Pues a fe, señores míos ...

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Perdóneme la descortesía … *

In Relatos on julio 31, 2008 at 1:18 am

     Cuenta un testigo directo que, en el transcurso de una cena, Borges se puso a corregir un libro de Azorín. Cambiaba adjetivos con sustantivos, suprimió palabras y párrafos para escribir otros, invertía el orden de las frases, le puso notas al margen del estilo “mal gusto” o “repetido”, … 

     Yo no soy un creador. Nunca lo he sido. Mi única posibilidad de escribir algo decente era intentar copiar a los grandes maestros a los que leía. Absurda pretensión de dislocado. 

     Pero leía a Borges e intentaba escribir como Borges. 

No se detenga el lector en algo más que una liviana ojeada a este prólogo. Y aun así, que sea tan fugaz como la frase famosa de Heráclito que le presta alma: “No podemos bañarnos dos veces en el mismo río”. Se reimprimen estas páginas sin relectura ya que sería traición pasar de nuevo su viejo hierro por el fuego. Ni tiene ya el herrero yunque, ni martillo, después de escuchar a Pedro el Ermitaño y, mil años después, saber que nada ha sucedido. 

Ningún valor tendrán perdidas en la Biblioteca Universal donde, eso sí, ocuparán un lugar cabalístico y exótico, junto a los miles de originales que he plagiado. Pero si encuentran lector alguna vez, como aquella piedra rúnica que esperaba ser hallada para predecir el futuro según nos cuenta, de segunda mano, uno de los personajes de Chaucer. Si encuentran lector, digo, espero que pueda divisar, entre las minucias, la vida y la muerte de un hombre. Seré yo. Será el lector. Seremos todos. 

 

     Leía a Kawabata e intentaba escribir como Kawabata. 

Endo lo observó a primera hora de la mañana, según bajaba los escalones del porche. Había flores de magnolia en el suelo pero el otoño estaba lejos. Una leve brisa le acarició el rostro y el suave sonido de las hojas al moverse le recordó el día que fue feliz.

Cuando iba a despedir a Siroko ella se le adelantó, susurrándole que quería estar allí. Quedarse un poco más de tiempo con él. La habitación de dos tatamis no tenía ningún tipo de decoración, salvo la ventana que daba al jardín. Tumbados en el suelo sólo se veía la copa de una magnolia que debía medir unos quince metros de alto. El color verde de sus grandes hojas manchado por el toque rojo del envés le hizo palpitar el corazón intensamente. No supo que decir y permanecieron juntos, casi abrazados, durante un tiempo que no controló y que nunca fue capaz de repetir. En todo ese tiempo la única que dijo algo fue Siroko: 

– ¿Sabes que hay magnolias desde hace 95 millones de años y que aparecieron antes que las abejas, por lo que debieron ser polinizadas por escarabajos?. 

Su esposa y él nunca habían hablado de las magnolias, pero no supo por qué aquella mañana recordó a Siroko, así que cogió el autobús. Apretujado como en un ataúd creyó intuir que las hojas blancas de flor de magnolia que vió en el suelo tenían la forma de una stupa**. 

 

     O mejor aún. Leía La Biblia y quería escribir como los ángeles. 

Después los hombres siguieron multiplicándose sobre la tierra. Y ya no creían en la existencia de Dios.

Dijo entonces el Señor:

– Mi aliento no permanecerá por siempre en el hombre***.

Pero arrasaron con las maderas de las que fue construido el Templo de Salomón. Y arrasaron con los metales del Arca de la Alianza. Y en su soberbia olvidaron que todo es vanidad. Las tribus lucharon en guerras que no fueron eternas porque Dios no quiso. La tribu de Israel aniquiló a la tribu de Ismael. La tribu de Occidente luchó contra la de Oriente. Los filisteos atacaron en su propio país a las tribus de las montañas. 

Y Dios decidió que debía acabar con este mundo. 

 

     Y así, parafraseando a Marx (Groucho), desde la nada he logrado alcanzar las más altas cotas … de la miseria. 

 

* El texto pertenece a esta frase completa: “Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente” (Borges, 1923).

** Algún tipo de monumento sepulcral entre los budistas. 

*** Génesis 6, 3.

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Las guerras por el hombre

In Política on julio 29, 2008 at 8:23 am

“Otro brigadista, Jim Higgins, se encontró con uno de sus contactos españoles de una forma inimaginable. En 1938 se hallaba en Corbera d’Ebre, cuando el pueblo fue bombardeado por un avión nacionalista. Las bombas destruyeron el depósito de agua y una riada arrasó las calles. Higgins vio a un niño herido que era arrastrado por el agua. Logró rescatarlo, malherido, y lo llevó a un puesto de primeros auxilios. Para tranquilizarle le repitió las únicas palabras que sabía de español: “Soy canadiense, me llamo Jim”. Cuarenta años más tarde, un inmigrante español contactó con él en Canadá. Se llamaba Manuel Álvarez. Era el niño al que salvó la vida. Llevaba 40 años intentando localizarle” 

EL PAÍS (edición digital)  27/07/2008 

     La noticia versaba acerca de un libro publicado en Canadá sobre los brigadistas de esa nacionalidad que participaron en la Guerra Civil de España. Y el final de la noticia era esta anécdota. Reconozco que me estremece hablar de una guerra en estos términos, porque la máxima negación de la razón humana, que es la guerra, no debería nunca presentarse con emocionantes tintes románticos que pudieran parecer atractivos. Pero como la razón humana, desde Lucy, lleva incuestionablemente aparejada su sombra: la sinrazón humana, todos sabemos que las guerras existen. Y en las guerras se dan acontecimientos como el relatado. 

     O quizás todas las guerras del mundo no han sido más que una sucesión interminable de acontecimientos como el relatado. Nos cansamos de estudiar guerras en las correspondientes asignaturas de Historia y cada una tiene sus explicaciones. Pero los hombres que se encontraron aquel verano junto a la ciudad de Qadesh (cada uno de ellos, individualmente), ¿por qué lucharon?. ¿Por qué luchan hoy los infantes de marina estadounidenses en las calles de Bagdad?. No por qué lucharon/luchan los ejércitos enfrentados allí y aquí. Por qué lucharon/luchan, allí y aquí, los Jim Higgins de turno. No cuando fueron a alistarse o fueron alistados, no el día antes o el día después de la batalla, sino en aquel/este momento en el que ya no se puede pensar. 

     Quizás en ese momento único y terrible sólo luchas por ti … y por el hombre que tienes a tu lado al que, a lo peor, ni siquiera conoces. Así, las guerras quedarían reducidas a miles de Higgins y de Álvarez repitiendo su peripecia en todos los tiempos y todos los espacios. Y así quizás, sólo quizás, seamos capaces de convertir la mayor depravación de nuestra especie en la mayor epifanía de los seres humanos. Porque, como cita Sabato, “lo humano del hombre es desvivirse por el otro hombre” (SABresist, 59). 

     Mientras escribo esto me viene a la memoria la famosa película Salvar al soldado Ryan. Y comprendo que ya Spielberg escribió esta entrada hace diez años.

MM última parte del prólogo

In Relatos on julio 28, 2008 at 12:12 am

     Los seres humanos que no me interesan me motivan serias reflexiones. Un resumen extenso de ellas podría ser como sigue: es una clasificación que existe, y también daría una lista amplia.

Tal vez sea bastante peor de lo peor que imaginas

In Actualidad, Política on julio 26, 2008 at 11:20 pm

     El 24 de julio de 2008 el Tribunal Federal Número 1 de Córdoba condena a este ex general argentino a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad. 

     Pero siento que no es suficiente. Este infame insignificante, en un espacio infame e insignificante, y en un lugar infame e insignificante, no paga con la cadena perpetua ni siquiera un solo minuto de tortura. Un eterno minuto de tortura sólo puede pagarlo en el infierno. Así que deseo hoy con todas mis fuerzas estar equivocado. Que exista el infierno y que esta deshonra de todo sufra cada segundo de tortura, como la que infligió a cada uno de los seres humanos a los que destripaba, infinitamente más allá de la eternidad. 

     Este ex (si es que alguna vez fue algo) cometió el único crimen que me parece que debe ser castigado con la muerte: la tortura. Pero como soy un convencido contra la pena de muerte estoy dispuesto a commutársela por la cadena perpetua y el infierno. Ni un milímetro menos. Ni un segundo menos. 

     Aún así, por si hay alguna cosa que pueda causarle dolor mientras espera en la carcel su verdadera condena, quiero recordarle que no acabó con nada y que no salvó a nadie. Que no consiguió ninguna confesión. Y que si la consiguió no sirvió para nada. Que no cumplió ningún deber porque este verbo sólo es aplicable a los hombres. 

     No voy a nombrarle porque su nombre puede hacer que los árboles se conviertan en cenizas. Y tampoco voy a citar en esta entrada a ninguna persona, lo que significaría comparar dos opiniones. Pero este torturador no era un monstruo, no transijo con nadie en este tema. Es, simplemente, una cosa.

Patética juventud de Gerena

In Actualidad, Local (Gerena) on julio 25, 2008 at 9:15 am

     El Censo de Población y Viviendas de Gerena de 2001, facilitado por el Instituto de Estadística de Andalucía a través de su página web (IEA), muestra que la población del grupo de edad entre 15 y 39 años (lo que podríamos denominar “jóvenes”) es de 2.230 personas, un 40% de la población total. 

     Ayer jueves día 24 de julio había concertada una reunión en el Centro Cívico Municipal a las 21 horas. El objetivo: constituir, reconstituir, o como quiera decirse, un Consejo de la Juventud de Gerena. Si creemos al Concejal del ramo, Álvaro Arias, y, por supuesto, hay que creerle, “Vuestra opinión cuenta. Entre todos vamos a decidir qué puede hacer el Ayuntamiento por la juventud de Gerena en materia de cultura, formación, deporte, ocio…” (tomado de la entrada de su blog dedicada a dicha reunión), el asunto parecía muy interesante a primera vista. Además se había invitado por escrito, e incluso oralmente, a todas las asociaciones del pueblo (relacionadas expresamente con esa franja de edad) y a bastantes personas individualmente. 

     La cuestión es que la reunión comenzó alrededor de una media hora tarde y con la asistencia de 15 personas. De las 15, 2 estabamos claramente por encima del tramo de edad señalado (y, por tanto no las cuento), 4 eran del Ayuntamiento o la Mancomunidad y su asistencia era “obligada” (y, por tanto, tampoco las cuento). 9 jóvenes, pues, en total, acudieron a la llamada. El 0,4% del censo. Ahora podemos decir que la información no llegó ni a tiempo, ni lo suficientemente bien a los afectados (y, seguramente, el Ayuntamiento deberá hacer un esfuerzo importante en ese sentido); que el día y la hora quizás no fueran los adecuados (es posible que haya que evaluar alternativas); … y me paro porque valen aquí cualesquiera otras decenas de excusas (seguro que todos los que yo conozco personalmente de esta franja de edad tienen una buena, como todos tienen un culo). Podemos echarle la culpa al Ayuntamiento, al sistema educativo, a los padres, a la sociedad, al mercado, a la guerra de Irak, a las rotondas, … Pero no deja de ser patético, absolutamente patético y desolador, que sólo el 0,4% de una sociedad esté interesada en dejar escuchar su voz. Eso sí, en los bares, en la “barda” o en el botellón, se escucharán de continuo jóvenes quejándose de que esto es una mierda, de que aquí no hay nada, de que el Ayuntamiento … como dijo Sartre: “el infierno son los demás”, porque yo nunca tengo la culpa de nada. 

     Habrá que insistir. Debe intentarse por todos los medios que esta juventud se sacuda el pesado polvo de la indiferencia que, ellos todavía no lo saben pero, acabará matándolos. Habrá que redoblar los esfuerzos, ser inteligentes y buscar caminos alternativos, nuevos y, casi, revolucionarios, para alcanzar el objetivo que, de entrada, no puede ser otro que conseguir que esta gente participe. Y, si es posible, que no lo haga sólo a cambio de dinero. Habrá que hacer lo imposible y un poquito más. Pero de momento, un gigantesco suspenso a toda esta gente que, quizás, sólo merezcan desprecio.