Pues a fe, señores míos ...

Crash

In Actualidad, Cine on octubre 27, 2008 at 1:00 am

     El término anglosajón que está más de moda en el mundo es una palabra que según el Oxford English Dictionary tiene la acepción general de “mover con fuerza, velocidad y fuerte ruido repentino” y el más específico de “colisión” o “caída”. Y para el vademécum de la Fundéu “una caída importante de la bolsa o de un negocio” (que, de paso, avisa del uso incorrecto de la palabra crack en este sentido). También es el término que da título al filme que ganó el Oscar a la mejor película de 2005. Una de mis películas preferidas, por cierto. Aquel año había visto cuatro de las cinco nominadas a este premio de la Academia de Cine Norteamericana: Brokeback Mountain, Good Night, and Good Luck, Munich y Crash (la otra nominada que no vi fue Capote). Era la menos favorita de las cinco y todos hablaban, sobre todo, de Brokeback Mountain y Good Night, and Good Luck, pero para mí Crash era la mejor con bastante diferencia. Y, casual e inopinadamente, coincidí con la elección de los votantes de la Academia. 

     – Es la sensación de contacto. 

     – ¿Qué?. 

     Así comienzan los diálogos de la película. Al final un tratado sobre las dudas, las apariencias, lo que sabes y lo que crees conocer. Si tuviese que elegir una frase para definirla me quedaría con la del mismo personaje (un policía negro) que dice la primera que he citado: “es más complicado de lo que parecía al principio”. En efecto, es bastante más complicado. La película entera está llena de paradojas, de diálogos magníficos, de excelentes interpretaciones, de escenas inolvidables, de trampas, … A mí, personalmente, me parece una obra de arte maestra. 

     Pero vamos a quedarnos con la frase que le da inicio. Ayer domingo, Joaquín Estefanía publicaba un amplio artículo en El País con el título El mundo después del ‘crash’. Yo no tengo ningún medio, ni los conocimientos, ni la capacidad, ni la osadía, para aventurar cómo será ese mundo. Pero si, de alguna manera, no creamos “sensación de contacto” sí me aventuro a adivinar que no será mejor que éste. 

     Como se dice en la película, nos hemos acostumbrado a vivir detrás de metales y cristales. No sé cómo hemos llegado hasta aquí, pero ya no tenemos contacto. Y como no nos tocamos no nos amamos. Y como no nos amamos aprendemos diariamente a odiarnos sólo porque necesitamos sentir algo. 

     Lo que quiero decir es que estamos obligados a colocar al hombre en el centro de todas las cosas, de todos los desvelos y de toda la filosofía, también la económica. Al hombre y a sus circunstancias, es decir, al hombre y a su ecosistema (ahora que escribo esto me doy cuenta de que sería como volver a la Atenas del siglo V, pero con dos mil quinientos años de aprendizaje, si ello fuese posible). Una de las primeras entradas que escribí en esta ciberbitácora fue sobre la huelga de camioneros. Allí expresé con vehemencia que nos hemos convertido en unos miserables individualistas: hemos cambiado los conceptos de “hombre” y “nosotros” por los de “individuo” y “yo”. Debemos recuperar los primeros. 

     Ni capitalismo gris, ni autorregulación, ni neoliberalismo, ni mercado, ni leches. “Hombres” y “contacto” son los conceptos claves para que el mundo después del crash sea razonablemente mejor.

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