Shylock

2009 Junio 23
by jmmlimia

     En el mes de diciembre pasado siete veteranos abogados se reunieron en Nueva York para revisar el caso contra Shylock. No es una broma. La BBC publicó la noticia en su página web el 5 de enero y la recogió El País cuatro días más tarde.

     Mas lo que me interesa no es la curiosa noticia, sino la excusa para hablar de Shylock. Perdón. No le he presentado porque supongo que es conocido de todos. Pero en cualquier caso, … Shylock es un judío prestamista (la primacía del adejtivo no es casual) en la obra de teatro El Mercader de Venecia de William Shakespeare. Si hay alguien que no la haya leído se la recomiendo fervientemente. Shylock es un personaje universal y eterno, tanto como otros que dieron título a los dramas de Shakespeare: Hamlet, Macbeth, Lear, Otelo, salvo que el judío no le dio nombre a la obra. En los tres siglos, aproximadamente, que conocemos como Edad Moderna hay muchos escritores y muchos textos de conveniente lectura, éste, para mi, es uno de los ineludibles.

     La trama de El Mercader de Venecia es muy simple: un mozo quiere conquistar a una bella dama para lo que necesita bastante dinero, un amigo suyo le sirve como fiador para que pueda pedirlo prestado y cuando llega la hora de pagar al prestamista ni demandante ni fiador tienen el dinero para hacerlo. Evidentemente, el prestamista exige el pago. En esta trama principal se insertan dos secundarias de un amorío cortés y otro seudo-imposible. Tan simple que podría parecer pueril. Pero este argumento de dos líneas, insulso, en manos de un genio se convierte en una delicia. Y lo hace porque Shakespeare pone todo el énfasis en el supuesto usurero. La primera frase de Shylock es:

 

- ¿Tres mil ducados?… Bien.

 

     Para la crítica simple y los libros escolares Shylock es el modelo de avaro universal, por encima del Harpagón de Moliere o del Grandet de Balzac. Los tres forman la oligarquía de la mezquindad literaria. Sin embargo existe un abismo entre ellos. Harpagón no es sino una caricatura liviana que no merece ser comparada con Shylock (sería como comparar un botijo con un kantharos).

 

Kantharos de figuras negras, c. 560 a. de C. Museo del Louvre. París.

Kantharos de figuras negras, c. 560 a. de C. Museo del Louvre. París.

 

     Grandet, sin embargo, es un soberbio personaje. Magistral en la pluma de Balzac. Pero su presencia aplastante es prácticamente muda: “cuatro frases exactas como fórmulas algebraicas, le servían habitualmente para abarcar y resolver todas las dificultades de la vida y del comercio: “No sé, no puedo, no quiero, ya veremos”" (BALZgrand, 22). Y su caracterización más perfecta quizás sea su muerte: “Cuando el sacerdote le acercó a los labios el crucifijo de plata sobredorada para que besase la imagen de Cristo, Grandet hizo un tremendo gesto para cogerlo y aquel último esfuerzo le costó la vida” (BALZgrand, 214).

     Shylock, por contra, es la palabra. El argumento. Como corresponde a una obra teatral el judío se define por sus diálogos, y éstos nos muestran a un enorme polemista lleno de virtudes y defectos. Es decir, a un completo ser humano inteligente y capaz. Que Shylock es un usurero no admite dudas, pero que su interés no lo guía la crematística sino el odio y la ira tampoco parece discutible. Así pues, es un usurero extraño al menos. Shakespeare lo dibuja como un poderosísimo razonador analógico en busca siempre de lo que une, que, ya sea maravilloso o perverso, siempre es humano. El método de razonamiento de Shylock se ha denominado de diferentes maneras a lo largo de la historia: inducción oratoria, inducción retórica, inducción socrática, argumentación analógica, argumento a pari … (quizás no sea extraño que el primero en sistematizarlo fuese Francis Bacon, inglés contemporáneo de Shakespeare), pero está en la raíz de toda la cultura clásica, desde Sócrates, la Biblia o Quintiliano.

     Puede que Shylock sea un ser despreciable (o no), pero es seguro que su método argumentativo demuestra que Antonio, Bassanio (y el resto de cristianos) lo son en igual medida cuanto menos. Puede que su proceder político sea cruel, pero no menos que el del propio estado veneciano. Enfrentado así contra todos, Shylock demuestra sin ambages su absoluta igualdad moral y su superioridad intelectual, de manera que sólo una serie de trampas “judiciales” burdas, caricaturescas e indefendibles es capaz de condenarle sin sentido. Esto es lo que, cuatrocientos años después, analizaron en Nueva York los siete veteranos abogados.

 

Shylock

 

     Aunque millones de veces repetido, no me resisto, para finalizar, a transcribir el más famoso de sus monólogos, una emocionante catilinaria contra el racismo y contra el miedo al otro que pronuncia Shylock y que no tiene refutación posible:

 

Ha arrojado el desprecio sobre mí, me ha impedido ganar medio millón; se ha reído de mis pérdidas, se ha burlado de mis ganancias, ha menospreciado mi nación, ha dificultado mis negocios, enfriado a mis amigos, exacerbado a mis enemigos; ¿y qué razón tiene para hacer todo esto? Soy un judío. ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no está nutrido de los mismos alimentos, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos? Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso. Si un judío insulta a un cristiano, ¿cuál será la humildad de éste? La venganza. Si un cristiano ultraja a un judío, ¿qué nombre deberá llevar la paciencia del judío, si quiere seguir el ejemplo del cristiano? Pues venganza. La villanía que me enseñáis la pondré en práctica, y malo será que yo no sobrepase la instrucción que me habéis dado (SHAKEStp, act. III, esc. I, 398-399)

 

     Shylock recurre aquí, como siempre, a un argumento a pari (fundado en razones de semejanza y de igualdad) irrevocable: si un cristiano es un hombre, y si un judío es un hombre, ¿no actuaremos ambos como hombres? ¿Como miserables hombres?.

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  1. 2009 Junio 23

    Muy bien Limia, chapeau

    Recuerdo que al judío lo ultrajaron bastante,incluso el mismo Antonio le había escupido en la cara antes de pedirle el préstamo ¿como no comprender la perfidia de Shylock cuando, al no negarse a darle el préstamo, le pone como condición que si el día fijado no puede pagarle en dinero le cobrará con una libra de carne de su propio cuerpo.
    Desgraciadamente las personas hemos evolucionado muy poco desde 1594 (fecha en la que se escribió la obra) hasta nuestros días. A la fecha los seres humanos seguimos siendo esclavos de aquellas viejas pasiones entre las que se encuentra la ira y la venganza y , efectivamente, no se necesita ser judío o cristiano, musulman o budista para experimentarlas.
    Es verdad, los hombres somos bastante miserables cuando nos dejamos arrastrar por muestras atávicas pasiones, pero creo que el hombre adquiere la dimensión de Hombre, de auténtico Hombre, cuando llega a dominar los malos sentimientos como la ira y la venganza.

    Gracias por traer este interesante tema a tu blog.

    Saludos, G.ema

  2. 2009 Junio 29

    Muy buen post y excelente libro!!
    Este sin duda es un lugar para aprender en la blogosfera!!
    Gracias Limia, por divulgar cultura a raudales desde tu blog, y desde luego te felicito por tu forma de escribir, a mi parecer muy buena!!
    Animo!!
    Un saludo…

  3. 2009 Junio 29

    Gracias Kini.

    Hay más lugares para aprender en la blogosfera gerenense. Hay uno, sin ir más lejos, que establece con asombrosa facilidad una relación que parece complicada: la que existe entre la palabra y la acción. Es una bitácora verde y creo que su autor eres tú.

    Saludos.

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