Pues a fe, señores míos ...

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Sobre la bibliografía

In Cultura on diciembre 30, 2008 at 12:33 pm

     Esta será la última entrada de 2008 y llevaba un par de días pensando sobre qué tema escribirla. Tenía claro que debía incidir en el desconcierto, fomentar la duda y complicar las cosas. Creo que para los seguidores de esta ciberbitácora ya está claro que la duda, la complejidad, la paradoja y la incertidumbre son las bases de estas letras. Me gustan todas ellas y hace mucho que pienso que es la mejor disposición anímica del cualquier ser humano, la más activa y la más beneficiosa. En Historia existe lo que se denomina, algo así como, “Teoría de la Frontera”, que viene a significar que cuando existen terrenos por conquistar, o por asegurar, o por descubrir, es cuando cualquier grupo humano saca lo mejor de sí mismo. Y esto valdría para cualquier campo y cualquier actividad. Hay quienes piensan, muchos, que el acuerdo, la seguridad y la confianza deberían ser los pilares de la existencia. Yo estoy convencido de que esto lleva a la más absoluta inacción y al estancamiento. De haber sido así la Historia de la Humanidad estaríamos todavía paseando con Lucy por Laetoli. De manera que este deseo perenne y la discusión mantenida en la última entrada escrita (… y conociera todos los misterios y toda la ciencia) me han decidido a tratar sobre la bibliografía. 

     Según el DRAE, la palabra bibliografía está compuesta del prefijo biblio- = libro y del sufijo -grafía = descripción, tratado, escritura. Ambos elementos compositivos de origen griego no por casualidad. En la acepción que me interesa para esta entrada significa la “relación o catálogo de libros o escritos referentes a una materia determinada”. Habrá para quienes esta palabra no signifique casi nada, habrá otros para los que la palabra sólo sea recuerdo de las listas, muchas veces interminables, de libros que aprecen al final de algunos, esa parte superflua que casi nadie lee. Para otros, la bibliografía es adorno de erudición, nada más que ornamento. Y aún para otros, los más estudiados quizás, será la lista de lecturas previas del autor de cuaquier texto. Todos están equivocados. En la bibliografía de una materia dada, tomada en sentido general, está la historia del hombre, su evlución y su vida actual. Y no sólo citarla, sino citarla bien, es un deber moral y científico para cualquiera que piense en hacer algo serio un poco más allá del ridículo. Como dijo Bernardo de Chartres: “somos enanos subidos a las espaldas de gigantes”, y esos gigantes son la bibliografía. 

     Por otra parte se produce entre las personas (desde luego ha sido el mío), en esta materia, un proceso evolutivo general en tres niveles: primero te crees cualquier cosa que lees, por ejemplo sobre la Edad Media. Lees un libro cualquiera, de divulgación por ejemplo, y piensas que ya conoces la Edad Media y sabes lo que pasó en ella. La segunda fase del proceso consiste en descubrir que existen diferentes visiones sobre la Edad Media, que no todo el mundo piensa que ocurrió lo mismo. Normalmente este descubrimiento es doloroso. En una tercera fase diferencias a cada autor, a la ciencia a la que pertenece, a su ideología y al momento en el que el libro fue escrito. Y solamente entonces estás preparado para avanzar.

     Así, por ejemplo, si estamos tratando de la evolución del ser humano (sobre lo que fue la discusión mantenida en la última entrada), primero leeré cualquier libro de divulgación general (o, para los efectos es lo mismo, veré un documental) y pensaré que ya sé cómo fue aquello. Después, por ejemplo leyendo esta última entrada, me percataré de que existen diferentes puntos de vista y me podrá el desconsuelo. Pero la verdadera clave de la bóveda está en ser capaz de analizar los diferentes puntos de vista (la bibliografía) a la luz de sus autores, sus ideologías y sus épocas. De manera que si, sobre el tema, citamos a un psicólogo ¿dónde creen ustedes que pondrá el acento?. Psicólogo = cabeza = cerebro. ¿En el cerebro?, ¿en el desarrollo del cerebro como razón fundamental de la evolución?. Premio. ¿Y sí citamos a un marxista?. Marxista = materialismo histórico = medios de producción = caza. ¿En la importancia de la caza para el desarrollo humano?. Premio. ¿Y si citamos a alguien que escribió en la década de los años 30 del siglo XX, cuando los restos de referencia eran los del llamado “hombre de Dawson”?. Busquen ustedes quién era el “hombre de Dawson” y tendrán avanzada una parte significativa de su explicación. Etcétera. 

     Vaya, vaya, de manera que la Historia no es la Historia sino que depende del que la escriba. De la bibliografía. Gracias a todos los que pasean por aquí, felicidades para 2009 y para siempre. Estén alerta.

… Y conociera todos los misterios y toda la ciencia

In Cultura, Filosofía (barata) on diciembre 26, 2008 at 10:45 am

     En noviembre de 1989 compré un libro como lectura para la asignatura de Arqueología, cuando estudiaba Geografía e Historia en la Universidad de Valencia. Su título: Homo sapiens. De animal a semidios (por cierto que la palabra semidios aparece acentuada = semidiós, en un error increíble). Su autor: Bernhard Rensch, profesor de Zoología en la Universidad de Münster. Se trata de un polémico estudio sobre el origen del hombre como tal, su evolución física y psicológica y, lo más aventurado del trabajo, las posibles líneas evolutivas futuras. Digamos que, mientras habla del pasado, Rensch es solvente, pero cuando habla del futuro se convierte en peligroso. En cualquier caso, el título de este libro siempre me ha maravillado, me parece que encierra en sí mismo todo un tratado de filosofía. 

     En estos días en que los cristianos (más por afiliación genética a estas alturas que por voluntad), hacemos gala de creencias mistéricas y profusión de fe, no es baladí recordar que “en el paso decisivo desde lo animal a lo humano, en la transición a las formas que podemos designar ya como primeros prehumanos, como los australopitécidos, fue evidentemente decisivo el paso a la marcha bípeda y con ello la liberación de la mano. La marcha erguida permitió también un mejor apoyo a la cabeza sobre la columna vertebral y con ello una ampliación del espacio destinado al cerebro” (RENSCH, 60).  

     Para el profesor Rensch no hay ningún milagro en esto, ni considera la posibilidad de intervención extraña, al contrario se produjo un proceso natural de evolución y selección natural que explica con cierto detalle. “La pelvis, que contiene los intestinos, adquirió más forma de pala, la caja torácica se hizo más plana. Los omoplatos se desplazaron más hacia atrás que en los monos, lo cual posibilitó una mayor movilidad de los brazos. El pie se configuró de una forma más adecuada para la marcha erguida y las piernas se hicieron más rectas y adquirieron músculos más fuertes. Pero a consecuencia de las modificaciones estructurales ventajosas para la marcha se redujo también la extensión del canal del parto en la pelvis, lo cual fue compensado por el hecho de nacer los hijos aún inmaduros, en cierto modo en un estado embrionario tardío; estos seres completamente desvalidos podían ser sostenidos con las manos, que ahora habían quedado libres. Por otro lado, la cabeza estaba ahora mejor sostenida, gracias a la posición más vertical de la columna vertebral; la consecuencia es que el cerebro, y sobre todo las importantes áreas asociativas de los lóbulos frontal y temporal, pudieron aumentar de tamaño, facilitando así también la formación del área motora del lenguaje” (RENSCH, 72-73). Todo ello, en una expresión de Marvin Harris que me encanta, se debió a razones mundanas. 

     Con el paso del tiempo, este bicho inicialmente indefenso y poco especializado continuó evolucionando y siendo favorecido por la selección natural. Así que después inventó a Dios. Empezó a creerse tan especial como para merecer un origen divino y no mundano. Un poco más tarde, en un trazado evidente, lo mató porque el verdadero Dios no debería ser sino él mismo: el homo sapiens. Rensch sólo habla de semidios, nosotros, aún sin atrevernos a verbalizarlo expresamente, nos creemos verdaderos dioses. Pero afortunadamente estamos equivocados. No somos más que burdos jugadores de dados que ni tan siquiera conocemos las reglas de la partida. Afortunadamente, insisto y espero, la acabaremos perdiendo y volveremos a ser lo que nunca debimos dejar de ser: una modesta línea evolutiva de las miles que existen, todas con éxito idéntico.

Nueva cabecera: Jackson Pollock

In Arte, El blog on diciembre 23, 2008 at 7:03 pm

     No me había despedido a lo Aureliano. Hace tiempo que no me gustan mucho las despedidas, y menos las formales, pero no por aquello del dolor de la separación, del alejamiento, etc. sino porque después de un emotivo y gran discurso resulta que vuelves a los 3 días, o a los 3 meses, y quedas un poco desamparado. Sin embargo hace algo más de dos semanas que no tengo muchas ganas de escribir en el blog. Y no será por temas pendientes. Así que esta tarde había decidido actualizar la ciberbitácora de alguna manera que me costase poco trabajo. Y he decidido, a continuación, cambiar la imagen de cabecera. 

     La elegida ha sido una pintura de Jackson Pollock, en concreto: Blue Poles, Number 11 de 1952. Aclaro que lo que se ve en la página es sólo un fragmento. El original mide más de 2 metros de alto por casi 5 de ancho. Se encuentra en la National Gallery of Australia (Canberra) y puede verse, junto con una explicación amplia, en esta página oficial: nga.gov.au

     No añadiré nada más, salvo que me encuentro en una situación similar a la que muestra la pintura ¿?.

Göbekli Tepe (2)

In Arqueología on diciembre 6, 2008 at 12:37 pm

El templo descubierto en Göbekli Tepe es el más antiguo que se conoce hasta el momento. Está fechado en torno al 9000 a. de C. en el ámbito de una sociedad paleolítica. Estos tres simples datos (templo, 9000 a. de C. y paleolítico) lo convierten ya en un descubrimiento excepcional y único. Si, desde el punto de vista estético al menos, quiere hacerse una comparación con unos restos parecidos: los de Stonehenge, hay que decir de inmediato que los de Turquía son casi 7000 años más antiguos.

Es tan abrumador este descubrimiento, junto a otros que se están llevando a cabo, que los arqueólogos no tienen más remedio que complicar las explicaciones. No sirven las fáciles y nítidas divisiones escolares. Han inventado, para ello, un período que denominan Neolítico acerámico o pre-cerámico en una zona que incluiría la mitad norte de Israel, Líbano, Siria, el norte de Iraq y el sudeste de Turquía. A este período, en esta zona, lo llaman con sus siglas en inglés PPN (Pre-Pottery Neolithic = Neolítico pre-cerámico), señalando además diferencias regionales con los nombres de fase A, fase B, … (con lo que, por ejemplo, tendríamos PPNA = Neolítico pre-cerámico de la fase A, etc. Apunto aquí que la clasificación es todavía un poco más complicada de lo que expongo y esto da una idea de lo poco que valen, sobre el terreno, las grandes generalizaciones y que comenzó a utilizarla la aqueóloga Kathleen Kenyon a partir de sus trabajos en la ciudad de Jericó, hacia mediados de los años 50 del siglo XX). Este Neolítico pre-cerámico cuya datación absoluta se sitúa, aproximadamente, entre los años 10500 – 7500 B.P. (Before Present = antes del presente, tomando presente como el año 1950. Es decir una fecha B.P. es c. 2000 años más antigua que una fecha a. de C., así que el 9000 a. de C. se corresponde con el c. 11000 B.P.) marcaría los comienzos de la vida urbana, aunque sin rastros iniciales de domesticación de plantas o animales, y por supuesto sin cerámica, lo que hace suponer que estos primeros asentamientos eran ocupados estacionalmente.

Las condiciones climáticas tendieron, en general, a un aumento de la temperatura y una mayor humedad, lo que propiciaría un clima, una vegetación y una fauna bastante diferente de la que conocemos en la actualidad en esas regiones. Los asentamiento pudieron llegar a tener varios cientos de casas semisubterráneas, a menudo circulares, de entre 15 y 20 metros cuadrados de superficie. La organización sociopolítica era elemental y basada en relaciones tribales de familias nucleares y grupos de descendencia, no conociéndose, de momento, diferencias sociales o élites reconocibles y ni siquiera edificios comunes de almacenaje o distribución, lo que concuerda con que hasta mediados del período no se tengan datos de la primera domesticación de cereales. Así que, si bien, hacia el final del período la agricultura y la cría de animales había arraigado en el PPNB de nuestra zona, durante la mayor parte de él los pobladores siguieron dependiendo de la caza y la recolección, e incluso en su última fase seguiría siendo un recurso esencial (para toda la entrada EoP8, 1-11).

Ya tenemos un breve bosquejo, en blanco y negro, acerca de estos hombres. En la siguiente entrada sobre el tema nos asombraremos con su templo.

Entradas sobre el tema:

Göbekli Tepe (1)

Göbekli Tepe (2)

Göbekli Tepe (3)

Notas al final (nota 6)

In Relatos on diciembre 4, 2008 at 10:10 am

     6. Si bien mi personal ontología rehuye la generalización, llamaré con esta expresión limitadora a un tiempo tan complejo. Entiéndase, sin embargo, que se hace sólo por facilidad y porque las ideas de Marx, y la práctica de sus segundones, devinieron esenciales para la Historia. Aunque, paradójicamente y sin minimizar su importancia sincrónica, las verdaderas repercusiones de esas ideas se hicieron notar cuando habían desaparecido.

     En esencia lo que Marx planteó fue una Filosofía de la Historia, partiendo de Hegel. En su teleología descubrió que la razón que impulsa el progreso de la Humanidad desde sus orígenes es el control de los medios de producción. A esto se le llamó materialismo histórico. El final de ese progreso, secuencial y acumulativo, llegaría cuando los medios de producción perteneciesen a la clase obrera. Quizás no hubo más que otra idea en la Historia del ser humano capaz de movilizar a más gente y ponerla en disposición de hacer cualquier cosa: la idea de la existencia de Dios. Durante un siglo más o menos el materialismo histórico, el marxismo, conquistó el poder en grandes Estados: Rusia, China, …; puso en jaque a su fuerza opositora: el capitalismo, en todos los rincones del planeta; movilizó a millones de personas en el mundo, luchando por sus ideales; cambió la visión de la sociedad y del hombre. Pero para el ámbito que estudiamos se había convertido en un magnífico fraude. 

     Y todos los hombres se sintieron huérfanos. 

     Paradójicamente, esta orfandad, tras un breve tiempo de desahucio, dio paso a lo que he llamado “fase postmarxista”. Cuando las ideas centrales de Marx, desprovistas de todo el moho y el orín que habían acumulado, se convirtieron en el fiel que hizo bascular la balanza. Una balanza que se movió, al parecer, hacia donde nadie había previsto. Y no era la primera vez que esto sucedía.