tomados en conjunto representan un corpus casi inigualado y, desde luego, definidor de la importancia del arte y de su espectacularidad: Los retratos de El Fayum.

Pan y circo

In Actualidad on abril 24, 2009 at 5:37 pm

     Hay poco que comentar, sólo pinchar en cada imagen para verla más grande. La primera es del 11 de enero del 2009, la segunda de hoy mismo 24 de abril de 2009. Y ambas del diario El País (nada sospechoso). Por cierto la “adivinación” del tal Corbacho era para todo el año 2009 y sólo han pasado tres meses. 

 

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     No soy especialmente pesimista, pero va a hacer falta pan y, sobre todo, muchísimo más circo. O igual es que ya todos, en efecto, somos imbéciles.

Memoria de los hombres

In Cultura, Historia on abril 23, 2009 at 12:44 pm

     ¿Cuántos libros se publicarán hoy en España celebrando el día del libro? Y, por contra, ¿cuántas ciberbitácoras se llenarán este 23 de abril de 2009 con el esencial motivo de ensalzar al “libro”? No puedo conocer las respuestas a estas preguntas, pero me atrevo a aventurar que la primera podría resolverse con ninguno (o algunas unidades), mientras la segunda requerirá el empleo de unidades de millar para contabilizarla. En una sociedad tan fetichista y apegada a lo material como la que habitamos quizás no debería extrañarnos, aunque parece una gran paradoja. 

     Recuerdo que una vez me visitó en los Zarzalejos un vendedor de Espasa Calpe con la intención de venderme la famosísima Enciclopedia Espasa (ésa de más de 100 volúmenes). Acababa de comprar un libro sobre “Los retratos de El Fayum” en una edición especial (y muy cara) de la misma distribuidora y eso les puso sobre la pista. El vendedor no sabía que tener esta enciclopedia es uno de mis sueños (todavía inclumplido) desde hace mucho tiempo. Llegó a casa y al entrar en el estudio se le iluminó la cara: 

– Este tipo compra seguro -pensó-. 

Pero en mi cuarto de estudio, ese día, como hoy, entre no sé cuántos libros (llevo años intentando catalogarlos en una base de datos sin demasiada convicción) había un ordenador. Me acerqué a él, e invité al vendedor a admirar la prestigiosa Encyclopaedia Britannica vía web. 

– Si me asegura que no encontraré la Espasa en CD-ROM en los próximos años por 30 euros compro los volúmenes -le dije-. 

Aquello acabó, tras unos largos minutos de forcejeo, con un insultante 

– Tú no eres un bibliofilo, eres un informático 

por parte del vendedor y su salida apresurada de Zarzalejos y de Gerena. 

     Aquel hombre no sabía que yo no era bibliofilo, en efecto, ni informático y que, al respecto, lo único que soy es amante de las letras. De la escritura. En los últimos, puede que, 30 mil años el hombre sólo ha hecho un descubrimiento esencial: la escritura. Piensen y comparen con cualquier otra cosa descubierta y/o inventada por el ser humano y llegarán a la conclusión de que no hay nada similar. O, lo que todavía es más apabullante, descubrirán que casi todas las cosas en las que piensen dependerán, más o menos directamente, de la escritura. Pero, que yo sepa, no existe un “Día Mundial de la escritura”, aunque sí del libro. Es una metonimia muy contemporánea: redefinir las cosas hacia su sentido material y consumible. 

     Tengo en mi biblioteca un magnífico libro (es uno de esos tan amados por las imprentas anglosajonas como descalificados por las hispanas que los consideran infantiles), cuyo título es: La escritura, archivo de la memoria. Su título original, en francés, es, sin embargo: L’écriture, mémoire des hommes. Esto es en efecto la escritura, la memoria. Si, por fortuna, estamos libres de 

se pagará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe (Éx 21, 23-25) 

es porque está escrito y su memoria permanente, transmitida a todos los rincones del mundo, nos hace hoy más humanos. Los romanos, pendientes de todo como siempre, tenían una condena extrema que sólo podía aplicar el Senado: la damnatio memoriae = condena de la memoria. Consistía en la práctica en borrar el nombre del condenado de todas las inscripciones (todas) existentes para aparentar así su inexistencia. Fue lo que sucedió, por ejemplo, con la moneda de la fotografía siguiente. 

 

Moneda romana

Moneda romana

 

Se puede observar en la parte inferior derecha del reverso que hay unas letras borradas, se trata del nombre de Lucio Elio Sejano, condenado a damnatio memoriae tras conspirar contra el emperador Tiberio en el 31 d. de C. Lo mismo hizo su hijo con la faraona Hatshepsut mil quinientos años antes. Y los ejemplos pueden multiplicarse. 

     Se imaginan ustedes que la escritura hubiese sido condenada a damnatio memoriae en algún momento de la historia. Inimaginable ¿verdad? No me importa leer sobre una piedra, sobre una placa metálica o sobre papel. Y echo de menos cada a día que el zángano de Pelayo escriba en una pantalla. Lo que me interesa es la escritura, el soporte mucho menos. Así que feliz día del libro.

S T T L

In Local (Gerena) on abril 14, 2009 at 8:17 pm

     Ya me parece suficiente. Ha pasado la fase homo ludens y ha pasado más de 1 mes. Es tiempo bastante para preparar una explicación justa y completa. Es tiempo suficiente para que usted, Sr. Jacinto Pereira Espada, haya tenido la amabilidad de responder a mis justos requerimientos. Es lo que tiene ser un alcalde elegido democráticamente, y serlo en la España del siglo XXI. Usted tiene todos mis respetos democráticos por dicha elección y por haberla conseguido, además, con mayoría absoluta. Pero junto con ese respeto tiene la misma obligación democrática de ser fiel a la verdad y de atender los requerimientos de sus ciudadanos. Sin embargo es obvio que esta segunda parte no le interesa. 

     Así que, por lo que a mí respecta, Sit Tibi Terra Levis. Con toda la carga simbólica, explícita e irónica que esta fórmula contiene aquí y ahora. No deja de ser esperpéntico que este verso que, con seguridad, llevaría alguna de las lápidas que usted ha enterrado en Jardines de Gerena vaya a ser su texto lapidario como político. 

     Usted me ha mentido. Ha mentido a todo el pueblo. Y, desde mi punto de vista, la mentira es una grave tara para cualquier persona, pero para un político es letal. Debe ser letal. Por pura higiene social y de sentido común un político que miente es un político peligroso. Un político que debe ser desalojado de cualquier responsabilidad pública de inmediato. Sólo una sociedad enferma puede convivir con representantes políticos que le mientan. Y no hablo de mentiras piadosas, de promesas incumplidas o de lícitos cambios de pareceres. Hablo de mentiras burdas, agresivas hasta la violencia, alevosas, calumniosas y procaces. Ni todas las obras que usted pudiera hacer en 100 años son comparables a haber enterrado la ciudad de Tartessos que ha esperado durante más de dos mil que alguien digno la descubriese. La desgracia que ha supuesto para el pueblo de Gerena que usted volcase toneladas de hormigón sobre el futuro de este pueblo no es comparable siquiera a un terremoto, a una guerra o a una epidemia. Porque en cualquiera de estas posibilidades seríamos ahora, al menos, amados y ayudados por miles o millones de personas de todo el mundo, en vez de ser el hazmerreír de un rincón de la provincia y de unos pocos despachos oficiales. 

     Usted menosprecia al conjunto de la ciudadanía que representa. Cuando nos cuenta que se descubrió un yacimiento arqueológico y que fueron llamados arqueólogos sin mostrar el o los documentos que lo prueben usted, en la práctica, nos está tomando a todos por imbéciles. Incluyendo a sus compañeros/familiares de la Corporación a los que deja con el culo al aire sin el más mínimo sonrojo. Por eso será que ni Esther Pereira Benítez (cultura), ni Álvaro Arias Nogales (comunicación), ni María José Polo Carrasco (turismo), ni Javier Fernández Gualda (desarrollo local) tienen nada que decir. Y eso a pesar de que a todos ellos esta noticia debería haberles hecho inmensamente felices, porque nunca tendrán en sus respectivas áreas un tema más importante por el que trabajar. 

     S T T L. Acabo. No tengo más que decir porque, en definitiva, usted es quien tiene el poder. Aunque la mentira, y el menosprecio, deslegitiman incluso a un poder democrático o, mejor dicho, sobre todo a un poder democrático.

Homo ludens

In Arte, Cultura on abril 8, 2009 at 8:48 pm

     Una de las cosas buenas que tienen las concentraciones culturales más populares, que aquí, en el sur, normalmente vienen acompañadas de importantes concentraciones humanas (eso que llamamos “bulla”), es que puedes encontrarte con mucha gente que, por lo general, no ves muy a menudo. Ayer martes, en la procesión de abajo, como todos los años, me ocurrió esto. Y es motivo de alegría. Así que esta mañana, de cielo azul y temperatura óptima, me he levantado con ganas de escribir algo que desengrasara el ácido sabor que tienen las últimas entradas de esta bitácora muy preocupadas, con toda razón, por la arqueología, y los restos, quizás espléndidos, del pasado. Digamos que me apetece un paréntesis, aunque quienes me conocen saben que hasta que no entiendo lo que quiero soy bastante tozudo. 

     En estas tesituras suele ocurrirme que, a diferenecia de casos conocidos, se me agolpan las ideas y los asuntos y no consigo hilvanar ningún discurso coherente salvo el de la multiplicación.

     Y recordé entonces el magnífico libro de Huizinga: Homo ludens, cuyo título ya me sorprendió en su momento. Eugenio Imaz traduce la locución latina como “el hombre que juega” (HUIZINGAhl, 7) y qué sino un enorme juego fue ayer tarde Gerena. Cuando compré el estudio de Huizinga, a finales del siglo XX, ya llevaba un tiempo pensando en la escasa importancia que los historiadores de todos los tiempos han otorgado al juego y a la broma como motores del desarrollo cultural e histórico. De hecho me hubiese gustado escribir a mí lo que el historiador holandés subrayó en las primeras letras de su ensayo: las designaciones de homo sapiens y homo faber, por separado, son inconvenientes y mezquinas y sólo ambas unidas (junto a la de homo ludens) pueden darnos, quizás, una visión mínimamente global del ser humano. Pero no conozco a ningún historiador, arqueólogo, historiador del arte, antropólogo, … que haya atribuido nunca una obra de arte antiguo al juego o a la broma. El propio Huizinga señala que “en la cultura arcaica la obra artística ocupa su lugar, sobre todo, en el culto, ya se trate de una construcción o de una imagen, de un vestido o de armas artísticamente labradas” (HUIZINGAhl, 198). Pondré un ejemplo. 

 

Figura masculina de bronce  procedente de la provincia de Cádiz y del I milenio a. de C.

Figura masculina de bronce procedente de la provincia de Cádiz y del I milenio a. de C. Altura 6 cm.

 

     El historiador explica así la estatuilla: “figura masculina, sentada, de rasgos esquemáticos, sin detalles anatómicos, con brazos desproporcionadamente largos, que sujeta con la mano derecha el miembro viril, erecto, desmesurado, en actitud de masturbarse, y esconde la izquierda debajo del muslo de este lado. El rostro enjuto, ofrece una expresión severa, de mirada frontal, con ojos circulares, de tipo “pastillés”. Cubre su cabeza con un gorro plano, una especie de boina, y se peina con dos largas trenzas que pasan al pecho por encima de los hombros” (PBOEI, 72). Quizás con el dibujo puedan apreciarse mejor los detalles. 

 

Dibujos frontal y lateral de la figura anterior

Dibujos frontal y lateral de la figura anterior

 

     Pues bien, la interpretación que el mismo historiador ofrece de la turbadora representación es la siguiente: “Con ritos de fecundidad, derivados quizá de problemas de impotencia (…) Son una prueba de la permanente preocupación del hombre por su poder creador, del que se sabe sujeto activo, pero al que reconoce no ser capaz de dominar (…) la expresión de un deseo de petición, de entrega, de agradecimiento (…) No hay interés por plasmar la realidad, los detalles del cuerpo, sino la interioridad, la actitud del espíritu” (PBOEI, 71-73). Debo decir que ni entiendo ni comparto, en absoluto, esta rebuscadísima interpretación, acorde con otras muchas parecidas, como las del afamado Leroi-Gourhan para el arte parietal paleolítico. Ya entiendo que interpretar esta obra como el resultado de un juego o una broma no aparenta ser muy científico. Nada comparado con el culto, con los ritos y con la magia. Pero cada vez que miro a la cara del bronce, no puedo dejar de sonreír y suponer a un escultor cachondo trabajando para una noche de juerga con los amigos. Sobre todo cuando sabemos que, por ejemplo, los griegos se afanaron en estos asuntos supuestamente marginales y cuya atribución es difícil no achacar al juego. 

 

de figuras rojas con escena de juego sexual

Oinochoe de figuras rojas con escena de juego sexual. Siglo V a. de C.

 

     Pero el libro de Huizinga es sorprendente por otros varios motivos. Verbigracia, de la página 123 puede extraerse esta sorprendente cita: 

     La tendencia congénita a ser el primero empuja a los grupos unos contra otros y puede llevar, en loca exaltación, a alturas nunca alcanzadas de ceguera y aturdimiento. Ya sea que se reconozca la doctrina anticuada que considera a las condiciones económicas como la fuerza motora de la historia, ya sea que se apele a nuevas filosofías para dar forma y nombre a aquella tendencia congénita, siempre se tratará de un puro querer “ganar”, aunque bien sabemos que este ganar ya no puede ser ninguna “ganancia”. 

     Cuán relacionado con la situación que ahora vivimos. ¿No es cierto?. Descansemos, en fin, esta semana y disfrutemos del homo ludens que todos llevamos dentro. Después será tiempo para la seriedad e incluso la tragedia.