Pues a fe, señores míos ...

Rashomon

In Cine, Filosofía (barata) on julio 23, 2008 at 12:19 pm

     En 1950 Akira Kurosawa filmó una película que lleva el título de esta entrada. Yo llegué a ella a través de lo que, en las ciencias sociales, se conoce como el “Efecto Rashomon”. El hecho de que una teoría social recibiera el nombre de una película me hizo buscarla y comprarla (manda huevos) en versión original subtitulada en inglés. 

     El film de Kurosawa es tremendo. Realizado poco después de acabada la II Guerra Mundial nos presenta, en blanco y negro y con una apabullante economía de medios, un espacio y unos personajes desquiciados, rayando la locura (magnífica y terrible la escena de la médium), sardónicos. Una impresión ayudada por las decenas de tomas diferentes desde todos los puntos de vista imaginables. Nos introduce en un mundo donde cualquier cosa parece posible y, no sólo posible sino, cierta. Un mundo en ruinas, como el propio Kondo Rashomon (literalmente Kondo significa “sala dorada” y, en origen, se trataba de una sala de entrada que junto a otros edificios aislados conformaban un lugar sagrado. Kurosawa levantó el que utiliza como decorado en esta película). Pues en este templo, donde uno de los personajes dice que “la gente es sólo gente. Por eso mienten. No pueden admitir la verdad ni siquiera a sí mismos”, el director japonés monta una historia a partir de un único hecho contrastable: un noble y su esposa son asaltados por un bandido en un bosque, la esposa es violada y el noble aparece muerto. El bandido, el noble (gracias a la médium), la esposa y un leñador que pasaba por allí nos cuentan cuatro versiones diferentes del suceso. En palabras de éste último: “Todos los hombres son egoístas y deshonestos. Todos tienen excusas … el bandido … el marido … la esposa …” (y, por supuesto, él, tendríamos que añadir nosotros). 

     A partir de estos mimbres, antropólogos anglosajones definieron el “Efecto Rashomon”: “como los sucesos son recontados desde cuatro puntos de vista diferentes, el espectador se pregunta cuál de los cuatro testigos dice la verdad y, más aún, si existe una única “verdad”. La película deja claro que existen diferentes verdades para cada personaje, ya que no mienten simplemente para protegerse a sí mismos (de hecho cada explicación implica al que la cuenta), sino que se han autoengañado para creer la versión que cuentan. Estas mismas preguntas sobre la verdad pueden ser hechas acerca de controvertidas cuestiones de la investigación social. Cuando múltiples fuentes relatan diferentes, y a veces en conflicto, sucesos de un mismo episodio, ¿cómo podemos decidir que es “correcto”? ¿Es posible que todas ellas tengan razón?” (ROTH-MEHTA, 131). 

     La película de Kurosawa está llena de escenas impresionantes y de imágenes que deberían aparecer en los mejores fotogramas de la historia del cine (algunas del Kondo Rashomon). Pero la realidad es diferente, claro. Desde 1950 hasta hoy, por citar dos cosas estúpidas que se me ocurren sobre la marcha, apareció El antropólogo inocente de Barley (sobre el que escribiré algún día), y vivimos en la posmodernidad. Así que si es posible que alguien me ayude, ¿dónde está la verdad?.

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  1. La verdad esta fuera, y ahora aki suena la musica de Expediente X

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