Pues a fe, señores míos ...

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Los 85 de Lazkao contra los que vienen armados

In Actualidad, Política on febrero 25, 2009 at 2:52 pm

     El gran Ovidio nos regaló este comentario en un libro tan, en principio, poco propicio para ello como el Arte de amar: “En mi opinión está permitido responder al engaño con engaño, y la justicia consiente tomar las armas contra los que vienen armados” (OVaa, 111). Como a NOTON, me llamó la atención ayer la noticia del ciudadano de Lazkao que atacó la sede de una herriko taberna tras una concentración de repulsa contra la bomba que, en esa misma localidad, destruyó La Casa del Pueblo del PSOE un día antes (noticia en El País). 

     No estoy completamente seguro, pero creo que es la primera vez que escucho algo parecido y me siento tímidamente feliz por ello. No necesito ser políticamente correcto y, además, por lo general odio serlo. La timidez sólo se debe a que me temo que esta acción no será seguida por nadie más en mucho tiempo. Ya se encargarán todos los implicados de que así suceda. Para empezar el alcalde de la localidad, que se apresuró ayer mismo a comprender la situación por la que está pasando Emilio G. (el atacante de la herriko taberna, que vivía en una casa por encima de la sede atacada y que también quedó destrozada), pero que rechazó los medios que ha utilizado y pidió a todos los habitantes de la localidad que den la espalda a la violencia. Manda cojones. Y detrás del alcalde vendrán todos los políticos de todos los partidos porque, en el fondo, para ellos, el juego es el mismo: sean del color que sean si hay algo que teme un político actual es a la Sociedad Civil. Y todos se encargarán de mantenerla desactivada. Hace años, decenios, que defiendo que la única solución al “problema vasco” vendrá por la acción de la Sociedad Civil y que cualquier otra solución a la que pudiera llegarse será mala (negociación) o será parcial (policía). 

     El primero en distinguir filosóficamente entre el Estado y la Sociedad Civil fue Hegel, que reconoció con claridad tres instancias éticas de interacción humana: aquella en la que la sangre y el afecto mutuo es el fundamento de los vínculos intersubjetivos (la familia); el ámbito de las relaciones socioeconómicas desarrolladas en el mundo del trabajo y del mercado (la Sociedad Civil) y los espacios de deliberación y decisión políticas (el Estado). Para Hegel la Sociedad Civil trata del espacio en el que se plantea el conjunto de conflictos de interés y necesidades, y de los vínculos pre-políticos de solidaridad particular y pública. Pero el verdadero definidor del término moderno fue el imponente Alexis de Tocqueville, que, ahora que se habla tanto de educación para la ciudadanía, debería ser lectura obligada en los colegios. Para Tocqueville, la Sociedad Civil es el conjunto de instituciones cívicas y asociaciones voluntarias que median entre los individuos y el Estado. Se trata de organizaciones que se configuran en torno a prácticas de interacción y debate relacionadas con la participación política ciudadana, la investigación, el trabajo y la fe. Las Universidades, los colegios profesionales, las organizaciones no gubernamentales, las comunidades religiosas, etc., son instituciones de la Sociedad Civil cuya función consiste en articular corrientes de opinión pública, de actuación y deliberación ciudadana que permita hacer valer las voces de los ciudadanos ante el Estado en materia de vindicación de derechos y políticas públicas. Ellas buscan configurar espacios públicos de vigilancia contra la concentración ilegal del poder político y/o económico. Pero también, y este aspecto es fundamental, frente a ciudadanos que no cumplan con los requisitos de “civilidad” exigibles en esa sociedad. Hace decenios que la Sociedad Civil está en franco retroceso (incluso en Estados Unidos) y triunfa un peligro que también apuntó Tocqueville: el individualismo. Es el “fin de la cultura pública” como señala Richard Sennet. Y, por tanto, no funciona la teoría del “interés bien entendido” de Tocqueville ni la “norma de reciprocidad generalizada” que desarrolló Robert D. Putnam siguiendo al francés. 

     Frente a terroristas locales, mafiosos, estorsionadores y violentos, la mayoría de la Sociedad Civil debería tener algo que decir. Si frente a los 15 abertzales de Lazkao se pusiesen los 85 componentes de la Sociedad Civil (según los mejores resultados electorales de las formaciones que defienden el uso de la violencia), si no los dejasen moverse, si los obligasen a hablar, si los aislaran socialmente, si, llegado el caso, le destrozasen sus locales de reunión, estaríamos mucho más cerca de una buena solución al asunto sin dejar el problema en manos del Estado. Porque, primero, estamos ante una cuestión de “vínculos pre-políticos”. El Estado debe defender a los ciudadanos de aquellos que delinquen, pero la Sociedad Civil debería autodefenderse de los que conculcan la “solidaridad particular y pública”. No estoy defendiendo la violencia ni, mucho menos, una violencia indiscriminada, sólo estoy recordando a Ovidio y a algunos grandes clásicos que, por cierto, estaban muy en contra de cualquier cosa que sonase a violento. Estoy abogando por dos derechos al lado de los cuales nadie, ninguno de nosotros, debería pasar sin defenderlos: el derecho a la libertad y a la vida. 

     Pero “Los 85 de Lazkao”, no irán a ningún sitio ni resolverán ningún problema, porque no lo tienen ¿?. El problema es de Emilio G. y del Estado. Y así nos pinta. Bien, yo estoy con Emilio y apoyo sin reservas lo que ha hecho. Es más, exhorto a los 85 del próximo pueblo donde se ponga una bomba a que vayan a la herriko taberna correspondiente y la destrocen todos juntos.

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Intercambiamos casi tantos golpes como ideas (Futurismo II)

In Arte on febrero 23, 2009 at 1:19 pm

     Quedó claro en la primera entrega que los futuristas eran, sobre todo, nítidos provocadores. Y así, cuando en abril de 1910 presentaron su “Manifiesto Técnico de la Pintura Futurista” (MFPT), empezaron reconociendo que dos meses antes, al defender sus primeros argumentos sobre la pintura en un teatro de Turín, acabaron intercambiando casi tantos golpes como ideas con los asistentes. Pero además de provocar, también había que pintar. A las grandes masas, a la vibración nocturna de las lunas eléctricas, a las fábricas, a las estaciones y las locomotoras, a los aeroplanos y a las revoluciones polifónicas cantadas por Marinetti. Y había que hacerlo teniendo en cuenta que “nuestra creciente necesidad de verdad ya no está satisfecha con la forma y el color  tradicional. Nuestra pincelada no será más un momento fijo del dinamismo universal: será, decididamente, la eterna sensación dinámica misma” (MFPT). A este respecto habría que recordar que el libro escrito en 1914 por Umberto Boccioni: Pittura, scultura futuriste (Dinamismo plastico) quería ser expresión de una “vanguardia antitradicional y antiracional que debía rejuvenecer Italia y el mundo exacerbando su velocidad espiritual” (FDFPS, 1). 

     Giacomo Balla era el primogénito de los que firmaron el Manifiesto Técnico y el que primero se puso manos a la obra. Ya en 1909 firmó un cuadro que bien pudiera ser considerado como el primero de la pintura futurista. 

 

BALLA. La farola. Estudio de la luz (1909). Óleo sobre lienzo, 174,7 x 114,7 cm. MoMA, New York.

BALLA. La farola. Estudio de la luz (1909). Óleo sobre lienzo, 174,7 x 114,7 cm. MoMA, New York.

 

     La obra es una mezcla de todos los “ismos” de finales del siglo XIX. Pero aparecen en ella una farola y la luna (“la vibración nocturna (de las) lunas eléctricas”). ¿O quizás una farola, el sol y la luna?. No estoy completamente convencido de que la bombilla de la farola no sea el sol. O sea, la luz eléctrica y la naturaleza en plano de igualdad. La solidificación de esa luz son decenas de agudas cuñas pintadas de rojos, amarillos, violetas, azules, … que transmiten a la vez sensación de movimiento infinito y de velocidad (características, por cierto, innatas a la luz). Puestos ante esta explicación el lienzo de Balla es otro manifiesto. 

     ¿Cómo podrían representarse las ideas futuristas de otra forma?. En 1912 Balla halló otro escenario. “Habida cuenta de la persistencia de una imagen sobre la retina, los objetos que se mueven constantemente se multiplican a sí mismos” (MFPT). Y encontró en la repetición una forma, quizás demasiado simple, de multiplicación. 

 

BALLA. Muchacha en el balcón (1912). Óleo sobre lienzo, 125 x 125 cm. Civico Museo d'Arte Contemporanea, Milán.

BALLA. Muchacha en el balcón (1912). Óleo sobre lienzo, 125 x 125 cm. Civico Museo d'Arte Contemporanea, Milán.

 

     Pintó varios cuadros más con estas características: La mano del violinista, Dinamismo de un perro con su correa (quizás su obra más conocida), etc. Además, por esta circunstancia, las cosas, los objetos, las figuras, “se deforman, como las vibraciones, en su loca carrera. Así pues, un caballo corriendo no tiene cuatro patas, sino veinte, y sus movimientos son triangulares” (MFPT). 

 

CARRÀ. El caballero rojo (1913). Témpera y tinta sobre papel de tela. Civico Museo d'Arte Contemporanea, Milán.

CARRÀ. El caballero rojo (1913). Témpera y tinta sobre papel de tela. Civico Museo d'Arte Contemporanea, Milán.

 

     Carlo Carrà ilustra perfectamente esta idea con su magnífico Il cavaliere rosso. Esta sí, una forma mucho más acabada que la de Balla. 

     Por otra parte, los futuristas querían implicar a toda la sociedad en el cambio que propugnaban (no trataremos aquí de su relación con la política y de sus contradicciones sociales) y esto también debería reflejarse en sus composiciones: “La construcción de los cuadros ha sido hasta ahora tontamente tradicional. Los pintores nos han mostrado siempre los objetos y las personas delante nuestra. Ahora vamos a poner al espectador en el centro del cuadro”  (MFPT). 

 

CARRÀ. El funeral por el anarquista Galli (1911).

CARRÀ. Funeral del anarquista Galli (1911). Óleo sobre lienzo, 198,7 x 259,1 cm. MoMA, New York.

 

     También Carlo Carrà lo consiguió en este Funerali dell’anarchico Galli, donde parece que estamos todos, y que está el mundo, asistiendo, de espaldas, pero dentro del cuadro, a una revolución total y absoluta de la que participamos. 

     El líder espiritual del movimiento, Umberto Boccioni, se trajo al nuevo estilo la técnica divisionista aplicada por él en obras anteriores. “Llegamos a la conclusión natural de que la pintura no puede existir hoy sin divisionismo. Éste no es un medio técnico que pueda ser aprendido y aplicado. El divisionismo, para el pintor moderno, debe ser una complementariedad innata que declaramos esencial y necesaria” (MFPT). 

 

BOCCIONI. La ciudad se levanta (1910). Óleo sobre lienzo, 199,3 x 301 cm. MoMA, New York.

BOCCIONI. La ciudad se levanta (1910). Óleo sobre lienzo, 199,3 x 301 cm. MoMA, New York.

 

     En La città che sale, esta técnica divisionista se pone al servicio de una nueva visión del paisaje urbano, típicamente futurista. En este momento no conozco ninguna representación anterior parecida del universo urbano, en la que se mezclen hombres, animales, máquinas y edificios en un torbellino de puntos, o pequeñas pinceladas, de color que deseen expresar todo El Tiempo, con mayúsculas, que va desde los alados Pegasos a las modernísimas construcciones hidráulicas (el tiempo histórico, pero, sobre todo, el tiempo mental que, en principio, va del mithos al logos). Porque, en el forndo, lo que de verdad querían representar todos estos artistas (y otros muchos) era de una dificultad extrema. En un elemento de sólo dos dimensiones (alto y ancho), como un lienzo, pretendían plasmar no sólo la tercera dimensión (profundidad), que ya estaba en el acervo artístico desde hacía milenios, sino una cuarta: el tiempo. Y ¿cómo representar el tiempo en un soporte plano?. 


Hablando de Futurismo …

In El blog on febrero 21, 2009 at 3:11 pm

     Pues nada, he decidido cambiar el “tema” de la ciberbitácora. Éste me parece más limpio, me gusta que tenga mayor anchura de línea y que los enlaces sean más visibles. Así, creo, es más fácil de leer. 

     Saludos.

Un automóvil es más bello que la Victoria de Samotracia (Futurismo I)

In Arte on febrero 18, 2009 at 8:00 pm

     La frase completa es ésta: “un automóvil rugiente, que parece correr como la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia” (MF), y todavía suele levantar ampollas. Nunca antes nadie se había atrevido a expresar algo parecido. La rotunda provocación fue escrita hace exactamente hoy 100 años por Filippo Tommaso Marinetti, un italiano que nació en Egipto, se educó en París y murió a la edad de 68 años cuando, de haber sido fiel, como Boccioni por ejemplo, debería haber muerto unos 30 años antes. Todo está publicado en la primera página del diario “Le Figaro” el sábado 20 de febrero de 1909. El título del artículo era: Le Futurisme (El Futurismo). 

 

Portada del diario parisino Le Figaro el 20 de febrero de 1909

Portada del diario parisino Le Figaro el 20 de febrero de 1909

 

     Quizás ellos se creyeran algún tipo de hombres nuevos sobre la tierra, pero sólo eran, como tantos, hijos de su tiempo. Expresaron como casi nadie la atmósfera eufórica que recorría Europa y el mundo en la primera década del siglo XX, cuando se llegó a pensar, en palabras del propio Marinetti, que la Humanidad se encontraba “sobre el promontorio más elevado de los siglos” (MF) y que “el progreso triunfante de la ciencia (hacía) inevitables los cambios profundos en la humanidad” (MFP) como afirmaron un año más tarde los cinco mayores exponentes de la pintura futurista. Treinta y cinco años y dos guerras mundiales después, todas las dudas eran razonables. Y así lo expresó otro hijo de su tiempo: Samuel Beckett mientras esperaba a Godot. 

     Pero los futuristas: Giacomo Balla, Umberto Boccioni, Carlo Carrà, Luigi Russolo, Gino Severini, … curiosamente, no conocían al futuro de Beckett ni Godot, y tampoco estaban, para nada, interesados en las glorias pasadas: “Lucharemos con toda nuestra fuerza contra la fanática, insensible y cursi religión del pasado, una religión alentada por la existencia viciosa de los museos. Nos rebelamos contra la adoración ridícula de viejos lienzos, viejas estatuas y viejas baratijas, contra todo lo que está sucio y lleno de lombrices y derruido por el tiempo (…) Fuera con los arqueólogos afectados de necrofilia crónica! ¡Abajo con los críticos, esos proxenetas complacientes! ¡Abajo con los académicos hinchados de gota y los profesores borrachos e ignorantes!”. “Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo” (MFP). 

 

Marinetti alrededor de 1915

Marinetti alrededor de 1915

 

     Por contra, estaban descubriendo un mundo nuevo, bello, absoluto: “¿Por qué deberíamos cuidarnos las espaldas, si queremos derribar las misteriosas puertas de lo imposible? El Tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros vivimos ya en el absoluto, puesto que hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente” (MF). Y una Italia nueva: “A los ojos de otros países, Italia sigue siendo una tierra de muertos, una vasta Pompeya, repleta de sepulcros. Pero Italia está renaciendo. Su resurgimiento político será seguido por un resurgimiento cultural. En la tierra habitada por campesinos analfabetos, se levantarán escuelas; en la tierra donde la única profesión disponible era la de no poder hacer nada nuevo bajo el sol, ya se encuentran rugiendo millones de máquinas; en la tierra donde la estética tradicional reinaba como suprema, nuevos vuelos de inspiración artística están emergiendo y maravillando al mundo con su brillantez” (MFP). “Cantaremos a las grandes masas agitadas por el trabajo, por el placer o por la revuelta; cantaremos a las mareas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas; cantaremos a la vibración nocturna de los arsenales y los astilleros, incendiados por violentas lunas eléctricas; a las estaciones ávidas, devoradoras de serpientes que humean; a las fábricas suspendidas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; a los puentes semejantes a gimnastas gigantes que husmean el horizonte; y a las locomotoras de pecho amplio, que patalean sobre los rieles, como enormes caballos de acero embridados con tubos, y al vuelo resbaloso de los aeroplanos, cuya hélice flamea al viento como una bandera y parece aplaudir sobre una masa entusiasta. Es desde Italia que lanzamos al mundo este nuestro manifiesto de violencia arrolladora e incendiaria con el cual fundamos hoy el FUTURISMO porque queremos liberar a este país de su fétida gangrena de profesores, de arqueólogos, de cicerones y de anticuarios. Ya por demasiado tiempo Italia ha sido un mercado de chamarileros. Nosotros queremos liberarla de los innumerables museos que la cubren por completo de cementerios” (MF). 

     Perdón por estas citas largas y espesas, pero nada como conocer la opinión de los autores de primera mano. Así que el Futurismo expresó el “énfasis en desechar lo que se concebía como un arte estático e irrelevante del pasado y celebrar el cambio, la originalidad y la innovación en la cultura y en la sociedad. El manifiesto de Marinetti glorificó la nueva tecnología del automóvil y la belleza de su velocidad, poder y movimiento” (EB, s.v. Futurism). 

     Para no alargar más esta entrada, en la siguiente intentaré reflejar cómo se llevó todo esto al lienzo.

Josep Antoni Duran i Lleida

In Actualidad, Política on febrero 11, 2009 at 2:35 am

     Espero haber escrito su nombre correctamente y si no es así le pido disculpas de inmediato. Me apetece dedicarle hoy una entrada a este estadista. Me parece que ha sido él, aunque no estoy completamente seguro, quien ha citado a Otto von Bismasrck en la tribuna: “el político piensa en las siguientes elecciones; el estadista, en las próximas generaciones”. Es un tipo sospechoso este Josep Antoni. Por ser catalán, por ser de la burguesía, por ser cristiano, por ser nacionalista, por el acento de su voz, por ser antiabortista, por el nombre que tiene, … Y, sin embargo, no me ha sorprendido su magnífico discurso de hoy en el Congreso de los Diputados a cuenta de la crisis económica. Es obvio que mantengo con él muchas y serias discrepancias políticas, pero le he escuchado muchas veces análisis sinceros, planteamientos coherentes, verdades casi incuestionables y, además, buenas maneras: críticas demoledoras pero siempre constructivas. Ganas de arrimar el hombro. Creo, en cualquier caso, que hoy ha hecho un discurso genial. 

     No sé si habrá algún sitio donde pueda verse, o leerse, la intervención completa pero es un documento que merece la pena. “El gobierno está desorientado y ha perdido la noción de liderazgo, no sabe qué hacer ni a dónde vamos. El primer partido de la oposición está fuera de juego, se ha perdido en juegos internos peligrosos, alejado de aquello que la sociedad demanda. Los sectores económicos han perdido su tradicional unidad de acción, el sector financiero y la economía productiva hoy tienen prioridades distintas, diferentes y enfrentadas. El paro crece a ritmo de 200.000 personas más cada mes”. No se pueden decir muchas más cosas en tan breves frases ni hacer un diagnóstico más sincero y clarificador.

     Pero lo mejor del señor Duran no son sus análisis de las situaciones, con ser conspicuos, sino la facilidad con la que maneja difrentes tipos de medidas para acabar, o mitigar, los efectos perversos de esos análisis. Y la facilidad para conectar con las exigencias del más puro sentido común que se escuchan en sectores de la población que nada tienen que ver con el triste juego de los políticos. En este sentido, ha explicado cómo de oportuno sería, por ejemplo, que los ayuntamientos dedicasen recursos a pagar a las pequeñas y medianas empresas a las que les deben millones de euros en vez de asfaltar las calles. Estoy seguro que a muchos ciudadanos desinformados o mal informados les sorprenderá que los mayores morosos del país sean las administraciones públicas y, especialmente, los ayuntamientos. Y les sorprenderá más aún que esa situación implique la ruina de muchas pequeñas y medianas empresas con sus correspondientes puestos de trabajo. Parece una obviedad que esta situación es increible y calamitosa, pero sólo el señor Josep Antoni es capaz de ponerla sobre la mesa. 

     La parte central de su intervención se ha referido a la oferta de un pacto de estado, “no por pactar” sino, guiado por tres principios que ha denominado esenciales y transversales: la ética de la austeridad del gasto público (“no nos podemos apretar todos el cinturón menos el Gobierno” ha dicho), la mejora de la competitividad en toda medida que adopte el Gobierno, y el compromiso con la transparencia. 

     Las medidas que ha propuesto el señor Duran sí creo que deberían ayudarnos a salir de la crisis: ha hablado del ICO, de flexiseguridad, de energías renovables, … y me gustaría que hubiese algún otro estadista en el Gobierno capaz de recoger ese guante sin ser mezquino ni pensar sólo en su partido o en las próximas elecciones. Por supuesto que la inmensa mayoría de esas medidas no son sino remedios al sistema y algunos creemos que es el propio sistema el que habría que cambiar. Pero, atentos, porque creo que nunca cambiaremos el sistema si éste no funciona.